La intervención social y el voluntariado son elementos clave para construir una sociedad que cuide a las personas que de ella forman parte. Así lo explica el presidente de Fundación Psicología Sin Fronteras, Guillermo Fouce, en la última edición de la revista de Voluntariado Social editada por la Federación Riojana de Voluntariado Social.

 

portada revista voluntariado social de la federación riojana de voluntariado social

Según destaca Fouce en una entrevista en la que se repasan los principales ámbitos de actuación de Psicología Sin Fronteras, “necesitamos reconstruir espacios comunitarios que den respuesta al individualismo y a la soledad no deseada. Ahí los procesos de intervención social y el voluntariado resultan claves para recuperar elementos como la ciudadanía y su ejercicio o el reto de construir una sociedad de los cuidados democrática y que considere el cuidado como un derecho y un deber“.

Puedes leer la entrevista completa siguiendo este enlace.

El reto de responder a la soledad no deseada desde la acción municipal

Fundación Psicología Sin Fronteras ha coorganizado, junto a la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y el Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid, una formación enfocada a que técnicos y técnicas de las corporaciones locales conozcan intervenciones exitosas frente a situaciones de soledad no deseada.

Esta iniciativa, titulada “El reto de responder a la soledad no deseada desde la acción municipal” se está desarrollando en el marco del Plan de Formación Continua de la FEMP y en ella participan profesionales de las áreas de servicios sociales, personas mayores, policía, educación y juventud de entidades municipales.

Soledad no deseada

La formación les está permitiendo conocer cómo se puede intervenir desde el ámbito local ante situaciones de soledad no deseada, cómo medirla y evaluar los casos y qué respuestas, centradas en la persona y en la evidencia, se pueden ofrecer desde instituciones como los ayuntamientos.

Esta acción formativa contó con una primera intervención por parte de la exministra de Asuntos Sociales, presidenta del Observatorio Soledad no Deseada y presidenta de Honor de la Asociación de Lucha contra la Soledad no Deseada, Matilde Fernández, quien ofreció una visión inicial sobre el estado de la cuestión de la soledad no deseada. 

Si bien las intervenciones han tenido carácter virtual, la última sesión será presencial y está abierta a la asistencia de cualquier persona interesada en la temática.

 

Cuándo: Viernes 16 de diciembre de 2022 desde las 16.00 horas.
Dónde: Salón de Grados de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Complutense de Madrid (Campus de Somosaguas, 28223, Pozuelo de Alarcón, Madrid).

PROGRAMA JORNADA “El reto de responder a la soledad no deseada desde la acción municipal”:

16:00-18:00 horas MESA REDONDA:
– Iván Reinares. Concejal de Bienestar Social. Ayuntamiento de Logroño.
– Trinidad Suárez Rico. Técnica coordinadora del proyecto soledad no deseada – Programa Rompiendo Distancia del Ayuntamiento de Taramundi.
– Javier Barbero. Concejal del Ayuntamiento de Madrid.
– Marichu Calvo. Educadora social. Coordinadora de Mayores. Ayuntamiento de San Fernando – Coslada (Madrid).
– Manuel Martínez. Ex Director Imserso.

18:00-20:00 horas PRESENTACIÓN DE PROYECTOS Y BUENAS PRÁCTICAS.

Entrada libre hasta completar aforo.


Descarga aquí el programa de la mesa redonda del 16 de diciembre. ¡Y difunde si te gusta!

Violencia de Género Intervención terapéutica

Uno de los temas más controvertidos en lo referente a la Violencia de Género (VG) es tratar de averiguar por qué una mujer maltratada permanece en convivencia con su agresor.

Para lograr entenderlo vamos a hacer un recorrido por diferentes teorías.

Una de las teorías más antiguas es la postulada por Rhodes y Baranoff McKenzie la cual hace alusión a la condición masoquista de la mujer, en la que la violencia ejercería el papel de un mediador en el equilibrio, tanto de la relación de pareja, como de las necesidades individuales de sus miembros. Snell, Rosenwall, y Robey, señalan que los periodos de conducta violenta «liberaban» al hombre de su angustia por su inoperancia como tal, al tiempo que permitían a la mujer obtener una satisfacción masoquista; esta última «ayudaba» a la mujer a manejar «su culpa» derivada de su propia «hostilidad expresada en su conducta controladora y castradora». Para La Violette y Barnett, la imposibilidad de controlar la agresión generará en la víctima una afectación motivacional y pasividad y por consiguiente numerosas dificultades para solucionar problemas. La confrontación con la situación genera un trauma emocional a la víctima, lo que conlleva emociones como: frustración, tristeza y una sensación de indefensión ante cualquier situación, lo que nos lleva a mencionar el modelo de Walker, indefensión aprendida, el cual postula que cuando una mujer está sometida a la violencia incontrolable o eventos tremendamente aversivos, su respuesta de reacción queda bloqueada, ya que cualquier conducta que emita será castigada. Otra de las teorías que cobran sentido es la de dependencia emocional. Bajo el paraguas de “amor romántico” la víctima comienza a sentir una fusión con su pareja hasta que acaba siendo un anexo de él, se convierte en algo imprescindible para ella, da igual el trato que le dé, ella seguirá junto a él, aunque le agreda, según señala Walter Riso.

Según Jenkins, las teorías feministas respecto a las emociones y las relaciones sociales revelan asociaciones simbólicas de la emoción con lo irracional, incontrolable, peligroso, natural y femenino. Según la autora, la escasa atención que se presta a las emociones y los sentimientos proviene o tiene su origen en la ideología de la sociedad occidental y patriarcal, a menudo imbuida en el dualismo mente-cuerpo, donde prima la valoración cognitiva frente a la emocional.

La violencia contra las mujeres es una expresión del poder y dominio de los hombres sobre las mujeres, fruto de la estructura social patriarcal que asigna roles de desigual valor a hombres y mujeres, y que se traducen en determinados estereotipos de masculinidad y feminidad, con sus correspondientes mandatos de género, para cumplir adecuadamente lo que la sociedad patriarcal espera de unos y otras Dio Bleichmar, Levinton

Más allá de las diferentes perspectivas teóricas que tratan de explicar y abordar por qué se produce y mantiene el maltrato, vemos que es una conducta aprendida e intencionada con un objetivo claro, controlar la relación, gestionar la ira, etc. En este contexto de desigualdad, es fácil dominar la situación, aunque genere daño y sufrimiento.

Así mismo, la intervención en mujeres que han vivido situaciones de VG no resulta un proceso sencillo, en este sentido es importante mencionar qué deberíamos explorar en una víctima de VG para no caer en intervenciones indiferenciadas. Conviene tener en cuenta la particularidad de cada mujer, la fase del proceso que está atravesando, su grado de conciencia del problema y otros factores que le han conducido a esa situación.

Es por esto, que es interesante hacerse la pregunta respecto a: ¿Qué importancia tiene una intervención terapéutica desde una perspectiva humanista?

Cuando una mujer que ha sufrido/está sufriendo VG, acude o solicita ayuda; es común que muestren dificultades en expresar lo que les pasa, o pueden hacerlo de forma disociada, caótica o incongruente, lo que puede hacer dudar de la veracidad de su relato. Pueden expresar una amplia gama de sentimientos de gran intensidad: “Las mujeres traumatizadas se pueden encontrar aprisionadas entre los extremos de la amnesia y de revivir el trauma, entre mareas de sentimiento intenso y abrumador y áridos estados en los que no tienen ningún sentimiento, entre la acción irritable e impulsiva y una completa inhibición de la acción” Herman, J.

Es por esto por lo que desde una perspectiva humanista hemos querido centrar la intervención focalizándonos en las emociones de la persona afectada, de esta manera podemos ayudar a la aceptación de lo ocurrido y a la gestión emocional de los eventos vividos. En este sentido, las emociones que en mayor medida tienden a vivenciar las mujeres bajo una situación de VG son: miedo, culpa y vergüenza.

  • Miedo: El miedo es una emoción básica, es una señal informativa de que un peligro nos acecha. Nos ayuda a relacionarnos con el ambiente. Sin miedo no podríamos sobrevivir.
  • Culpa: desde un punto de vista psicológico; se entiende por culpa a una acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado. Desde la intervención humanista se entiende que dicho sentimiento aparece por dos motivos: cuando se altera su código de valores y como resultado de aquellos resentimientos no expresados hacia aquellas figuras que son consideradas como significativas para ella.
  • Vergüenza: implica la idea de defecto o inferioridad y una sensación de amor no correspondido y no digno de respeto, donde se asume que debe haber algo malo en mí, pero no se sabe bien qué es. A menudo este sentimiento viene acompañado de episodios donde la mujer se autoinculpa.

Una de las funciones del sentimiento de culpa, es la de regular los comportamientos perjudiciales para la convivencia en sociedad. Podemos en este sentido entender la culpa como una emoción de control. Existe un código moral, propio de cada cultura y religión, que marca los comportamientos inaceptables y los “mandatos” (mandamientos) que deben cumplirse. Las transgresiones de dichos mandatos son los llamados pecados (no desobedecerás, no desearás el mal al prójimo, etc.). El sentimiento de culpa está ahí para notificarnos que algo anda mal en nosotros, en nuestra conciencia. La frase “me duele la conciencia” vendría a ser algo así como: me siento culpable, ya que muchas veces la culpa aparte de sentirla se piensa dentro de nosotros, a través de nuestros juicios.

El sentimiento que se relaciona con la culpa es la vergüenza. En la culpa la preocupación está puesta en el otro, al que se identifica como dañado, mientras que en la vergüenza la preocupación está puesta en uno mismo, en cómo me percibe el otro. Nos juzgamos negativamente, nos rechazamos, nos sentimos culpables y nos castigamos.

En una situación donde se produce maltrato, el sentimiento de culpa nace de un no entendimiento del sistema, al no saber atender eso que está sucediendo fuera la única manera que tiene la mujer maltratada para poder mantener el amor hacia la pareja y el equilibrio en el sistema, llevan a que ella se haga culpable de la situación que se genera y de este modo, preservar el amor.

Sentirse culpable significa sentirse mal respecto a algo sobre lo que ya no podemos intervenir y respecto a nosotros mismos como personas.

Para finalizar, a través de la revisión de los testimonios de mujeres que han sufrido VG, una gran mayoría coinciden en que las ataduras emocionales son increíblemente poderosas. Las emociones en sí, no inhiben el proceso terapéutico, pero sí la incapacidad de las personas para manejar las emociones y usarlas bien.

La intervención terapéutica, al menos al principio, debería resultar reconfortante y tiene que permitirle a la persona liberarse en primer lugar del miedo y de la culpabilidad. Más adelante, cuando el sufrimiento disminuya y la mujer esté más restablecida, se podrá intentar comprender por qué entró en ese tipo de relación destructiva, y por qué no pudo defenderse.

De igual relevancia, en la intervención en mujeres que sufren/han sufrido VG es importante la integración de las dimensiones sensoriales, afectivas, intelectual, social, y espiritual, para permitir una experiencia global donde la vivencia corporal pueda traducirse a palabras y la palabra pueda ser vivenciada corporalmente, teniendo especial cuidado a que todo ello se pueda trabajar en un espacio de seguridad y cuidado por y para ellas.

Por último, hay que señalar que mujeres que han vivido bajo una situación de VG y mujeres que han salido de una situación de malos tratos por parte de sus parejas, dicen que no les gusta que nos referíamos a ellas como víctimas, que prefieren ser consideradas supervivientes.

Marta Narro Rodríguez, Psicóloga colegiada M-34798

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Rhodes, N.; Baranoff McKenzie, E., «Why do battered women stay? Three decades of research», Aggresion and Violent Behavior, 1998, 3, 4, pp. 391-406
  • Snell, J.E.; Rosenwald, R.J.; Robey, A., «The wife-beater’s wife: A study of family interaction». Arch Gen Psychiatry, 1964, 11, pp. 107-113
  • LaViolette, A.; Barnett O., It could happen to anyone. Why battered women stay,2nd ed., Thousand Oaks, California, Sage Publications, 2000. Jenkins, J. H., “The psychocultural study of emotion and mental disorder”, en: Bock, P.K., eds, Handbook of psychological anthropology, Westport, Connecticut, Greenwood Press, 1994.
  • Dio Bleichmar, E. (1991). La depresión en la mujer. Madrid: Temas de Hoy.
  • Herman, J. (2004). Trauma y recuperación. Madrid: Espasa Hoy.

El ser humano es un ser consciente, moral, de costumbres y que intenta ser racional. A lo largo de la historia siempre ha intentado establecer horizontes éticos y morales a sus acciones, intentar conseguir sus objetivos por medio de la razón y que esto sea una guía para su bien personal y también común. No obstante, ¿Qué pasa cuando hacemos algo que nos incomoda y no nos convence a nosotros mismos? ¿Qué pasa cuando “mente” y “corazón” no dicen lo mismo?

Aunque las preguntas están formuladas de una forma muy convencional, vienen a decirnos una realidad psicológica: muchas veces nuestros valores entran en contradicción con lo que realmente hacemos y tenemos una tensión interna por el conflicto generado por ello. Esto es lo que se llama disonancia cognitiva, una percepción de incompatibilidad de dos planteamientos mentales distintos y que modifican las actitudes de los individuos.

El primer psicólogo en exponer este concepto fue Leon Festinger en 1957 con su libro A Theory of Cognitive Dissonance

 

A theory of cognitive dissonance-Leon Festinger

Teoría de la disonancia cognoscitiva

Según Festinger, nos solemos sentir incómodos cuando tenemos creencias conflictivas o cuando lo que hacemos no está en armonía con lo que creemos, y creamos una justificación interna, un “nuevo valor” para poder seguir en coherencia con nosotros mismos.

Muchos ejemplos de la vida actual se nos vienen a la cabeza, como por ejemplo el del fumador. El que fuma, pese a todas las campañas publicitarias y de marketing que van en contra de ello, sabe que es perjudicial, pero aun así sigue fumando. Para reducir esa “tensión”, su autojustificación es “de qué sirve vivir mucho si no se puede disfrutar de la vida”.

No obstante, lejos de pensar que somos completamente racionales y con una integridad moral fuera de toda duda, tenemos momentos en el que no siempre podremos actuar igual en distintos sucesos. Nuestra propia mente “nos ayuda” a solventar esa tensión con una nueva justificación que nos pueda permitir seguir viviendo en armonía con nuestros valores y a su vez, ese sentimiento de bienestar, nos ayuda a sentir que formamos parte de un contexto social dado.

Aunque hay situaciones que son más cotidianas y que no nos suponen más que unos minutos de conflicto, también hay acciones extraordinarias con una elevada carga moral. Por ejemplo, el consumo de sustancias ilegales, la infidelidad, el robo de un objeto muy preciado, etc., se suele recurrir a un mecanismo para resolver esa disonancia cognitiva, la desvinculación moral.

Esta teoría, propuesta por el psicólogo canadiense, Albert Bandura, se basa en al menos 4 mecanismos para mitigar esta infracción moral:

  • Justificación del acto inmoral: desde un planteamiento más a largo plazo, justificamos realizar acciones deplorables por un bien superior.
  • Negación y rechazo de la responsabilidad individual: se exime de responsabilidad porque “las circunstancias” llevaron a realizar un acto o que una omisión es justificable porque la mayoría lo hace.
  • Negación de las consecuencias: es decir, no se considera que se esté lastimando a nadie o no se haya hecho nada grave porque es algo que tiene “fácil solución”.
  • Negación y rechazo de la víctima: la responsabilidad de lo que haya ocurrido es del que ha padecido la acción.

El experimento de Milgram

Una gran fuente de situaciones que nos pueden llevar a una disonancia cognitiva es el de obedecer órdenes. En el trabajo, por ejemplo, seguimos pautas y mandatos de nuestros jefes que muchas veces no están en concordancia en como pensamos o trabajamos, bien por su planteamiento material o porque no queremos realizarlas en ese mismo momento, pero ¿Alguna vez has tenido que hacer cosas de lo que tienes dudas, pero luego piensas “¿Es que lo ha dicho mi jefe y es lo que debo hacer, sus motivos tendrán”?

Esto es lo que el experimento de Milgram quiere demostrar, los mecanismos de la obediencia y el cómo nos autojustificamos, por medio de la autoridad, a hacerlo. Stanley Milgram es un psicólogo estadounidense que, por medio de un experimento en 1961, investigo el cómo las personas aceptamos las órdenes injustas y la solución de esa disonancia cognitiva que se hace por medio de argumentos de autoridad. En este caso, Milgram reclutó a un total de 40 participantes a los que se le invitaba a un experimento de “memoria y el aprendizaje”, a los por el simple hecho de participar se les pagaría cuatro dólares, independientemente de los resultados del mismo.

En el experimento había 3 personas: el investigador (La autoridad) el maestro y el alumno. Se asignaba mediante un sorteo falso el papel de maestro, y el alumno era un cómplice de Milgram, que estaría en una habitación diferente a la del maestro. El maestro realizaba una serie de preguntas y el alumno tenía que responder correctamente, o si no, recibiría una descarga eléctrica. La descarga eléctrica era mayor con cada pregunta equivocada, pero esta descarga era falsa, y se limitaba a un simple sonido de activación en una máquina y un “grito” por parte del alumno-cómplice. Si el maestro se negaba a realizar la descarga por cada pregunta fallida, Milgram instaba a que siguiera realizándolo pese a los gritos (falsos) de dolor. Frases como “es absolutamente esencial que continúe”, “usted no tiene otra opción, debe continuar” eran las utilizadas para que se siguiera con el experimento.

Los resultados fueron muy interesantes, de los 40 participantes, al menos 25 llegaron hasta el nivel máximo, de 450 voltios, pese a que en algunas grabaciones se escuchaban alaridos muy fuertes e incluso se hacía saber al maestro que el alumno tenía problemas cardiacos.

Para Milgram las conclusiones del experimento fueron las siguientes:

  • El sujeto obedece a la autoridad y se exime de responsabilidad a la hora de realizar estos actos.
  • El sujeto, cuanto más lejos está de la víctima, más fácil es que acate las órdenes impuestas.
  • Una personalidad autoritaria es más propensa a obedecer órdenes, y la proximidad con la autoridad le “motiva” a seguir obedeciéndolas.

Ejemplos en la vida real: COVID-19

Con la consideración de esta nueva situación con el Coronavirus, muchas situaciones se nos presentan para realizar una disonancia cognitiva. Con esta situación de confinamiento y cuarentena provisional, aceptamos que el gobierno tenga un control total sobre el movimiento de las personas para evitar la expansión del virus. No obstante, también consideramos necesario que debemos poder movernos, pasear, distraernos de una realidad complicada… En definitiva, salir a la calle.

Aun considerando que lo primordial es el bien común, salimos con el perro varias veces a lo largo del día, se realizan toda clase de trampas o se justifican mentiras dichas para evitar las sanciones de la policía, que en cualquier otro caso no haríamos. ¿Qué es lo que hacemos tras realizar todo este tipo de acciones? Para sentirnos mejor nos justificamos de esta forma:

  • “Así el perro está en forma y no está tan confinado estos días, él necesita pasear y tengo que ir yo con él”.
  • Porque me dé una vuelta larga para ir al supermercado “sé que lo que voy a comprar tengo suficiente en casa, pero voy a ver si hay algo que todavía no tengo”.
  • “No creo que pase nada por quitarme la mascarilla un momento, no estoy enfermo ni tampoco estoy en pleno contacto con otras personas”.
  • “Estoy enfermo y tengo una leve sospecha de estar contagiado, no tengo fiebre, pero empiezo a encontrarme mal de la garganta, si voy a un centro médico no voy a tolerar que no me atiendan, son médicos y deben de hacer su trabajo, les guste o no y si esto supone un peligro para ellos o para otras personas que solo están de paso, es mi salud y yo he de cuidar por mí”.

Adrián Lagos Cobelas, abril 2020.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Barnes, C., & Leavitt, K. (2010). Desvinculación moral: ¿Cuándo los buenos soldados harán cosas indebidas? Military Review, edición en español.
  • Bietti, L. M. (2009). Disonancia cognitiva: procesos cognitivos para justificar acciones inmorales. Ciencia Cognitiva, 3(1), 15-17.
  • Garrido, E., Herrero, C., & Masip, J. (2004). Teoría Cognitiva social de la conducta moral y de la delictiva. In memoriam Alexandri Baratta, 379-414.
  • Gómez González, L. (2015). Disonancia cognitiva y racionalidad práctica.
  • Salomone, G., & Michel Fariña, J. (2011). El experimento de Stanley Milgram: cuestiones éticas y metodológicas. Ética y ciencia. De la eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas, 11-14.
  • Vadillo, I. (2004). La disonancia cognitiva, o como el ser humano se convierte en esclavo de sí mismo. Consultado en: http://paginaspersonales. deusto. es/matute/psicoteca/articulos/Vadillo04. htm.
fake news

Con el transcurso de los años, ha ido aumentando la propagación de bulos, rumores y falsas noticias. Es algo que siempre ha estado ahí y hemos estado expuestos a ello durante un largo tiempo, pero a medida que la tecnología ha ido avanzando, gracias a Internet y a las diversas redes sociales, se ha ido propagando a una velocidad mucho más seria y preocupante. Los bulos y noticias falsas, también conocidas como “fake news”, comúnmente se propagan mediante las redes sociales, pero en ocasiones también los medios ayudan a su propagación. La inmediatez informativa exige rapidez, exige que las noticias no sean contrastadas como deberían y ahí nacen las falsas noticias y bulos.

 

El hecho de contrastar informaciones y verificarlas es un trabajo que implica detenimiento, precisión y una inversión de tiempo que a veces no se puede brindar, sobre todo cuando la noticia sale de redes sociales. Sin una inspección del contenido, la historia cobra vida propia, se vuelve viral y se difunde de boca en boca o a través de nuestras pantallas digitales, hasta que se vuelve tan viral que resulta creíble y difícil de desmentir.

Basado en diferentes datos empíricos, recientemente se ha descubierto que la red que propaga las noticias falsas y los bulos es muy diferente de la de las noticias reales. La falsedad se propaga sorprendentemente con mayor rapidez, y no solo eso, sino que llegan mucho más lejos, y de manera más profunda que las noticias de verdad, que tienen un argumento válido que las sustenta.

Estas fake news, que pueden llegar a ser historias o incluso declaraciones inventadas sin ningún tipo de confirmación, deambulan en línea a través de la vía de las redes sociales. La rápida circulación de estas noticias puede calar rápidamente y de manera negativa en la opinión pública y distorsionar la sociedad. Muchas de ellas son noticias inofensivas, no creadas intencionadamente, pero también las hay intencionadas, noticias que crean amenazas para la sociedad. Por ello, es importante que, al ser muy difícil de impedir la divulgación de estos rumores falsos, los medios fiables estén preparados para responder y minimizar el riesgo, corrigiéndolas independientemente del contenido. Detectarlas a tiempo es algo crucial. El término “falso” ya es suficientemente negativo, por lo que es importante que al desmentirlas no se empleen más términos negativos, porque pueden llegar a reforzar la mentira e incluso a asumir un riesgo innecesario; es clave dar un mensaje coherente y evitar la repetición del contenido falso.

Ajeno al hecho de que se difundan rápidamente o que la gente pueda creerlas o no, existe un riesgo significativo para las personas que las reciben, así como para las industrias e incluso los gobiernos. Por lo general, los bulos no traen consecuencias positivas. Al propagar un bulo, se crea una idea falsa en las personas, algo lejos de la realidad que conlleva una consecuencia negativa. Las falsas noticias tienen un poder de destrucción en muchos ámbitos, como puede ser el periodístico o el político.

 

Es cierto que no todas las falsas noticias son igual de impactantes e irreparables, pero en ocasiones pueden sembrar el miedo en las personas, y hacer que se creen situaciones que estén fuera de control. Llega un momento en el que, al recibir tanta información, ni siquiera pensamos en contrastarla, y ya no sabemos qué información es creíble y útil y la que no lo es, y eso es algo peligroso. Dejamos de hacer caso a lo que realmente deberíamos considerar importante, o hacemos demasiado caso a cosas que ni siquiera son ciertas. Condicionamos nuestras opiniones y pensamientos y actuamos de manera irracional cuando nos invade el miedo y la incertidumbre. Por eso es importante ser conscientes, no dejar que nuestra mente se alimente de la prisa y pararnos a pensar de dónde viene la información, de si podría ser mentira, y contrastarla.  Pensar antes de actuar, y sobre todo ser cautos al reenviar un mensaje, por ejemplo de WhatsApp y no ayudar al caos ni a la difusión de noticias falsas. Recuerda no compartir nada en “modo automático”.

Otra recomendación a tener en cuenta, es revisar quién es el transmisor, no es lo mismo un video anónimo que si proviene The New York Times… y ya para finalizar identifica la fuente original de la información y confirma la información en los sitios oficiales de la fuente.

Al final, lo mejor es ir a las fuentes originales.

María Lapeña Illán, marzo 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Haber, M. (2017). The real risks of fake news. Risk Management64(3), 10-12.
  • Manzano Carrilero, A. (2018). La importancia de la verificación de las informaciones en la era de la posverdad. El desarrollo de iniciativas periodísticas frente a bulos y noticias falsas (Bachelor’s thesis).
  • Moya, A. C. (2018). Las «3 C» en la respuesta integral a emergencias. bie3: Boletín IEEE, (12), 752-774.
  • Zhao, Z., Zhao, J., Sano, Y., Levy, O., Takayasu, H., Takayasu, M., … & Havlin, S. (2018). Fake news propagate differently from real news even at early stages of spreading. arXiv preprint arXiv:1803.03443.

 

el poder del miedo

El mundo actual está impregnado de miedo, y a veces podemos encontrarnos en situaciones en las que actuamos movidos por temor. La gran influencia de los medios de comunicación nos hace pensar en lo asustados que “deberíamos estar” desde que nos levantamos y vemos las noticias de la mañana. La gran noticia del coronavirus y su extensión resuena por todos sitios a todas horas (radio, televisión, redes sociales, personas de nuestro alrededor, conversaciones ajenas en la cola del supermercado…). Esto hace que nuestros temores se multipliquen y nos podamos encontrar agitados, en estado de alerta, sin dejar de pensar en la enfermedad, con aumento del ritmo cardíaco, sudoración, temblores, insomnio…

 

Todos los medios anuncian los síntomas de la enfermedad, lo importante que es lavarse las manos y mantenerse a más de un metro de las personas, sobre todo si nos hallamos en población de riesgo, pero ¿qué hay del malestar psicológico? ¿Qué podemos hacer si nos encontramos aterrados todo el tiempo?

El Colegio Oficial de Psicólogos tiene recomendaciones para este caso en particular. Antes de nada, es importante identificar los pensamientos que pueden generarnos malestar, reconocer nuestras emociones y aceptarlas. No nos tenemos que dejar engañar por las noticias falsas, por lo que debemos buscar pruebas de realidad y datos fiables en medios oficiales. De esta forma, podremos informar a nuestros seres queridos de manera realista, sin propagar un miedo infundado, y evitando la sobreinformación que en muchas ocasiones resulta abrumadora y confusa.

El autocuidado mental es necesario, tanto para los pequeños como para los adultos. Continuar con nuestras rutinas y procurar hacer vida normal dentro de lo posible es esencial. También hay que tener cuidado con las conductas de rechazo y discriminación. El miedo puede hacer que reaccionemos de manera impulsiva, pero si lo tenemos en cuenta con antelación, podremos evitarlo. Debemos mantener una actitud optimista y objetiva, apoyándonos en familia y amigos para mantener la calma y adaptarnos a la situación. Evitar hablar constantemente del tema nos ayudará, pudiendo poner nuestro foco de atención en otros temas relevantes en nuestra vida, puesto que esta no se ha paralizado por el COVID-19, y continúa a pesar del miedo.

En cuanto a los más pequeños, ocultarles el problema y no explicárselo es un error, puesto que la confusión, sumado a lo que escuchan en todos los medios, hace que magnifiquen el problema, sintiendo un gran miedo a enfermar y morir. Una forma de protegerles de estos pensamientos es explicárselo de forma sencilla y realista, trabajando la información con dibujos y preguntándoles cómo se sienten y qué pueden hacer para tranquilizarse. Es posible que detrás del miedo se halle desinformación, confusión o tristeza, y comprenderlo, explicar correctamente las medidas de seguridad que deben tomar e informar de que se está trabajando para acabar con este peligro, es muy importante para su bienestar.

 

En internet se encuentran varios medios para explicarles la situación, tales como el cuento “¡Hola! Soy el coronavirus”, las campañas de información infantil sobre el coronavirus y las infografías del Ministerio de Sanidad o el uso de canciones infantiles para el lavado de manos, recomendación de organizaciones infantiles como Unicef (https://www.instagram.com/p/B9g39i3DASk/).

Todos hemos podido vivir en primera persona las consecuencias del miedo, resultando en una histeria colectiva que ha empujado a la gente a acudir en masa a supermercados para abastecerse de comida y utensilios de limpieza.

 

Esto es una clara consecuencia del pánico desatado por el desconocimiento de lo que pueda deparar el futuro. Podría decirse que el miedo está contagiándose mucho más rápido que el propio virus.

Sin embargo, es importante, de nuevo, ser objetivos y atender a la información ofrecida por las grandes cadenas alimenticias, tales como Mercadona, que garantizan el correcto abastecimiento de comida. Del temor a quedarnos sin comida o papel higiénico suficiente pasamos al temor a ser contagiados por alguien cercano a nosotros.

Basta con toser en público para ver las caras de repulsión y comprobar que todo el mundo da un paso lejos de nosotros. El miedo a veces se refleja en forma de ira, llegando a discusiones acaloradas en trenes, o incluso aterrizajes forzosos de aviones, únicamente por toser o estornudar en una época en la que estas acciones ofenden y aterran.

En conclusión, aparte de conocer las medidas de seguridad tanto físicas como psicológicas para defendernos ante esta amenaza, es importante confiar siempre en medios oficiales y ser objetivos. Nos encontramos en una época en la que tenemos los mejores índices de seguridad, aunque esto no se vea reflejado en la sensación de seguridad de las personas. Este miedo es inducido, planificado y estructurado, y es importante percatarse de su intencionalidad para ver que en realidad está beneficiando a unos cuantos mientras el resto se siente desesperanzados. Por tanto, debemos responder al temor con solidaridad, unidad y una adecuada respuesta colectiva.

Paula López Cortés, Marzo 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Colegio Oficial de Psicólogos (2020). Recomendaciones dirigidas a la población para un afrontamiento eficaz ante el malestar psicológico generado por el brote de Coronavirus-COVID 19.
  • Compras masivas por el pánico al coronavirus: ¿Por qué el papel higiénico es el producto más demandado? (11 de marzo del 2020). 20 minutos. Recuperado de www.20minutos.es
  • Fouce Fernández, J. G. (26 de febrero del 2020). La era del medioceno. El Obrero. Defensor de los trabajadores. OPINIÓN. Recuperado de https://elobrero.es/opinion/43374-la-era-del-miedoceno.html
  • Molina Cruz, M. (2020). ¡Hola! Soy el Coronavirus. Mindheart. Recuperado de http://www.mindheart.co/
  • Rolfe, B. (10 de marzo de 2020). Pasajeros del tren pelean por una tos “repugnante” movidos por el miedo al coronavirus. Yahoo! Noticias. Recuperado de https://es.noticias.yahoo.com/
  • Tizón, J. L. (2011). El poder el miedo ¿Dónde guardamos nuestros temores cotidianos? Morata, Madrid.
  • Un avión aterriza de emergencia tras el estornudo de un pasajero. (11 de marzo de 2020). Noticias de Navarra. Recuperado de https://amp.noticiasdenavarra.com/
el lenguaje de la violencia de género

Definimos violencia de género como todo tipo de agresión física, sexual, verbal o psicológica hacia una persona por el mero hecho de ser mujer u hombre. Actualmente, se hace mayor referencia a la violencia de género como la violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres estén o hayan estado en una relación sentimental. Según una recogida de datos de “EL PAÍS”, se estima que han muerto 1.026 mujeres desde el 2003 a manos de sus parejas o exparejas en España.

Cuando se narran hechos como estos solemos darle mayor importancia a la violencia física, ya que es la que provoca los daños más visibles e incluso, en muchos casos, la muerte. Pero… ¿Existe otro tipo de violencia aparte de la que se profesa físicamente? ¿Es posible que la sociedad ejerza violencia de género sobre las mujeres, de forma continua e imperceptible?

Con ello hacemos referencia a insultos, faltas de respeto, miradas y gestos de desprecio, ignorar a la persona, apartarla del ámbito social, familiar, etc. Pero no solo los agresores directos ejercen violencia de género sobre las mujeres, la sociedad en sí la crea e incide en ella continuamente. Hablamos en este caso de violencia simbólica o cultural, la cual encontramos presente en diversos ámbitos como el arte, la religión, medios de comunicación e incluso el lenguaje.

 

Y es en esta última “arma”, en la que haremos, en esta ocasión, mayor hincapié, pues es tan sutil como dañina. La lengua es la forma predominante que utilizamos los humanos para comunicarnos, con ella no solo transmitimos el mensaje, influimos también en la manera de sentir y en la mentalidad de los receptores. En la lengua y literatura española hallamos varios métodos por los cuales se violenta a la mujer:

  • Utilizando los genéricos en masculino. La RAE no admite hacer referencia al término femenino “ellas” cuando existe al menos un varón en el grupo, pero sí es posible a la inversa y expresa a su vez que es más adecuado decir “ellos” que “ellos y ellas”, en caso de haber un par de mujeres en un grupo de hombres, por economizar.

“Ese dejar de existir en la lengua aboca a las mujeres a la nada, las rebaja y las humilla”. (Calero, Fernández. 2019).

  • En las diversas asimetrías léxicas, ejemplo de ello son los oficios. A la hora de denominar ciertos trabajos encontramos que hay palabras que designan a los hombres, pero no a las mujeres y muchos de ellos, hacen referencia a puestos “importantes” o de altos cargos, como, por ejemplo: (la) gerente y no la gerenta, (la) médico y no la médica, jefe (puesto de importancia), jefa (utilizado mayormente de forma peyorativa). Incluso encontramos sustantivos con ambas formas gramaticales, pero con diferente significado: secretario (cargo importante), secretaria (subordinada de alguien). De esta manera, las niñas no pueden sentirse identificadas y de una forma inconsciente asientan que los médicos, gerentes, puestos de mayor relevancia… recaen en hombres, privándolas de esta manera de recursos motivacionales que sus compañeros masculinos adquieren por múltiples vías.
  • La RAE, por otra parte, vigoriza tales asimetrías, dotando a los sustantivos y adjetivos femeninos de términos “insultantes” y fortaleciendo las virtudes de los hombres. Al buscar el significado de hombre, observamos que la mayoría de los significados son exaltantes y prominentes, hombres de deber, de honor y fortaleza, si, por el contrario, nos fijamos en el significado de mujer, predomina el término prostituta en numerosas definiciones. Ocurre de forma similar cuando indagamos en sustantivos como perro/a, zorro/a, donde el significado en masculino hace referencia al animal o a la astucia, y, en cambio, al tratarse del término en femenino, en ambas situaciones son referenciados como insulto hacia las mujeres. Provocando a su vez en ellas baja autoestima, frustración, falta de referentes, etc.

Si indagamos con esmero encontraremos que la lengua y literatura española infravalora a las mujeres, alzando del mismo modo a los hombres, otorgándoles el poder y el deber de permanecer por encima. En nuestra mano está no favorecer dichas conductas lingüísticas que repercuten tan negativamente. Tal y como expone Anna María Fernández, “el lenguaje no es sexista ni androcentrista: quienes lo compartimos y utilizamos somos los responsables de darles esas características”.

Raquel Almodóvar Ruiz, noviembre 2019

Bibliografía:

  • Calero, Fernández, Mª A. (2019) De cómo la lengua violenta a las mujeres. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Castaño, Estébanez, I. (2019) Paradigma de las violencias de género e interseccionalidad. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Cronología de víctimas mortales de violencia de género de 2019. Madrid (2019). Página web: https://elpais.com/sociedad/2019/02/06/actualidad/1549439631_636546.html
  • Fernández, A,M. (2012). La violencia en el lenguaje o el lenguaje que violenta. México: Ítaca Uam.
  • Peris, Vidal, M. (2015) La importancia de la terminología en la Conceptualización de la Violencia de Género. Oñati Socio-legal Series.
  • Varela, N. (2013). Violencia simbólica. Página web: http://nuriavarela.com/violencia-simbolica/
violencia de género

La Organización Mundial de la Salud, expone la definición de violencia de género en boca de las Naciones Unidas como “todo acto de violencia que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”. Se trata de una definición clara y sencilla, que resulta de interés ampliar. Todos conocemos los actos de violencia física que ejercen los agresores a las mujeres, pero, ¿cuán dañina es la violencia que no percibimos a simple vista?

Hablamos entonces de la violencia psicológica. La violencia física, por tanto, siempre viene precedida de ésta, en la cual se incluyen los continuos ataques verbales y conductuales que recibe la víctima por parte del hombre. De este modo, siguiendo unas fases concretas se crea un círculo del cual es difícil salir.

Dichas fases son:

  • Fase de acumulación de la tensión: los conflictos van surgiendo dentro de la pareja. El agresor expresa violencia mayormente de forma verbal, impide la comunicación con la víctima con el objetivo de posicionarse sobre ella y controlarla. El agresor “demuestra” a la víctima que es superior a ella y de la misma manera la excluye de su mundo social y familiar, haciéndola sumisa.
  • Fase de agresión: Tal y como indica el título, en esta fase predominan los notorios malos tratos psicológicos y físicos agravando los síntomas de ansiedad, estrés y temor en la mujer.
  • Fase de reconciliación o “luna de miel”: el agresor se muestra arrepentido, convenciendo a la víctima de que fue puntual y no volverá a ocurrir.

Todas estas fases introducen a la mujer en un estado de descontrol, sumisión, ansiedad, depresión, inadaptación social y disfunciones sexuales. Inhibiendo así sus capacidades, recursos y habilidades para reaccionar ante dichas situaciones. Diversos autores indican que el pasar por todo tipo de violencias verbales, físicas, psicológicas y sexuales, provoca en las mujeres trastorno por estrés postraumático (TEP) (Kessler, Sonnega, Hughes y Nelson, 1995) y/o Trastorno adaptativo (TA) (American Psychiatric Association, 2014).

Hallamos diversas opiniones en nuestra sociedad acerca de la violencia de género, por desgracia actualmente siguen persistiendo los prejuicios a las mujeres tanto por hombres como por otras de su mismo sexo, juzgándolas y culpándolas por permanecer o fomentar la situación en la que se encuentran. Es fundamental comprender la importancia del maltrato psicológico y saber actuar de forma adecuada lo antes posible contando con la mediación de profesionales (psicólogos, trabajadores sociales, médicos, agentes de seguridad…)

Por desgracia las mujeres no son las únicas víctimas cuando se da violencia de género en el seno familiar, los hijos de estas suelen ser víctimas potenciales en estas situaciones y, como con ellas, aunque no halla muestras de violencia física se dan rasgos psicológicos característicos y muy determinantes para su salud presente y futura.

Ya sea por recibir violencia directamente del agresor o de forma indirecta al presenciar la violencia dirigida a su madre, o cuando ésta es incapaz de atender sus necesidades básicas, físicas y/o emocionales.

Esto provoca en los niños múltiples alteraciones emocionales tales como ansiedad, depresión, baja autoestima y negligente o nula vinculación afectiva con sus progenitores, lo que deteriorará sus futuras relaciones. Del mismo modo podemos percibir en estos niños y niñas, un posible retraso en el lenguaje, escasa intencionalidad de comunicación, falta de habilidades sociales, fracaso escolar, conductas problemáticas o por el contrario ser víctimas (de nuevo) en el ámbito escolar (bullying), etc.

Por ello desde el ámbito de la salud, los profesionales (médicos de cabecera, psicólogos, etc) debemos estar alerta cuando demos con mujeres y niños con características similares. Estar bien cualificado y hacer las preguntas adecuadas pueden sacar a la luz situaciones de violencia de género que a simple vista (como las agresiones físicas) no se ven, pero que relucen al estudiar debidamente los síntomas psicológicos y conductuales de los afectados.

SI CONOCES ALGÚN CASO O CREES QUE SE PUEDE ESTAR DANDO UNA SITUACIÓN DE VIOLENCIA DE GÉNERO, NO TE CALLES, POR ELLA, POR ELLOS.

HAY SALIDA, 016

Raquel Almodovar Ruiz, Noviembre 2019

Bibliografía:

  • Calero, Fernández, Mª A. (2019) De cómo la lengua violenta a las mujeres. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Castaño, Estébanez, I. (2019) Paradigma de las violencias de género e interseccionalidad. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Cronología de víctimas mortales de violencia de género de 2019. Madrid (2019). Sitio web: https://elpais.com/sociedad/2019/02/06/actualidad/1549439631_636546.html
  • Fernández, A,M. (2012). La violencia en el lenguaje o el lenguaje que violenta. México: Ítaca Uam.
  • Peris, Vidal, M. (2015) La importancia de la terminología en la Conceptualización de la Violencia de Género. Oñati Socio-legal Series.
  • Varela, N. (2013). Violencia simbólica. Sitio web: http://nuriavarela.com/violencia-simbolica/
  • Del Prado, Ordóñez Fernández, M, y González, Sánchez, P. (2012). Las víctimas invisibles de la Violencia de Género. 2019, de SciELO Analytics. Sitio web: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1699-695X2012000100006&lng=es&nrm=iso&tlng=es
  • Arce, R; Fariña, F, y Vilariño, M. (2015). Daño psicológico en casos de víctimas de violencia de género: estudio comparativo de las evaluaciones forenses. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 6, 72-80.
  • Ciclos de la violencia de género. (2011). Blog sobre Violencia de Género. Sitio web: noalmaltrato.com
  • Violencia contra la mujer. Organización Mundial de la Salud. Sitio web: https://www.who.int/topics/gender_based_violence/es/