Impacto psicológico crisis migratoria en EE.UU. Una mirada desde la psicología social
El pasado 20 de enero, Donald Trump inició su segundo mandato presidencial, y con ello varios cambios en políticas migratorias. En tan solo su primera semana, el nuevo presidente de EE. UU. firmó 10 decretos sobre inmigración, que incluyen medidas para dificultar la entrada irregular de inmigrantes, llevar a cabo deportaciones masivas, reforzar controles fronterizos y eliminar el uso de la aplicación móvil CBP One, la cual estaba diseñada para facilitar trámites migratorios, como por ejemplo, solicitud de asilo, cruces fronterizos programados y gestiones para transportistas y viajeros (Voz de América, 2025). Esta aplicación ha sido sustituida por una nueva herramienta del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), denominada CBP Home. A diferencia de su predecesora, CBP Home no permite la migración legal ni la programación de cruces; en su lugar, incorpora una función de “autodeportación” que posibilita a los inmigrantes abandonar voluntariamente el país (Álvarez & Díaz Franganillo, 2025).

Los acontecimientos sociopolíticos no solo generan un impacto estructural, también transforman las dinámicas identitarias y cognitivas de los grupos humanos. En el contexto de las políticas migratorias restrictivas, se activa un proceso de categorización social que diferencia entre quienes “pertenecen” y quienes no. Esta distinción es fundamental para comprender las consecuencias psicosociales de tales medidas.
A partir de la teoría de la identidad social (Tajfel, 1979), se observa que los individuos construyen su autoconcepto a través de su pertenencia grupal. Frente a un escenario de exclusión, las mayorías tienden a levantar murallas simbólicas. ¿Y qué ocurre con quienes quedan al otro lado? Los inmigrantes son convertidos en exogrupos amenazantes, lo que agudiza la polarización y afianza la lógica del “nosotros” contra “ellos”. Jost y Banaji (1994) completan esta visión desde la teoría de la justificación del sistema: los estereotipos no solo legitiman las jerarquías existentes, sino que pueden ser internalizados por los propios grupos oprimidos, consolidando la percepción de que su posición social es “natural” o merecida. En este contexto, la persistencia de la discriminación no necesariamente depende de la presencia activa de los estereotipos negativos, sino de un sistema que normaliza el trato desigual.
Gordon Allport, en La naturaleza del prejuicio (1954), explica que el prejuicio surge cuando se generalizan creencias sobre un grupo basándose en estereotipos aprendidos socialmente. Estos actúan como atajos cognitivos, pero también como mecanismos defensivos que permiten sostener una visión coherente (aunque distorsionada) del mundo social.
Mientras Allport analizaba la raíz del prejuicio desde el individuo, autores como Harari complejizan la relación entre identidad y ciudadanía, señalando que las normas de pertenencia se construyen socialmente y se tornan cada vez más difusas. Desde una perspectiva psicosocial, la migración activa procesos de categorización rígida entre el “nosotros” y el “ellos”. Este binarismo se ve acentuado por la ambigüedad de los conceptos de entrada, integración y pertenencia, tal como advierte Harari. La interpretación divergente de estas cláusulas por parte de los inmigrantes y los nativos genera tensiones identitarias y expectativas contradictorias. A los inmigrantes se les exige una constante demostración de mérito, lealtad y “adaptabilidad”, mientras se les niega el pleno reconocimiento como sujetos legítimos del contrato social.
¿Qué ocurre cuando una sociedad exige integración, pero niega pertenencia? Se produce un escenario doblemente excluyente: los inmigrantes no solo enfrentan barreras legales y materiales, sino también simbólicas, quedando atrapados en un limbo identitario que compromete su bienestar psicológico.
Los discursos políticos y los medios de comunicación funcionan como agentes poderosos en la producción de sentido colectivo. En este marco, el “pánico migratorio” opera como una estrategia discursiva que exagera la amenaza representada por los inmigrantes, generando miedo y predisposición al rechazo. Esta narrativa sirve como herramienta de control simbólico: permite desviar la atención de crisis internas, movilizar apoyos electorales o reforzar identidades nacionales a través del rechazo al otro. Presentar a los inmigrantes como delincuentes, invasores o parásitos económicos no solo es inexacto, sino que alimenta la xenofobia y dificulta la integración.
Bauman (2016) acuña el concepto de “extraños globales” para describir la figura del inmigrante como un sujeto indeseado, visible y vulnerable, cuya existencia incomoda a las sociedades contemporáneas. En este marco, el “pánico migratorio” se convierte en una respuesta simbólica frente a la presencia del otro: una forma de reafirmar las fronteras culturales y emocionales en un mundo que percibe al inmigrante como una amenaza al orden establecido. Así, los inmigrantes son construidos discursivamente como cuerpos fuera de lugar, cuya mera presencia activa mecanismos de exclusión.
Berry (1997) plantea que los inmigrantes gestionan su adaptación a través de estrategias de aculturación: asimilación, integración, separación o marginación. Sin embargo, en contextos hostiles, estas estrategias se ven bloqueadas, generando lo que se podría llamar un “doble rechazo”: por parte de la sociedad de acogida, que impone una adaptación sin garantías de inclusión, y por parte del país de origen, del cual se alejan física y culturalmente. Este conflicto identitario crónico debilita el sentido de pertenencia y puede derivar en consecuencias emocionales severas: baja autoestima, ansiedad, depresión o alienación. No encajar plenamente en ninguna cultura genera una fractura en el yo social.
Las consecuencias no son solo simbólicas o culturales: también dejan huellas profundas en la salud mental. El entorno psicosocial adverso contribuye a un aumento significativo de síntomas de estrés crónico y trastornos como el TEPT, especialmente cuando se combina con incertidumbre legal, amenazas de deportación o separación familiar (Salas-Wright et al., 2024; Martin & Sashidharan, 2023). No obstante, investigaciones recientes destacan el papel protector de las redes comunitarias, las estrategias de afrontamiento colectivas y la resiliencia cultural.
Espacios de socialización, apoyo mutuo o prácticas simbólicas compartidas actúan como amortiguadores psicosociales, promoviendo el bienestar y la agencia personal frente a la adversidad (Kerker et al., 2024).
Según la teoría del contacto intergrupal (Allport, 1954), las interacciones estructuradas y cooperativas entre inmigrantes y nativos (en espacios educativos, laborales o vecinales) pueden disminuir la ansiedad intergrupal y fomentar actitudes inclusivas. Iniciativas como programas escolares multiculturales o festivales comunitarios que celebran la diversidad son clave para romper el ciclo de prejuicio y exclusión.
La actual crisis migratoria en Estados Unidos no solo es un fenómeno político o económico: tiene consecuencias profundas en la subjetividad de los individuos y en el tejido social. Desde la psicología social se propone una mirada profunda que contemple la interacción entre contexto, identidad y comportamiento colectivo.
Entender la migración como fenómeno psicosocial exige no solo reformas legales, sino también un compromiso cultural con la inclusión y el reconocimiento del otro como legítimo.
Referencias
- Voz de América. (2025, 28 enero). ¿Qué ha cambiado en la política migratoria de EEUU con Trump y qué sigue en curso? Voz de América. https://www.vozdeamerica.com/a/cambios-politica-migratoria-de-eeuu-con-trump-y-que-sigue-/7952819.html
- Dale Leal, (2025, 9 marzo). De Guantánamo a Delaney Hall: la Administración Trump aumenta la capacidad de los centros de detención para acelerar la deportación. El País US. https:// elpais.com/us/migracion/2025-03-09/de-guantanamo-a-delaney-hall-la-administracion-trump-aumenta-la-capacidad-de-los-centros-de-detencion-para-acelerar-la-deportacion.html
- Alvarez, , & Diaz Franganillo, A. (2025, 10 de marzo). EE. UU. reemplaza app CBP One para migrantes con autodeportación TRAX. CNN en Español. https://cnnespanol.cnn.com/ 2025/03/10/eeuu/ee-uu-reemplaza-app-cbp-one-migrantes-autodeportacion-trax
- Valdeiglesias, S. P. (2004). Aspectos teóricos sobre el estereotipo, el prejuicio y la discriminación. Dialnet. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1232884
- Allport, W., Clark, K., & Pettigrew, T. (1954). The nature of prejudice.
- Bauman, , & Mosquera, A. S. (2016). Extraños llamando a la puerta (Vol. 6). Barcelona: Paidós.
- Berry, W. (1997). Immigration, acculturation, and adaptation. Applied psychology, 46(1), 5-34.
- Harari, N. (2018). 21 lecciones para el siglo XXI. Debate.
- Jost, T., & Banaji, M. R. (1994). The role of stereotyping in system-justification and the production of false consciousness. British journal of social psychology, 33(1), 1-27.
- Pettigrew, F., & Tropp, L. R. (2006). A meta-analytic test of intergroup contact theory. Journal of personality and social psychology, 90(5), 751.
- Steel, Z., Chey, T., Silove, D., Marnane, C., Bryant, R. A., & Van Ommeren, M. (2009). Association of torture and other potentially traumatic events with mental health outcomes among populations exposed to mass conflict and displacement: a systematic review and meta-analysis. Jama, 302(5), 537-549.
- Pineros-Leano, , Garcia, M. F., Salas-Wright, C. P., Maldonado-Molina, M. M., Bates, M. M., Costas-Rodríguez, B., … & Schwartz, S. J. (2024). Experiences of cultural stress among US citizen migrants: A mixed method approach. Journal of Counseling Psychology.
- Martin, , & Sashidharan, S. P. (2023). The mental health of adult irregular migrants to Europe: a systematic review. Journal of Immigrant and Minority Health, 25(2), 427-435.
- Kerker, D., Barajas-Gonzalez, R. G., Rojas, N. M., Norton, J. M., & Brotman, L. M. (2024). Enhancing immigrant families’ mental health through the promotion of structural and community-based support. Frontiers in Public Health, 12, 1382600.
Artículo elaborado por Octavio Aguirre Gutiérrez, alumno de la Universidad Europea de Madrid (UEM), como participante en el Programa de Prácticas Universitarias de la Fundación Psicología Sin Fronteras.




