ruptura de pareja

Para entender una ruptura amorosa debemos conocer qué significa y qué supone para las personas que mantienen una relación de pareja.

La pareja puede percibirse como un tercero, los miembros de esta comparten vivencias, proyectos, emociones. Así, sus integrantes forman un tercer ente, el cual se nutre de sus conductas, aprendizajes, deseos y va evolucionando conjuntamente con los miembros que la forman.

Por tanto, la pareja es una estructura semipermeable separada del grupo social al que pertenecen sus miembros, esto se traduce en que esta consta de su propia capa que excluye a todos los demás y por eso puede crear su propia identidad como tercero. De ahí viene la importancia de realizar actividades solo con la pareja o llegar a conocer gestos y expresiones de esta sin necesidad de una comunicación verbal.

De esta forma, teniendo en cuenta lo descrito, la pareja se transforma en un nicho donde las personas llegan a desarrollar parte de su intimidad, e identidad, incluyendo la sexualidad, los proyectos a largo plazo, donde buscan y encuentran el apoyo recíproco, etc. Por consiguiente, en las parejas se dan relaciones simétricas de igualdad, objetivos y deseos, a menudo comunes y suelen ser de libre elección, pudiendo elegir a la persona que va a ostentar el cargo de pareja.

No hay una única manera de ser pareja, ya que cada cual vive esta experiencia de una forma única y diferenciada a la de los demás. Los límites de donde empieza y acaba son difusos, consecuentemente podemos hablar de parejas, ya que cada una puede aportar algo al concepto global que todos compartimos.

A pesar de considerarse un constructo difícil de definir y haber tantas parejas como personas que las forman, podemos hablar de tres conceptos que se relacionan con las personas que comparten una vinculación romántica: intimidad, deseo y compromiso. Y son estos tres conceptos y lo que implican cuando se desarrollan durante un tiempo los que suponen un cambio abrupto en las personas que pasan por una ruptura de pareja, ya que puede suponer una perdida del vínculo de apego y de parte de las estructuras que definían a esos sujetos (objetivos comunes, proyectos, amigos, aficiones…).

Aunque la pareja es una fuente de seguridad y apego, no está exenta de amenazas que pueden suponer su perdida, tales como: celos, falta de metas conjuntas, problemas en la comunicación, desajustes en el compromiso o problemas eróticos. Todas estas dificultades pueden desembocar en una ruptura de pareja, la cual deja sentimientos de tristeza, ansiedad, inseguridad, culpa, falta de autoestima, dependencia emocional, etc.

Cabe destacar que una ruptura amorosa puede relacionarse de forma clara con un proceso de duelo, ya que este implica los sentimientos negativos tras una perdida relevante para la persona. Así, este se describe mediante la experimentación de síntomas depresivos o ansiosos.

Perder una pareja puede suponer en algunos casos una de las experiencias más dolorosas en la vida de las personas, de acuerdo con esto es bastante frecuente que se experimenten sentimientos asociados a la tristeza, falta de sueño, y de concentración, y en algunos casos recurrir al alcohol y a las drogas, además de pensamientos o intentos autolíticos.

Consejos para superar una ruptura

 

Dentro de las pautas para superar una ruptura, podemos encontrar las siguientes:

  • Debido a toda la carga emocional que experimentamos durante esta etapa de ruptura, algo muy beneficioso es ventilación emocional, la expresión de todas las emociones que contenemos dentro, sabiendo que poco a poco irán reduciendo su nivel de malestar y haciéndose cada vez menos descontroladas.
  • Unido a esto, contar con un grupo de amistades o familiares con los que poder hablar nos será sumamente beneficioso, tanto para la gestión emocional, como para la realización de actividades agradables con ellos. Quizá en un primer momento no nos apetezca reunirnos con nuestro grupo social, pero llevar a cabo el primer paso hará que los siguientes sean mucho más sencillos, así que es importante asistir a las reuniones o planes que vayan surgiendo.
  • Por otro lado, realizar actividades nuevas gratificantes o simplemente recuperarlas puede suponer una disminución de los sentimientos desagradables. De esta forma tómate tu tiempo para pensar y analizar qué puede hacerte feliz o qué te gustaría probar o aprender y llévalo a cabo.
  • Este momento es uno muy adecuado para pensar en ti, mimarte y tomar parte del tiempo libre para preocuparte por ti mismo y realizar actividades centradas en ti y en tu bienestar personal.
  • Proponerte metas a medio y largo plazo, elaborar proyectos profesionales o personales, elaborar planes de futuro… te mantendrá concentrado e interesado en nuevas habilidades o formación, la cual supondrá un importante beneficio para tu autonomía y autoestima, esto es muy importante, ya que puede verse mermada después de una ruptura de pareja. Así, construir de nuevo nuestro autoconcepto será una de las metas más importantes, realizando actividades que nos llenen y consiguiendo los logros que poco a poco vayamos planteándonos, siempre teniendo en cuenta realizar acciones realistas y alcanzables en periodos más o menos cortos de tiempo.

En algunos casos, las estrategias orientadas a la evitación pueden ser beneficiosas, ya que evadir un problema, el cual no tiene una solución controlada por uno mismo, puede ayudar al bienestar psicológico. Por esta razón, conductas como evitar llamar o coger el teléfono a tu expareja, evitar el contacto con ella durante los periodos más cercanos a la ruptura y evitar rememorar mediante fotos, objetos… a esta pueden servir para superar antes los sentimientos de ansiedad y tristeza.

Concluyendo, son muy importantes las conductas y acciones llevadas a cabo durante este momento, sobre todo las centradas en uno mismo, aquellas que nos proporcionan felicidad y seguridad en nosotros; pero es igual de importante el pensamiento respecto a este fenómeno, entendiendo que nadie es posesión de nadie y que tenemos libre elección, tanto para la búsqueda de una pareja como para terminar con esa relación; que hay situaciones permanentes y otras que no lo son y que en muchos casos no tenemos el control de las mismas, sino que se mueven a la vez que otras variables, las cuales son imposibles de predecir.

Flor María Pérez Paredes. Enero 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

Barajas Marquez, M.W., Cruz del Castillo, C., Fuentes, J., (2017) Caracterización de una ruptura de pareja en universitarios y diferencias en la evaluación cognoscitiva del evento. Journal of behavior. Health and Social Issues 9, 99-104

García, F. E., & Ilabaca Martínez, D. (2013). Ruptura de pareja, afrontamiento y bienestar psicológico en adultos jóvenes. Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP11(2), 42-60.

Márquez, M. W. B., Forteza, C. F. G., del Castillo, C. C., & García, R. R. (2012). El significado psicológico de una ruptura de pareja significativa en jóvenes universitarios. Psicología iberoamericana20(2), 26-32.

 

 

el lenguaje de la violencia de género

Definimos violencia de género como todo tipo de agresión física, sexual, verbal o psicológica hacia una persona por el mero hecho de ser mujer u hombre. Actualmente, se hace mayor referencia a la violencia de género como la violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres estén o hayan estado en una relación sentimental. Según una recogida de datos de “EL PAÍS”, se estima que han muerto 1.026 mujeres desde el 2003 a manos de sus parejas o exparejas en España.

Cuando se narran hechos como estos solemos darle mayor importancia a la violencia física, ya que es la que provoca los daños más visibles e incluso, en muchos casos, la muerte. Pero… ¿Existe otro tipo de violencia aparte de la que se profesa físicamente? ¿Es posible que la sociedad ejerza violencia de género sobre las mujeres, de forma continua e imperceptible?

Con ello hacemos referencia a insultos, faltas de respeto, miradas y gestos de desprecio, ignorar a la persona, apartarla del ámbito social, familiar, etc. Pero no solo los agresores directos ejercen violencia de género sobre las mujeres, la sociedad en sí la crea e incide en ella continuamente. Hablamos en este caso de violencia simbólica o cultural, la cual encontramos presente en diversos ámbitos como el arte, la religión, medios de comunicación e incluso el lenguaje.

 

Y es en esta última “arma”, en la que haremos, en esta ocasión, mayor hincapié, pues es tan sutil como dañina. La lengua es la forma predominante que utilizamos los humanos para comunicarnos, con ella no solo transmitimos el mensaje, influimos también en la manera de sentir y en la mentalidad de los receptores. En la lengua y literatura española hallamos varios métodos por los cuales se violenta a la mujer:

  • Utilizando los genéricos en masculino. La RAE no admite hacer referencia al término femenino “ellas” cuando existe al menos un varón en el grupo, pero sí es posible a la inversa y expresa a su vez que es más adecuado decir “ellos” que “ellos y ellas”, en caso de haber un par de mujeres en un grupo de hombres, por economizar.

“Ese dejar de existir en la lengua aboca a las mujeres a la nada, las rebaja y las humilla”. (Calero, Fernández. 2019).

  • En las diversas asimetrías léxicas, ejemplo de ello son los oficios. A la hora de denominar ciertos trabajos encontramos que hay palabras que designan a los hombres, pero no a las mujeres y muchos de ellos, hacen referencia a puestos “importantes” o de altos cargos, como, por ejemplo: (la) gerente y no la gerenta, (la) médico y no la médica, jefe (puesto de importancia), jefa (utilizado mayormente de forma peyorativa). Incluso encontramos sustantivos con ambas formas gramaticales, pero con diferente significado: secretario (cargo importante), secretaria (subordinada de alguien). De esta manera, las niñas no pueden sentirse identificadas y de una forma inconsciente asientan que los médicos, gerentes, puestos de mayor relevancia… recaen en hombres, privándolas de esta manera de recursos motivacionales que sus compañeros masculinos adquieren por múltiples vías.
  • La RAE, por otra parte, vigoriza tales asimetrías, dotando a los sustantivos y adjetivos femeninos de términos “insultantes” y fortaleciendo las virtudes de los hombres. Al buscar el significado de hombre, observamos que la mayoría de los significados son exaltantes y prominentes, hombres de deber, de honor y fortaleza, si, por el contrario, nos fijamos en el significado de mujer, predomina el término prostituta en numerosas definiciones. Ocurre de forma similar cuando indagamos en sustantivos como perro/a, zorro/a, donde el significado en masculino hace referencia al animal o a la astucia, y, en cambio, al tratarse del término en femenino, en ambas situaciones son referenciados como insulto hacia las mujeres. Provocando a su vez en ellas baja autoestima, frustración, falta de referentes, etc.

Si indagamos con esmero encontraremos que la lengua y literatura española infravalora a las mujeres, alzando del mismo modo a los hombres, otorgándoles el poder y el deber de permanecer por encima. En nuestra mano está no favorecer dichas conductas lingüísticas que repercuten tan negativamente. Tal y como expone Anna María Fernández, “el lenguaje no es sexista ni androcentrista: quienes lo compartimos y utilizamos somos los responsables de darles esas características”.

Raquel Almodóvar Ruiz, noviembre 2019

Bibliografía:

  • Calero, Fernández, Mª A. (2019) De cómo la lengua violenta a las mujeres. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Castaño, Estébanez, I. (2019) Paradigma de las violencias de género e interseccionalidad. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Cronología de víctimas mortales de violencia de género de 2019. Madrid (2019). Página web: https://elpais.com/sociedad/2019/02/06/actualidad/1549439631_636546.html
  • Fernández, A,M. (2012). La violencia en el lenguaje o el lenguaje que violenta. México: Ítaca Uam.
  • Peris, Vidal, M. (2015) La importancia de la terminología en la Conceptualización de la Violencia de Género. Oñati Socio-legal Series.
  • Varela, N. (2013). Violencia simbólica. Página web: http://nuriavarela.com/violencia-simbolica/
violencia de género

La Organización Mundial de la Salud, expone la definición de violencia de género en boca de las Naciones Unidas como “todo acto de violencia que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”. Se trata de una definición clara y sencilla, que resulta de interés ampliar. Todos conocemos los actos de violencia física que ejercen los agresores a las mujeres, pero, ¿cuán dañina es la violencia que no percibimos a simple vista?

Hablamos entonces de la violencia psicológica. La violencia física, por tanto, siempre viene precedida de ésta, en la cual se incluyen los continuos ataques verbales y conductuales que recibe la víctima por parte del hombre. De este modo, siguiendo unas fases concretas se crea un círculo del cual es difícil salir.

Dichas fases son:

  • Fase de acumulación de la tensión: los conflictos van surgiendo dentro de la pareja. El agresor expresa violencia mayormente de forma verbal, impide la comunicación con la víctima con el objetivo de posicionarse sobre ella y controlarla. El agresor “demuestra” a la víctima que es superior a ella y de la misma manera la excluye de su mundo social y familiar, haciéndola sumisa.
  • Fase de agresión: Tal y como indica el título, en esta fase predominan los notorios malos tratos psicológicos y físicos agravando los síntomas de ansiedad, estrés y temor en la mujer.
  • Fase de reconciliación o “luna de miel”: el agresor se muestra arrepentido, convenciendo a la víctima de que fue puntual y no volverá a ocurrir.

Todas estas fases introducen a la mujer en un estado de descontrol, sumisión, ansiedad, depresión, inadaptación social y disfunciones sexuales. Inhibiendo así sus capacidades, recursos y habilidades para reaccionar ante dichas situaciones. Diversos autores indican que el pasar por todo tipo de violencias verbales, físicas, psicológicas y sexuales, provoca en las mujeres trastorno por estrés postraumático (TEP) (Kessler, Sonnega, Hughes y Nelson, 1995) y/o Trastorno adaptativo (TA) (American Psychiatric Association, 2014).

Hallamos diversas opiniones en nuestra sociedad acerca de la violencia de género, por desgracia actualmente siguen persistiendo los prejuicios a las mujeres tanto por hombres como por otras de su mismo sexo, juzgándolas y culpándolas por permanecer o fomentar la situación en la que se encuentran. Es fundamental comprender la importancia del maltrato psicológico y saber actuar de forma adecuada lo antes posible contando con la mediación de profesionales (psicólogos, trabajadores sociales, médicos, agentes de seguridad…)

Por desgracia las mujeres no son las únicas víctimas cuando se da violencia de género en el seno familiar, los hijos de estas suelen ser víctimas potenciales en estas situaciones y, como con ellas, aunque no halla muestras de violencia física se dan rasgos psicológicos característicos y muy determinantes para su salud presente y futura.

Ya sea por recibir violencia directamente del agresor o de forma indirecta al presenciar la violencia dirigida a su madre, o cuando ésta es incapaz de atender sus necesidades básicas, físicas y/o emocionales.

Esto provoca en los niños múltiples alteraciones emocionales tales como ansiedad, depresión, baja autoestima y negligente o nula vinculación afectiva con sus progenitores, lo que deteriorará sus futuras relaciones. Del mismo modo podemos percibir en estos niños y niñas, un posible retraso en el lenguaje, escasa intencionalidad de comunicación, falta de habilidades sociales, fracaso escolar, conductas problemáticas o por el contrario ser víctimas (de nuevo) en el ámbito escolar (bullying), etc.

Por ello desde el ámbito de la salud, los profesionales (médicos de cabecera, psicólogos, etc) debemos estar alerta cuando demos con mujeres y niños con características similares. Estar bien cualificado y hacer las preguntas adecuadas pueden sacar a la luz situaciones de violencia de género que a simple vista (como las agresiones físicas) no se ven, pero que relucen al estudiar debidamente los síntomas psicológicos y conductuales de los afectados.

SI CONOCES ALGÚN CASO O CREES QUE SE PUEDE ESTAR DANDO UNA SITUACIÓN DE VIOLENCIA DE GÉNERO, NO TE CALLES, POR ELLA, POR ELLOS.

HAY SALIDA, 016

Raquel Almodovar Ruiz, Noviembre 2019

Bibliografía:

  • Calero, Fernández, Mª A. (2019) De cómo la lengua violenta a las mujeres. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Castaño, Estébanez, I. (2019) Paradigma de las violencias de género e interseccionalidad. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Cronología de víctimas mortales de violencia de género de 2019. Madrid (2019). Sitio web: https://elpais.com/sociedad/2019/02/06/actualidad/1549439631_636546.html
  • Fernández, A,M. (2012). La violencia en el lenguaje o el lenguaje que violenta. México: Ítaca Uam.
  • Peris, Vidal, M. (2015) La importancia de la terminología en la Conceptualización de la Violencia de Género. Oñati Socio-legal Series.
  • Varela, N. (2013). Violencia simbólica. Sitio web: http://nuriavarela.com/violencia-simbolica/
  • Del Prado, Ordóñez Fernández, M, y González, Sánchez, P. (2012). Las víctimas invisibles de la Violencia de Género. 2019, de SciELO Analytics. Sitio web: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1699-695X2012000100006&lng=es&nrm=iso&tlng=es
  • Arce, R; Fariña, F, y Vilariño, M. (2015). Daño psicológico en casos de víctimas de violencia de género: estudio comparativo de las evaluaciones forenses. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 6, 72-80.
  • Ciclos de la violencia de género. (2011). Blog sobre Violencia de Género. Sitio web: noalmaltrato.com
  • Violencia contra la mujer. Organización Mundial de la Salud. Sitio web: https://www.who.int/topics/gender_based_violence/es/

 

 

adolescencia y sexualidad

“La sexualidad tiene un importante papel en el desarrollo de una vida plena y gratificante, no se puede separar del derecho al placer del derecho a la vida”

 

Cuando hablamos de sexualidad estamos hablando de un proceso vital humano, es inherente al ser humano.  La sexualidad es un constructo muy amplio, es necesario entenderlo en las distintas etapas del desarrollo para poder comprender una parte fundamental del ser humano.

Desde que la los primeros años de vida el niño experimenta sensaciones placenteras al tocarse, ser acariciado, o besado. Una vez comienza la adolescencia comenzarán a sentir mayor interés por todo lo que respecta a la sexualidad.

Los menores ven las expresiones de afecto y las actitudes sexuales de los adultos que le rodean, en la televisión, series, películas, videoclips, y en algunas ocasiones tratará de imitar. Por lo tanto, es responsabilidad de los adultos que rodean a los menores educar en las relaciones afectivo-sexuales.

Es importante tener en la cabeza alguna que otra pincelada de cómo se produce en los adolescentes que nos rodean los cambios relacionados con su desarrollo con respecto a su sexualidad en función de su edad. En la siguiente tabla queremos resumirlo.

Adolescencia inicial (10 a 12 años) –        Primeros cambios puberales.

–        Se inicia la diferenciación sexual.

–        Comienza la preocupación por su imagen física.

–        Deben adaptarse a su nuevo cuerpo.

–        Experimentan frecuentes fantasías sexuales.

–        Generalmente se inicia la masturbación.

–        Etapa del conocido “amor platónico”.

Adolescencia media (13 a 17 años) –        Incapacidad de los adolescentes para anticipar consecuencias de sus conductas sexuales.

–        Generalmente comienzo de la menstruación.

–        Se produce el distanciamiento afectivo familia.

–        Dudas con respecto orientación sexual.

–        Primeras relaciones con parejas.

–        Inicio de las conductas de riesgo.

Adolescencia tardía (17 a 21 años) –        Consolidación de la identidad personal y sexual.

–        Consolidación de la capacidad de intimar.

–        Autoimagen más realista, madura.

–        Relaciones de pareja más estables

 

 

¿Qué elementos determinan el inicio de la actividad sexual?

Elementos determinan inicio actividad sexual

¿Cuándo hablamos de sexualidad de cuántas cosas estamos hablando?

Hablamos acerca de identidad de género, qué es la convicción íntima y profunda que tiene cada persona acerca de su pertenencia al sexo femenino o masculino, independientemente de sus características cromosómicas (lo que pone en nuestro ADN). La identidad de género es el aspecto más básico de nuestra identidad, y está relacionado con nuestro reconocimiento y aceptación de nosotros mismos.

También se incluye dentro de sexualidad lo referente a la orientación sexual entendida como el sentimiento de atracción sexual y emocional persistente hacía hombres y/o mujeres. Aparece de manera espontánea durante la niñez y se hace evidente durante la adolescencia inicial. No es una decisión consciente.

Al decir sexualidad estamos hablando además de conducta sexual que no se refiere sólo a la relación sexual coital es una amplia gama de comportamientos que se dan en la sexualidad: besos, caricias, masturbación.

Debemos también saber diferenciar de todo lo anterior otro concepto que se incluye como es el del rol sexual entendida como la forma en la que nos comportamos (a través de cómo se nos ha educado), pudiendo estos comportamientos ser los esperados para un  hombre, mujer, o en algunos casos no estar definida por el concepto antiguo del género binario.

Añadir el concepto de identidad sexual que es el modo de ser, de relacionarse, y de vivir como un hombre, una mujer, etc. Es una función normal del ser humano. Comienza a construirse desde el nacimiento pero se define al final de la adolescencia a lo cual contribuye todo lo anteriormente nombrado.

Y por último las actitudes y valores en la sexualidad. Estos son acerca de nuestro comportamiento sexual, nuestro rol sexual, y nuestra orientación sexual, son aspectos de gran importancia en el desarrollo y vivencia de nuestra sexualidad. Nuestras actitudes y valores están determinados por las expectativas de nuestras familias y la sociedad en la que vivimos.

La etapa evolutiva de la adolescencia es una etapa evolutiva que será difícil superar de la mejor manera si no lo hacemos conociendo y entendiendo la sexualidad en toda su amplitud. La adolescencia está plagada de cambios tanto físicos como emocionales que influirán en la construcción de cada una de las personas, por lo tanto las conductas sexuales estarán influidas por todo aquello que ocurra en esta etapa.

La sexualidad abarca muchas facetas y concierne más cosas que la relación sexual coital, tiene que ver con cómo nos vivimos, cómo nos conocemos, la afectividad hacia nosotros y hacia el otro.

Elena Valero Herranz

Octubre, 2019

Referencias bibliográficas

Câmara, S. G., Sarriera, J. C., & Carlotto, M. S. (2007). Predictores de conductas sexuales de riesgo entre adolescentes. Interamerican Journal of Psychology41(2), 161-166.

García Imia, I., Ávila Gálvez, E., Lorenzo González, A., & Lara Carmona, M. (2002). Conocimientos de los adolescentes sobre aspectos de la sexualidad. Revista Cubana de Pediatría74(4), 0-0.

Garcia-Vega, E., Robledo, E. M., García, P. F., & Izquierdo, M. C. (2012). Sexualidad, anticoncepción y conducta sexual de riesgo en adolescentes. International journal of psychological research5(1), 79-87.

Valli, Bustos. R., (2005). Adolescencia y salud: polimodal. Editorial Santillana.

Weiss M., Greco, M., (1995). Educación sexual: charlando sobre nuestra sexualidad en la escuela de hoy. Editorial Troquel

 

 

 

 

 

 

 

 

imagen corporal

El ideal de cuerpo perfecto no ha sido siempre el mismo, ha ido cambiando a lo largo de los años hasta llegar a nuestros días en los que se establece que un cuerpo bonito es delgado, con curvas en el caso de las mujeres y grande y musculado en el caso de los hombres.

La sociedad ha dotado al aspecto corporal de un papel muy importante, llegando incluso a asociarse una buena imagen corporal con el éxito.

Estos ideales presentan un problema para la mayor parte de la población ya que supone plantearse unos objetivos que resultan difíciles de lograr o inalcanzables. El no poder conseguir esos objetivos provoca una frustración en aquellos que pretenden llegar a ellos y no lo consiguen. Estadísticamente se da una mayor insatisfacción corporal en las mujeres que en los hombres. Los datos muestran que las adolescentes son más vulnerables, pero la cifra de hombres se va incrementando con los años.

En la formación de la imagen corporal entran en juego factores socioculturales y factores personales.

Los factores socioculturales son los llamados estereotipos, y en mayoría suelen ser de género y ejercen en las personas una presión para alcanzar ese ideal de belleza impuesto. Calado (2001) apunta que en quienes no se alcanza este ideal se producen sentimientos de culpa. En distintas investigaciones encontramos que los trastornos de la conducta alimentaria se unen a otros cuadros clínicos como puede ser la depresión, la ansiedad, trastornos de la personalidad, trastorno obsesivo compulsivo o abuso de sustancias.

La imagen corporal se relaciona con aspectos del desarrollo humano como la autoestima y el autoconcepto, la sexualidad, las relaciones familiares o la identidad, según María Calado, por lo que es importante una adecuada salud mental. Esto explica que una mala imagen corporal conlleve una baja autoestima, sentimientos de culpa con las comparaciones o ponerse a uno mismo como peor a otros, ansiedad social anticipatoria, depresión y desesperanza o vergüenza.

Todo ello interacciona con los factores personales que forjan la imagen corporal mediante procesos perceptivos, cognitivos, afectivos y comportamentales.

 

Cuando la percepción, la cognición y la emoción se encuentran pueden provocar rechazo hacia sí mismo y una necesidad de cambio para alcanzarlo mediante conductas que pueden ser adecuadas (estilo de vida saludable, alimentación y ejercicio adecuado) o inadecuadas (dietas restrictivas, ejercicio excesivo, obsesión por el físico y la comida).

Por todo ello se relaciona directamente la imagen corporal con los trastornos de la conducta alimentaria.

Cuando hablamos de trastornos de la conducta alimentaria lo primero que se nos viene a la cabeza es anorexia y bulimia nerviosa.

 

La anorexia nerviosa se caracteriza por una restricción de la ingesta de alimentos, tanto en tipo de alimento como en cantidad, provocado por un miedo a ganar peso y el deseo de bajar de peso debido a una alteración en la forma en la que la persona se ve a sí misma, además, existe una negación del peligro que supone su bajo peso.  La anorexia nerviosa es el trastorno mental con mayor mortalidad.

Estás personas tienen pensamientos obsesivos sobre el peso, la comida y la imagen lo que conlleva mucha ansiedad, baja autoestima e incompetencia.  Algo típico también son las listas de alimentos prohibidos que van aumentando con el tiempo y la ingesta de cantidades cada vez más pequeñas de alimentos y rituales obsesivos durante las comidas.

Dentro de la anorexia nerviosa encontramos dos tipos: tipo restrictivo en las que no existen episodios de atracones o purgas y la pérdida de peso se debe principalmente a la dieta, el ayuno o el ejercicio físico excesivo y de tipo con atracones/purgas en el que la persona sufre episodios de atracones o purgas ya sea a través del vómito, laxantes o diuréticos.

Por otro lado la bulimia nerviosa comparte muchas características con la anorexia nerviosa. Las características principales de este trastorno son la presencia de atracones (ingesta de alimentos en poco tiempo y una sensación de pérdida de control), como consecuencia la persona realiza conductas compensatorias inapropiadas (vómitos, laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos y ejercicio excesivo)

Aparecen sentimientos de culpa, ansiedad y sensación de pérdida de control.  Es común encontrar conductas de riesgo como consecuencia de la impulsividad como las autolesiones y consumo de sustancias.

A nivel médico existen graves consecuencias como alteraciones cardiovasculares y de termorregulación, lesiones en el trasto gastrointestinal o alteraciones hidroeléctricas

Por último, el trastorno por atracones, en este caso la persona presenta episodios de atracones como en la bulimia, pero con ciertas particularidades como una ingesta más rápida de lo normal, sensación desagradable pero satisfecho a la vez, ingestas sin hambre, comer a solas y culpa por los atracones.  A diferencia de la bulimia nerviosa el trastorno por atracones no existen estrategias compensatorias inadecuadas.

Estas personas muestran un peso normal o sobrepeso, tratan de bajar de peso pero no pueden a causa de los atracones.

En resumen, muchas personas en mayor o menor medida tienen conflicto entre la imagen corporal que tienen con la ideal que se nos bombardea desde las redes sociales, televisión, cine, revistas… debemos ser conscientes de nuestras limitaciones y nuestros puntos fuertes. Además, es importante tomar conciencia sobre los trastornos de la conducta alimentaria para poder abordarlos de forma precoz para evitar consecuencias graves irreversibles.

Cristina Garcia Heras, noviembre 2019

 

Referencias:

  • Calado Otero, María (2011). Liberarse de las apariencias. Género e imagen corporal. Psicología Pirámide.
  • Ezpeleta, Lourdes; Toro Trallero, Josep (2014). Psicopatología del desarrollo. Pirámide.
  • Franco Paredes, Karina; Mancilla Díaz, Juan Manuel; Vázquez Arévalo, Rosalía; Álvarez Rayón, Georgina Leticia y López Aguilar, Xochitl (2011). El 30 papel del perfeccionismo en la insatisfacción corporal, la influencia sociocultural del modelo de delgadez y los síntomas de trastorno del comportamiento alimentario. Universitas Psychologica [edición electrónica] , Vol. 10 (3) SepDic, 829-840.

 

bipolares humanos

“Parece que eres bipolar”, “está loca, creo que es bipolar”, “estás como una cabra”,

“¿no serás bipolar?”

Son algunas de las expresiones que, frecuentemente, escuchamos decir a las personas: pero… ¿cuánta verdad hay dentro de estos comentarios?

 

El trastorno bipolar es un trastorno mental grave circunscrito a prejuicios y miedos por parte de la sociedad. Se caracteriza por cambios duraderos en el estado de ánimo de la persona, alterando su funcionamiento diario en el área social, laboral, familiar, etc. Por tanto, el cambio de opinión o emoción en un momento determinado o bajo una situación concreta no indica que una persona “sea bipolar”.

Existen dos tipos dentro de esta afección:

Trastorno bipolar tipo I y trastorno bipolar tipo II. En el trastorno bipolar tipo I, existe, al menos, un episodio de depresión mayor y un episodio de manía. En cambio, en el tipo II, se presenta, al menos, un episodio de depresión mayor y un episodio de hipomanía. Para poder comprender mejor de lo que estamos tratando, vamos a explicar en qué consiste cada episodio.

El episodio de depresión mayor conlleva un estado del ánimo bajo o tristeza diaria, falta de interés y/o placer, pérdida o aumento del peso corporal, falta de energía, irritabilidad, alteraciones en el ciclo del sueño, sentimientos de inutilidad o culpabilidad excesivos, incapacidad para concentrarse y pensamientos de muerte o desinterés por vivir (de lo que hablaremos más adelante).

El episodio de manía consiste en disminución de la necesidad de dormir, aumento de la autoestima o sentimiento de grandeza, más hablador de lo habitual, fuga de ideas o sensación de que los pensamientos van demasiado rápido, facilidad de distracción, aumento de la actividad dirigida a un objetivo o agitación no dirigida a un objetivo,  participación excesiva en actividades que tienen muchas posibilidades de consecuencias dolorosas y poca necesidad de dormir. El nivel de alteración es tan grave que puede llevar a la hospitalización de la persona.

El episodio de hipomanía tiene sintomatología semejante al episodio de manía pero con menor intensidad. La alteración que produce también es suficientemente grave como para causar hospitalización o problemas laborales y sociales.

Anteriormente, hemos mencionado la ideación suicida o el desinterés por vivir que se puede experimentar en un episodio depresivo. Es un tema muy relevante y hay ciertos factores de riesgo dentro de la conducta suicida que debemos tener en cuenta: ser hombre, estar en paro, aislamiento social, estado civil, edad, acontecimientos vitales previos, enfermedades; entre otros. Es importante concienciarnos con este asunto, ya que hay muchas creencias erróneas sobre él como: “quien lo dice no lo hace y quien lo hace no lo dice”, “el suicidio no se puede prevenir”, “hablar del suicidio aumenta su riesgo” … Cuando tengamos el conocimiento de que alguien pueda tener ideas de quitarse la vida o desgana por vivir, debemos tenerlo en cuenta con la seriedad necesaria sin juzgarlo y pidiendo ayuda si no sabemos cómo actuar.

 

Otro aspecto muy preguntado es si el trastorno bipolar tiene cura. No la tiene. Es una enfermedad crónica que debe ser controlada con fármacos (siempre recetados por un psiquiatra) que ayuden a regular y estabilizar la sintomatología que se presente, siendo un tratamiento individualizado. Además, se debe compaginar con un terapia psicológica que ayude a la persona a entender su situación y afrontarla lo más adaptativamente posible.

Tenemos claro que el trastorno bipolar es una enfermedad grave que no se cura y que conlleva un tratamiento para toda la vida, pero ¿por qué aparece? ¿naces con él? ¿se contagia? ¿se aprende?. Hay varios factores que intervienen en su aparición, tanto biológicos como variables de personalidad, acontecimientos vitales estresantes etc. No se ha llegado a una conclusión exacta sobre su origen, aunque una de las teorías más aceptada es una predisposición a desequilibrios bioquímicos bajo ciertas condiciones que desencadenan el trastorno. Se considera una posible herencia genética, existiendo una alta concordancia a presentar dicho trastorno entre gemelos monocigóticos. En cuanto al primer episodio, éste es precipitado por un acontecimiento estresante. El cual conlleva unas consecuencias y cambios cerebrales que aumentan las posibilidades del desencadenamiento del siguiente episodio.

En resumen, debemos diferenciar el trastorno bipolar de los cambios de humor que podemos tener todas las personas en el día a día por el simple hecho de ser seres emocionales. Es importante sensibilizarnos sobre este tema para poder empatizar y desestigmatizar el trastorno bipolar, dejando de bromear acerca de él y de las consecuencias que puede tener en la vida de la persona que lo sufre.

No somos bipolares, somos seres humanos con diferentes luchas internas y externas en las que debemos respetarnos, tanto a nosotros mismos como a lo demás.

 

Olaia Fernández Fernández

 Octubre, 2019

Referencia

  • APA (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-V) (Fifth Edition). Washington, DC: American Psychiatric Association.
que-hacemos-con-nuestras-emociones

Desde que en 1948 la Organización Mundial de la Salud definiera la Salud como un estado completo de bienestar físico, mental y social, y se desplazara la visión de “ausencia de enfermedad” a una visión más integral, la sociedad, las políticas sanitarias y la percepción de las personas sobre su bienestar han ido transformándose.

La promoción del bienestar tiene como objetivo la mejora del nivel de calidad de vida de las personas en todos los ámbitos de la existencia y si hablamos de la posibilidad de construir el propio bienestar, decimos que en éste, las personas tenemos un papel protagónico. Tomando como referencia el concepto de “Bienestar Subjetivo” propuesto por Ed Diener (1994), vemos que no sólo los criterios objetivos de “calidad de vida” hacen parte del bienestar, sino que, al ocurrir de manera subjetiva, se construye de manera dinámica a través de la percepción sobre la propia vida. Se trataría entonces, de poner en valor no sólo el hecho de disponer de unas circunstancias favorables en cuanto a recursos, sino que además, habría una dimensión personal importante en la manera en la que vivenciamos y afrontamos dichas circunstancias (Sanjuán y Rueda, 2014).

El bienestar subjetivo sería entonces, la evaluación que realizamos de nuestra vida en cuanto a satisfacción. Esta valoración se expresaría en “juicios cognitivos”  (¿estoy satisfecho con mi vida?) y valoraciones afectivas sobre nuestros estados de ánimo y las emociones que experimentamos (¿experimento emociones positivas? ¿estoy en capacidad de afrontar mis emociones negativas?).

¿Qué son las emociones?

Actualmente contamos con una conceptualización compleja de la emoción debido a nuestro creciente conocimiento sobre los procesos biológicos y psicológicos. No obstante, podríamos decir de una manera más o menos sencilla, que las emociones son un conjunto de respuestas químicas y neuronales vivenciadas en el cuerpo, que cumplen la función de situar al organismo en condiciones propicias para su supervivencia y bienestar  (Damasio 1995 citado por Bárez 2018).

Podemos diferenciar tipos de emoción según la propuesta de Damasio (1997, 2005):

  • Emociones primarias: Son básicas e innatas; son comunes a las culturas y por tanto, podríamos decir que son universales. El miedo, el enfado, la rabia, la tristeza, la felicidad, el asco, la sorpresa…
  • Emociones de fondo: Se producen por el reflejo de las emociones en nuestro estado de ánimo. El entusiasmo, el malestar, la excitación, la tranquilidad…
  • Emociones sociales: Son propias del ser humano y por tanto, se consideran más desarrolladas desde el punto de vista evolutivo. La compasión, la vergüenza, la lástima, la culpa, el desdén, los celos, la envidia, el orgullo, la admiración…
  • Sentimientos: Son las percepciones que tenemos de un determinado estado de nuestro cuerpo, asociado a un determinado modo de pensar. Son de tipo más complejo y están ligadas al aprendizaje y la socialización.

Las emociones son esencialmente, esas señales internas que nos ayudan a adaptarnos a nuestro entorno y nos orientan en la supervivencia; influyen en nuestro pensamiento, memoria, razonamiento, y  además, son cruciales en la toma de decisiones. Por todo ello, nuestro ajuste psicológico y bienestar subjetivo estarían, en gran parte, cimentados en el manejo de nuestras emociones.

¿Qué es la regulación emocional y cómo funciona?

Como propone Hervás (2011), para poder “disponer” de todos los recursos que nos aportan las emociones, es necesario tener determinadas “habilidades emocionales” que permitan procesarlas. La regulación emocional se refiere entonces, a aquellos procesos por medio de los cuales ejercemos una influencia sobre nuestras emociones, adaptándolas en frecuencia, intensidad y expresión (Gross y Levenson 1997 citados por Hervás 2011). Sabemos que en muchas situaciones debemos modular nuestros estados de ira, tristeza, euforia, etc y otras veces, necesitamos regular nuestras emociones porque nos resultan desagradables o porque no son acordes a cómo nos vemos a nosotros mismos.

También sabemos, que las emociones pueden suponer un gran desgaste debido a que los intentos por procesarlas, pueden no ser adecuados; emociones como tristeza, ira, miedo, desesperanza, etc., pueden exceder nuestra comprensión y nuestras expectativas. En ausencia de estrategias adecuadas y habilidades emocionales, podemos alcanzar estados de descontrol importantes o incluso, desarrollar círculos viciosos de difícil solución, que pueden afectar de manera negativa  nuestro funcionamiento social y psicológico.

Déficits

Los déficits en la regulación emocional se pueden dar por varios motivos. Primero, por la ausencia de activación estrategias de regulación en momentos necesarios; por ejemplo, en estados de tristeza y desánimo el abandonarse a un estado de ánimo negativo sin hacer nada para compensarlo. Segundo, por el empleo de estrategias disfuncionales que no ayudan a la regular los estados emocionales negativos, haciéndolos más intensos y descontrolados; ejemplo de ésto podría ser la evitación, el rechazo, la supresión emocional, que lejos de reducir la intensidad de la experiencia, por el contrario la intensifican (Hervás, 2011). Y tercero, por el empleo de estrategias que si bien consiguen reducir la experiencia desagradable, sólo lo hacen de manera temporal llegando a agravar el problema; por ejemplo, el consumo de alcohol, drogas o bien, las conductas autolesivas. Estas estrategias de regulación implican riesgos importantes para la salud global por lo que ya no serían sólo “estrategias disfuncionales”, sino síntomas en toda regla.

 

Bases para procesar nuestras emociones de manera eficaz

Estamos permanentemente inmersos en emociones y situaciones que necesitamos procesar. El procesamiento emocional sería pues, el proceso por el cual las “alteraciones emocionales van declinando hasta que se absorben de forma que otros comportamientos  y experiencias pueden aparecer sin interferencias” (Rachman 1980, citado por Hervás). El procesamiento emocional ayudaría a absorber y canalizar estas reacciones cuando resultan ser excesivas, intensas, persistentes o interfieren en la propia vida. Aunque este proceso inicialmente se dispara como algo automático, es importante visualizarlo como un proceso activo de comprensión y elaboración en el que la persona puede desarrollar cierto control, de manera que pueda amortiguarlas, comprenderlas, y por qué no, aprovecharlas en pos del autoconocimiento.

Ante la pregunta: “¿qué podemos hacer con nuestras emociones?”, podemos encontrar en el modelo del procesamiento emocional de Hervás (2011) una propuesta que abarca 6 procesos o tareas que llevarían a una regulación emocional exitosa y que a su vez, pueden ayudarnos a esquematizar y comprender un poco más sobre las emociones:

  1. Apertura emocional: Es nuestra capacidad para tener acceso consciente a nuestras emociones. El polo deficitario es la “alexitimia”, es decir, no poder identificarlas.
  2. Atención emocional: Se refiere a una tendencia a dedicar nuestra atención a la información emocional. El polo deficitario es la desatención emocional.
  3. Etiquetado emocional: Es la capacidad que tenemos las personas para nombrar con claridad nuestras emociones. El polo deficitario es la confusión emocional.
  4. Aceptación emocional: Sería la ausencia de juicios negativos ante la propia experiencia emocional. El polo deficitario es el rechazo emocional.
  5. Análisis emocional: Es nuestra capacidad para reflexionar y entender el significado y las implicaciones dichas emociones en nuestra vida. El polo deficitario es la evitación emocional.
  6. Regulación emocional: Es la capacidad para modular nuestras respuestas emocionales a través de la activación de diferentes estrategias, ya sea de tipo emocional, de tipo cognitivo o conductual. El polo deficitario sería una alteración de la regulación emocional por el déficit en estas estrategias.

 

 

Modelo de regulación emocional basado en el procesamiento emocional. Hervás, G. Behavioral Psychology / Psicología Conductual, Vol. 19, Nº 2, 2011.

Las capacidades que componen estos procesos por supuesto, no vienen dadas. Aunque en gran parte las emociones hacen parte de nuestra vida más instintiva, su procesamiento está influenciado por el aprendizaje y la socialización.

La adquisición de las estrategias de regulación emocional tienen como base el apego a las primeras figuras de afecto. Y aunque una exposición sobre la teoría de apego excedería el propósito de este artículo, habría que mencionar que éste juega un papel esencial en nuestra vida emocional, en el establecimiento de relaciones de calidez, confianza y seguridad (Garrido-Rojas, 2006). Las personas con un apego seguro se sienten cómodos con la cercanía, con la interdependencia y buscan apoyo en los demás ante el reconocimiento de las limitaciones.

De un apego seguro también se tejen bajos niveles de tristeza, rabia y miedo etc. ya que, de un desarrollo sustancial en la etapa temprana depende en gran parte, el desarrollo de un “repertorio emocional balanceado” y una “apertura a la experiencia emocional” (Garrido-Rojas, 2006). Así mismo, una regulación emocional exitosa incluye la habilidad de reconocer y expresar el estrés emocional y poder expresar el enojo de manera controlada. Se trataría de integrar la emocionalidad positiva y negativa como parte de un todo.

A día de hoy debemos ser conscientes de que no se trata de amputar nuestras emociones negativas sino, por el contrario, ser conscientes de ellas y trabajarlas. Poder hacer consciente nuestra ansiedad, miedo, rabia, hostilidad desconfianza, preocupación… desde luego no es un propósito sencillo. Poder atender su procedencia, darles nombre y significado personal, aceptarlas para transformarlas y regularlas, es un trabajo necesario que nos fortalece, nos ayuda a amortiguar sus efectos dañinos y perjudiciales en nuestra salud.

Cuando hablamos de vulnerabilidad emocional, hacemos referencia a una tendencia a responder a las experiencias del entorno con elevada sensibilidad, con una capacidad de recuperación retardada que propicia estados de impulsividad, inestabilidad afectiva, preocupaciones y reverberaciones en memorias negativas. Sabemos que en gran medida, las dificultades a nivel emocional e incluso, la psicopatología, pueden estar influenciadas por falencias en las relaciones tempranas. De estos vínculos tempranos y de su capacidad más o menos funcional para sostener la existencia, dependen los recursos que tengamos a nivel personal, siendo una tarea importante durante el desarrollo compensar sus vacíos.

En contraposición, cultivar una mayor cantidad de emociones como la confianza, la alegría, el placer, la calma, la tranquilidad, etc., ayudan a la resiliencia psicológica y pueden ayudar a mejorar nuestra autoestima, a conectar a nivel relacional, a ampliar el pensamiento y mejorar nuestro estado global de salud.

Natalia Zuluaga. Alumna de Master de psicologia general sanitaria de UDIMA

Bibliografía

Hervás, G. Psicopatología de la regulación emocional: El papel de los déficit emocionales en los trastornos clínicos. Behavioral Psychology / Psicología Conductual, Vol. 19, Nº 2, 2011, pp. 347-372. Universidad Complutense de Madrid (España).

Garrido-Rojas, L. Apego, Emoción y Regulación emocional. Implicaciones para la salud. Revista Latinoamericana de Psicología 2006, Vol. 38, Nº 3, 493-507. Universidad Católica del Maule, Talca, Chile.

Machado, P. Reconocimiento emocional en psicoterapia. Revista de Psicoterapia, Vol. IV, Nº 6. Universidad de Porto. Portugal.

Bárez, N.B. (2018). Habilidades Básicas del Psicólogo Sanitario. Madrid: Ed. CEF.

Sanjuán Suarez, P. y Rueda Laffond, B. (2014). Promoción y prevención de la salud desde la Psicología. Síntesis