Líderes de sectas
Cuando se investiga el fenómeno de las sectas o grupos coercitivos, a menudo aparece la figura del líder como elemento principal dentro de la organización. Hay dos razones que explicarían esta asociación. En primer lugar, son grupos de una fuerte jerarquía donde existen, al menos, dos niveles: el inferior, integrado por los adeptos, y el superior, controlado por el líder o líderes, siendo el primero quien debe someterse a la voluntad del segundo. Por otro lado, la secta se encuentra estrechamente vinculada a su líder, pudiendo decirse que es un reflejo de su mundo interno, es decir, de las creencias, deseos y ambiciones.
Si le sumamos a esto la entrega y devoción que los adeptos profesan al líder, incluso encontrándose dentro de una dinámica marcada por la violencia, es natural preguntarse qué tipo de persona hay detrás de esta figura. Antes de responder a la pregunta, debe aclararse que no existe una personalidad sectaria. Es más, a lo largo de la historia, los líderes han sido diversos en cuanto a motivaciones, creencias, salud mental, inteligencia y rasgos de personalidad. No obstante, sí se han podido identificar características que se repiten.
En este sentido, debemos señalar que los líderes de secta son percibidos por los adeptos con un fuerte atractivo personal ya que, a través de su discurso, logran destilar un fuerte carisma. Son, además, grandes oradores, quienes utilizan la retórica para hacer que sus argumentos parezcan lógicos y profundamente cautivadores. Por ejemplo, dan respuestas simples a preguntas complejas, como qué hay más allá de la muerte o cuál es el sentido de la vida.
A esto se le suma que se muestran al mundo como personas que han tenido una vida excepcional, por lo que se identifican en ellos rasgos narcisistas de la personalidad. Así, mienten sobre su pasado diciendo que han logrado hitos admirables o que tienen carreras profesionales que nunca cursaron. También se describen como seres especiales por aspectos como ser la representación de alguna divinidad, poseer capacidades únicas, conocimientos exclusivos, conexiones particulares con otros mundos, etc.
Esta identidad divina puede ser una forma de justificar la desvinculación que sienten hacia los demás. De hecho, los líderes de secta a menudo se sienten incomprendidos por la sociedad, catalogando a todo aquel que no pertenece al grupo como el enemigo.
La visión hostil y desconfiada hacia el mundo, así como su valoración de la realidad, son posiciones inflexibles que denotan rasgos paranoides de la personalidad.
Por otro lado, transmitir un fuerte carisma y posicionarse como víctimas frente al mundo, revela una importante capacidad para acceder a los demás a través de las emociones. Los líderes de sectas saben cómo y cuándo activar emociones como la alegría, la esperanza, la inspiración, el odio, el miedo, la sospecha, etc. De esta forma, persuaden a los miembros utilizando rutas emocionales, en lugar de emplear la razón.
Estos objetivos implican una explotación de los adeptos. La existencia de un grupo coercitivo responde a deseos de poder, de obtener bienes, riquezas, propiedades, puestos importantes y, a menudo, sexo. Por tanto, los líderes de grupos coercitivos no establecen relaciones equilibradas y respetuosas con otras personas, sino que las utilizan a través de vínculos asimétricos y destructivos. Este comportamiento podría estar vinculado a rasgos psicopáticos o de personalidad antisocial, pues se halla marcado por la ausencia de culpa, falta de remordimientos, engaño sistemático, carencia de empatía y crueldad, entre otros.
Cabe señalar que pese a lo llamativo que pueden resultarnos estos perfiles, las listas de características no dejan de ser guías orientativas que, en muchos casos, no se ajustarán a la situación. Es por ello que debemos recordar lo que define a una secta y, por tanto, prestar atención a las dinámicas que se producen dentro de ella, con independencia del líder o líderes que las dirijan.
Hacer esta aclaración es importante porque los grupos coercitivos son variables, así como las personas que lo componen. De esta manera, es posible encontrar grupos en los que el líder no cumple los criterios aquí expuestos, y aún así, tratarse de una secta. O incluso podemos encontrar personas que asumen roles de liderazgo las cuales presentan alguna de estas características y no por ello ser parte de un grupo coercitivo. En definitiva, la mejor prevención es adoptar una posición crítica y poner el foco en lo que sucede dentro del grupo a nivel global, más allá de las clasificaciones y los aspectos más concretos.
Artículo elaborado por Carolina Delgado, psicóloga y co-coordinadora del área de Sectas y Pseudociencias de la Fundación Psicología Sin Fronteras.


