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El pasado 14 de febrero, el área de Feminismos y Género de la Fundación Psicología Sin Fronteras inició su actividad organizando una tertulia online en la que se presentaron los resultados de la investigación “La presencia de modelos tóxicos de sexualidad en la adolescencia”. Si no pudiste estar, ahora compartimos contigo el enlace al video de este encuentro.

Si deseas ver la tertulia “La presencia de modelos tóxicos de sexualidad en la adolescencia”, pincha aquí.

La tertulia estuvo moderada por la trabajadora social y especialista en violencia de género y atención desde la escucha, Esmeralda Bollada, y contó con la participación de la psicóloga y coordinadora del área de Feminismos y Género, Paula Roldán y del antropólogo y consultor independiente, David Kaplún.

Durante el encuentro, las personas asistentes tuvieron la posibilidad de participar y ofrecer su punto de vista sobre masculinidad, sexualidad y adolescencia, cuestiones que preocupan tanto a madres y padres como a profesionales de la intervención social y de la educación.

Violencia de Género Intervención terapéutica

Uno de los temas más controvertidos en lo referente a la Violencia de Género (VG) es tratar de averiguar por qué una mujer maltratada permanece en convivencia con su agresor.

Para lograr entenderlo vamos a hacer un recorrido por diferentes teorías.

Una de las teorías más antiguas es la postulada por Rhodes y Baranoff McKenzie la cual hace alusión a la condición masoquista de la mujer, en la que la violencia ejercería el papel de un mediador en el equilibrio, tanto de la relación de pareja, como de las necesidades individuales de sus miembros. Snell, Rosenwall, y Robey, señalan que los periodos de conducta violenta «liberaban» al hombre de su angustia por su inoperancia como tal, al tiempo que permitían a la mujer obtener una satisfacción masoquista; esta última «ayudaba» a la mujer a manejar «su culpa» derivada de su propia «hostilidad expresada en su conducta controladora y castradora». Para La Violette y Barnett, la imposibilidad de controlar la agresión generará en la víctima una afectación motivacional y pasividad y por consiguiente numerosas dificultades para solucionar problemas. La confrontación con la situación genera un trauma emocional a la víctima, lo que conlleva emociones como: frustración, tristeza y una sensación de indefensión ante cualquier situación, lo que nos lleva a mencionar el modelo de Walker, indefensión aprendida, el cual postula que cuando una mujer está sometida a la violencia incontrolable o eventos tremendamente aversivos, su respuesta de reacción queda bloqueada, ya que cualquier conducta que emita será castigada. Otra de las teorías que cobran sentido es la de dependencia emocional. Bajo el paraguas de “amor romántico” la víctima comienza a sentir una fusión con su pareja hasta que acaba siendo un anexo de él, se convierte en algo imprescindible para ella, da igual el trato que le dé, ella seguirá junto a él, aunque le agreda, según señala Walter Riso.

Según Jenkins, las teorías feministas respecto a las emociones y las relaciones sociales revelan asociaciones simbólicas de la emoción con lo irracional, incontrolable, peligroso, natural y femenino. Según la autora, la escasa atención que se presta a las emociones y los sentimientos proviene o tiene su origen en la ideología de la sociedad occidental y patriarcal, a menudo imbuida en el dualismo mente-cuerpo, donde prima la valoración cognitiva frente a la emocional.

La violencia contra las mujeres es una expresión del poder y dominio de los hombres sobre las mujeres, fruto de la estructura social patriarcal que asigna roles de desigual valor a hombres y mujeres, y que se traducen en determinados estereotipos de masculinidad y feminidad, con sus correspondientes mandatos de género, para cumplir adecuadamente lo que la sociedad patriarcal espera de unos y otras Dio Bleichmar, Levinton

Más allá de las diferentes perspectivas teóricas que tratan de explicar y abordar por qué se produce y mantiene el maltrato, vemos que es una conducta aprendida e intencionada con un objetivo claro, controlar la relación, gestionar la ira, etc. En este contexto de desigualdad, es fácil dominar la situación, aunque genere daño y sufrimiento.

Así mismo, la intervención en mujeres que han vivido situaciones de VG no resulta un proceso sencillo, en este sentido es importante mencionar qué deberíamos explorar en una víctima de VG para no caer en intervenciones indiferenciadas. Conviene tener en cuenta la particularidad de cada mujer, la fase del proceso que está atravesando, su grado de conciencia del problema y otros factores que le han conducido a esa situación.

Es por esto, que es interesante hacerse la pregunta respecto a: ¿Qué importancia tiene una intervención terapéutica desde una perspectiva humanista?

Cuando una mujer que ha sufrido/está sufriendo VG, acude o solicita ayuda; es común que muestren dificultades en expresar lo que les pasa, o pueden hacerlo de forma disociada, caótica o incongruente, lo que puede hacer dudar de la veracidad de su relato. Pueden expresar una amplia gama de sentimientos de gran intensidad: “Las mujeres traumatizadas se pueden encontrar aprisionadas entre los extremos de la amnesia y de revivir el trauma, entre mareas de sentimiento intenso y abrumador y áridos estados en los que no tienen ningún sentimiento, entre la acción irritable e impulsiva y una completa inhibición de la acción” Herman, J.

Es por esto por lo que desde una perspectiva humanista hemos querido centrar la intervención focalizándonos en las emociones de la persona afectada, de esta manera podemos ayudar a la aceptación de lo ocurrido y a la gestión emocional de los eventos vividos. En este sentido, las emociones que en mayor medida tienden a vivenciar las mujeres bajo una situación de VG son: miedo, culpa y vergüenza.

  • Miedo: El miedo es una emoción básica, es una señal informativa de que un peligro nos acecha. Nos ayuda a relacionarnos con el ambiente. Sin miedo no podríamos sobrevivir.
  • Culpa: desde un punto de vista psicológico; se entiende por culpa a una acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado. Desde la intervención humanista se entiende que dicho sentimiento aparece por dos motivos: cuando se altera su código de valores y como resultado de aquellos resentimientos no expresados hacia aquellas figuras que son consideradas como significativas para ella.
  • Vergüenza: implica la idea de defecto o inferioridad y una sensación de amor no correspondido y no digno de respeto, donde se asume que debe haber algo malo en mí, pero no se sabe bien qué es. A menudo este sentimiento viene acompañado de episodios donde la mujer se autoinculpa.

Una de las funciones del sentimiento de culpa, es la de regular los comportamientos perjudiciales para la convivencia en sociedad. Podemos en este sentido entender la culpa como una emoción de control. Existe un código moral, propio de cada cultura y religión, que marca los comportamientos inaceptables y los “mandatos” (mandamientos) que deben cumplirse. Las transgresiones de dichos mandatos son los llamados pecados (no desobedecerás, no desearás el mal al prójimo, etc.). El sentimiento de culpa está ahí para notificarnos que algo anda mal en nosotros, en nuestra conciencia. La frase “me duele la conciencia” vendría a ser algo así como: me siento culpable, ya que muchas veces la culpa aparte de sentirla se piensa dentro de nosotros, a través de nuestros juicios.

El sentimiento que se relaciona con la culpa es la vergüenza. En la culpa la preocupación está puesta en el otro, al que se identifica como dañado, mientras que en la vergüenza la preocupación está puesta en uno mismo, en cómo me percibe el otro. Nos juzgamos negativamente, nos rechazamos, nos sentimos culpables y nos castigamos.

En una situación donde se produce maltrato, el sentimiento de culpa nace de un no entendimiento del sistema, al no saber atender eso que está sucediendo fuera la única manera que tiene la mujer maltratada para poder mantener el amor hacia la pareja y el equilibrio en el sistema, llevan a que ella se haga culpable de la situación que se genera y de este modo, preservar el amor.

Sentirse culpable significa sentirse mal respecto a algo sobre lo que ya no podemos intervenir y respecto a nosotros mismos como personas.

Para finalizar, a través de la revisión de los testimonios de mujeres que han sufrido VG, una gran mayoría coinciden en que las ataduras emocionales son increíblemente poderosas. Las emociones en sí, no inhiben el proceso terapéutico, pero sí la incapacidad de las personas para manejar las emociones y usarlas bien.

La intervención terapéutica, al menos al principio, debería resultar reconfortante y tiene que permitirle a la persona liberarse en primer lugar del miedo y de la culpabilidad. Más adelante, cuando el sufrimiento disminuya y la mujer esté más restablecida, se podrá intentar comprender por qué entró en ese tipo de relación destructiva, y por qué no pudo defenderse.

De igual relevancia, en la intervención en mujeres que sufren/han sufrido VG es importante la integración de las dimensiones sensoriales, afectivas, intelectual, social, y espiritual, para permitir una experiencia global donde la vivencia corporal pueda traducirse a palabras y la palabra pueda ser vivenciada corporalmente, teniendo especial cuidado a que todo ello se pueda trabajar en un espacio de seguridad y cuidado por y para ellas.

Por último, hay que señalar que mujeres que han vivido bajo una situación de VG y mujeres que han salido de una situación de malos tratos por parte de sus parejas, dicen que no les gusta que nos referíamos a ellas como víctimas, que prefieren ser consideradas supervivientes.

Marta Narro Rodríguez, Psicóloga colegiada M-34798

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Rhodes, N.; Baranoff McKenzie, E., «Why do battered women stay? Three decades of research», Aggresion and Violent Behavior, 1998, 3, 4, pp. 391-406
  • Snell, J.E.; Rosenwald, R.J.; Robey, A., «The wife-beater’s wife: A study of family interaction». Arch Gen Psychiatry, 1964, 11, pp. 107-113
  • LaViolette, A.; Barnett O., It could happen to anyone. Why battered women stay,2nd ed., Thousand Oaks, California, Sage Publications, 2000. Jenkins, J. H., “The psychocultural study of emotion and mental disorder”, en: Bock, P.K., eds, Handbook of psychological anthropology, Westport, Connecticut, Greenwood Press, 1994.
  • Dio Bleichmar, E. (1991). La depresión en la mujer. Madrid: Temas de Hoy.
  • Herman, J. (2004). Trauma y recuperación. Madrid: Espasa Hoy.
qué es el duelo psicológico

¿Qué es duelo?

El duelo se define como un proceso psicológico y emocional que se inicia tras una pérdida y dependerá de la importancia de ésta. El duelo habitualmente se asocia con la muerte de un ser querido, pero en realidad las personas a lo largo de nuestra vida sufrimos separaciones o pérdidas de algo o alguien que es importante para nosotros, se da por ejemplo con la pérdida del trabajo por despido o jubilación, de un objeto valioso o por una enfermedad o pérdida de capacidades de uno mismo u otros, entre otras.

Al igual que no todas las personas somos iguales, tampoco lo son todos los procesos de duelo, aun así, existen unas características comunes en el proceso.  Esta manifestación del duelo se puede agrupar de la siguiente forma:

  • Dimensión física. Se trata de las formas fisiológicas que aparecen en el duelo, como dolor o molestias en el estómago, opresión en el pecho o la garganta, palpitaciones, tensión muscular, disnea, cambios del sueño, entre otras.
  • Dimensión emocional. En este punto se apuntan los cambios de estado de ánimo como tristeza, ira, culpa, miedo, ansiedad, venganza o incluso alivio.

Las emociones no son buenas ni malas, son adaptativas y nos ayudan a adaptarnos al entorno. Es normal que en un proceso de duelo aparezcan varias emociones dependiendo del contexto, por ejemplo: Si unos padres han perdido a su hijo en un accidente de moto, pueden sentir tristeza por la pérdida, culpa en el caso de que ellos le hubiesen regalado esa moto como premio a final de curso o ira y venganza si el accidente ha sido provocado por un conductor que dio positivo en el test de drogas.

Todas las emociones son válidas y no debemos sentir culpa o vergüenza de ellas, es importante expresarlas, gestionarlas y en caso de no poder hacerlo buscar ayuda profesional.

  • Dimensión cognitiva. Se trata de aquellas manifestaciones como dificultad para concentrarse, rumiación de ideas, falta de interés.
  • Dimensión conductual. Esta dimensión se refiere a los cambios del comportamiento respecto a la situación previa. Aislamiento, hiperactividad, aumento o inicio de consumo de tabaco, alcohol u otras drogas, realizar conductas de riesgo, autolesiones.
  • Dimensión social. La persona puede aislarse socialmente, tener enfrentamientos con familiares o amigos, culpar a otros de olvidar al difunto demasiado pronto.
  • Dimensión espiritual. Este apartado hace referencia a la parte más mística de una pérdida, preguntas sobre la vida y la muerte, replantearse valores, creencias o formas de vida anteriores.

 

Fases del duelo

Distintos autores han hecho sus propias teorías acerca el duelo y las fases que se dan durante el mismo. No todas las personas somos iguales, por lo que el proceso de duelo tampoco es igual en todos. Las fases del duelo no tienen unos límites rígidos establecidos y se pasa de una a otra de una forma clara, es decir las fases fluctúan unas con otras. De la misma forma no todas las personas pasaran por todas las fases necesariamente.

La teoría más extendida es la de Elisabeth Kübler Ross y a continuación se describen las fases:

Fase Negación

Fase Ira

Fase Negociación

Fase Depresión

Fase Aceptación

Negar la realidad de la pérdida y lo que sucede de forma explícita o implícita. Sentimientos de rabia, venganza, resentimiento.

Búsqueda de culpables

Sensación de control, que se puede manejar la pérdida.

“Hacer tratos” con entes divinas

Culpa y responsabilidad de lo ocurrido.

(No tiene relación con una depresión patológica)

Sensación de tristeza y vacío, conexión con la realidad.

Se acepta la pérdida.

El dolor se va reduciendo.

Vuelta a experimentar sentimientos agradables poco a poco.

 

¿Cuándo pedir ayuda?

En primer lugar, es importante diferenciar entre lo que es un duelo normal y un duelo complicado. Hay ocasiones en las que la persona durante la primera fase tiene cierto embotamiento y sensación de irrealidad, lo cual es normal, en el caso de que esta situación se mantenga en el tiempo y la persona siga sin mostrar ninguna expresión emocional no se iniciaría el proceso de duelo. Parece que la causa de un duelo complicado es el bloqueo del dolor.

El manual DSM-5 recoge este segundo tipo Trastorno de duelo complejo persistente, señalando que el duelo debe ser persistente durante al menos 12 meses y ser desproporcionado en función de su cultura o religión. Para poder catalogarse como tal, además de cumplir una serie de criterios como, por ejemplo: importante dificultad para aceptar la muerte, incredulidad o anestesia emocional, autoinculparse de la muerte de la persona, evitación de recuerdos de forma excesiva, deseos de morir, soledad o desapego de otros, disminución de la identidad propia o dificultad para mantener interés por otras actividades o personas. Este malestar además debe afectar de forma significativa en la vida social, laboral u otras áreas.

Se puede buscar ayuda profesional en cualquier momento del duelo siempre que la persona lo crea conveniente, pero hay situaciones en las que recurrir a la atención psicológica es necesaria. El objetivo en una intervención debe ser mejorar la calidad de vida de la persona con duelo.

Cristina García Heras, abril 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

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  • Bayarri, E. Z. (2004). Manejo del duelo en Atención Primaria. Conceptos básicos. Semergen: revista española de medicina de familia, (1), 8-11.
  • Cabodevilla, I. (2007). Las pérdidas y sus duelos. In Anales del sistema sanitario de Navarra (Vol. 30, pp. 163-176). Gobierno de Navarra. Departamento de Salud.
  • Cuadrado i Salido, D. (2010). Las cinco etapas del cambio. Capital humano, 241, 54-58.
  • Dávalos, E. G. M., García, S., Gómez, A. T., Castillo, L., Suárez, S. S., & Silva, B. M. (2008). El proceso del duelo. Un mecanismo humano para el manejo de las pérdidas emocionales. Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas, 13(1), 28-31.
fake news

Con el transcurso de los años, ha ido aumentando la propagación de bulos, rumores y falsas noticias. Es algo que siempre ha estado ahí y hemos estado expuestos a ello durante un largo tiempo, pero a medida que la tecnología ha ido avanzando, gracias a Internet y a las diversas redes sociales, se ha ido propagando a una velocidad mucho más seria y preocupante. Los bulos y noticias falsas, también conocidas como “fake news”, comúnmente se propagan mediante las redes sociales, pero en ocasiones también los medios ayudan a su propagación. La inmediatez informativa exige rapidez, exige que las noticias no sean contrastadas como deberían y ahí nacen las falsas noticias y bulos.

 

El hecho de contrastar informaciones y verificarlas es un trabajo que implica detenimiento, precisión y una inversión de tiempo que a veces no se puede brindar, sobre todo cuando la noticia sale de redes sociales. Sin una inspección del contenido, la historia cobra vida propia, se vuelve viral y se difunde de boca en boca o a través de nuestras pantallas digitales, hasta que se vuelve tan viral que resulta creíble y difícil de desmentir.

Basado en diferentes datos empíricos, recientemente se ha descubierto que la red que propaga las noticias falsas y los bulos es muy diferente de la de las noticias reales. La falsedad se propaga sorprendentemente con mayor rapidez, y no solo eso, sino que llegan mucho más lejos, y de manera más profunda que las noticias de verdad, que tienen un argumento válido que las sustenta.

Estas fake news, que pueden llegar a ser historias o incluso declaraciones inventadas sin ningún tipo de confirmación, deambulan en línea a través de la vía de las redes sociales. La rápida circulación de estas noticias puede calar rápidamente y de manera negativa en la opinión pública y distorsionar la sociedad. Muchas de ellas son noticias inofensivas, no creadas intencionadamente, pero también las hay intencionadas, noticias que crean amenazas para la sociedad. Por ello, es importante que, al ser muy difícil de impedir la divulgación de estos rumores falsos, los medios fiables estén preparados para responder y minimizar el riesgo, corrigiéndolas independientemente del contenido. Detectarlas a tiempo es algo crucial. El término “falso” ya es suficientemente negativo, por lo que es importante que al desmentirlas no se empleen más términos negativos, porque pueden llegar a reforzar la mentira e incluso a asumir un riesgo innecesario; es clave dar un mensaje coherente y evitar la repetición del contenido falso.

Ajeno al hecho de que se difundan rápidamente o que la gente pueda creerlas o no, existe un riesgo significativo para las personas que las reciben, así como para las industrias e incluso los gobiernos. Por lo general, los bulos no traen consecuencias positivas. Al propagar un bulo, se crea una idea falsa en las personas, algo lejos de la realidad que conlleva una consecuencia negativa. Las falsas noticias tienen un poder de destrucción en muchos ámbitos, como puede ser el periodístico o el político.

 

Es cierto que no todas las falsas noticias son igual de impactantes e irreparables, pero en ocasiones pueden sembrar el miedo en las personas, y hacer que se creen situaciones que estén fuera de control. Llega un momento en el que, al recibir tanta información, ni siquiera pensamos en contrastarla, y ya no sabemos qué información es creíble y útil y la que no lo es, y eso es algo peligroso. Dejamos de hacer caso a lo que realmente deberíamos considerar importante, o hacemos demasiado caso a cosas que ni siquiera son ciertas. Condicionamos nuestras opiniones y pensamientos y actuamos de manera irracional cuando nos invade el miedo y la incertidumbre. Por eso es importante ser conscientes, no dejar que nuestra mente se alimente de la prisa y pararnos a pensar de dónde viene la información, de si podría ser mentira, y contrastarla.  Pensar antes de actuar, y sobre todo ser cautos al reenviar un mensaje, por ejemplo de WhatsApp y no ayudar al caos ni a la difusión de noticias falsas. Recuerda no compartir nada en “modo automático”.

Otra recomendación a tener en cuenta, es revisar quién es el transmisor, no es lo mismo un video anónimo que si proviene The New York Times… y ya para finalizar identifica la fuente original de la información y confirma la información en los sitios oficiales de la fuente.

Al final, lo mejor es ir a las fuentes originales.

María Lapeña Illán, marzo 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Haber, M. (2017). The real risks of fake news. Risk Management, 64(3), 10-12.
  • Manzano Carrilero, A. (2018). La importancia de la verificación de las informaciones en la era de la posverdad. El desarrollo de iniciativas periodísticas frente a bulos y noticias falsas (Bachelor’s thesis).
  • Moya, A. C. (2018). Las «3 C» en la respuesta integral a emergencias. bie3: Boletín IEEE, (12), 752-774.
  • Zhao, Z., Zhao, J., Sano, Y., Levy, O., Takayasu, H., Takayasu, M., … & Havlin, S. (2018). Fake news propagate differently from real news even at early stages of spreading. arXiv preprint arXiv:1803.03443.

 

el poder del miedo

El mundo actual está impregnado de miedo, y a veces podemos encontrarnos en situaciones en las que actuamos movidos por temor. La gran influencia de los medios de comunicación nos hace pensar en lo asustados que “deberíamos estar” desde que nos levantamos y vemos las noticias de la mañana. La gran noticia del coronavirus y su extensión resuena por todos sitios a todas horas (radio, televisión, redes sociales, personas de nuestro alrededor, conversaciones ajenas en la cola del supermercado…). Esto hace que nuestros temores se multipliquen y nos podamos encontrar agitados, en estado de alerta, sin dejar de pensar en la enfermedad, con aumento del ritmo cardíaco, sudoración, temblores, insomnio…

 

Todos los medios anuncian los síntomas de la enfermedad, lo importante que es lavarse las manos y mantenerse a más de un metro de las personas, sobre todo si nos hallamos en población de riesgo, pero ¿qué hay del malestar psicológico? ¿Qué podemos hacer si nos encontramos aterrados todo el tiempo?

El Colegio Oficial de Psicólogos tiene recomendaciones para este caso en particular. Antes de nada, es importante identificar los pensamientos que pueden generarnos malestar, reconocer nuestras emociones y aceptarlas. No nos tenemos que dejar engañar por las noticias falsas, por lo que debemos buscar pruebas de realidad y datos fiables en medios oficiales. De esta forma, podremos informar a nuestros seres queridos de manera realista, sin propagar un miedo infundado, y evitando la sobreinformación que en muchas ocasiones resulta abrumadora y confusa.

El autocuidado mental es necesario, tanto para los pequeños como para los adultos. Continuar con nuestras rutinas y procurar hacer vida normal dentro de lo posible es esencial. También hay que tener cuidado con las conductas de rechazo y discriminación. El miedo puede hacer que reaccionemos de manera impulsiva, pero si lo tenemos en cuenta con antelación, podremos evitarlo. Debemos mantener una actitud optimista y objetiva, apoyándonos en familia y amigos para mantener la calma y adaptarnos a la situación. Evitar hablar constantemente del tema nos ayudará, pudiendo poner nuestro foco de atención en otros temas relevantes en nuestra vida, puesto que esta no se ha paralizado por el COVID-19, y continúa a pesar del miedo.

En cuanto a los más pequeños, ocultarles el problema y no explicárselo es un error, puesto que la confusión, sumado a lo que escuchan en todos los medios, hace que magnifiquen el problema, sintiendo un gran miedo a enfermar y morir. Una forma de protegerles de estos pensamientos es explicárselo de forma sencilla y realista, trabajando la información con dibujos y preguntándoles cómo se sienten y qué pueden hacer para tranquilizarse. Es posible que detrás del miedo se halle desinformación, confusión o tristeza, y comprenderlo, explicar correctamente las medidas de seguridad que deben tomar e informar de que se está trabajando para acabar con este peligro, es muy importante para su bienestar.

 

En internet se encuentran varios medios para explicarles la situación, tales como el cuento “¡Hola! Soy el coronavirus”, las campañas de información infantil sobre el coronavirus y las infografías del Ministerio de Sanidad o el uso de canciones infantiles para el lavado de manos, recomendación de organizaciones infantiles como Unicef (https://www.instagram.com/p/B9g39i3DASk/).

Todos hemos podido vivir en primera persona las consecuencias del miedo, resultando en una histeria colectiva que ha empujado a la gente a acudir en masa a supermercados para abastecerse de comida y utensilios de limpieza.

 

Esto es una clara consecuencia del pánico desatado por el desconocimiento de lo que pueda deparar el futuro. Podría decirse que el miedo está contagiándose mucho más rápido que el propio virus.

Sin embargo, es importante, de nuevo, ser objetivos y atender a la información ofrecida por las grandes cadenas alimenticias, tales como Mercadona, que garantizan el correcto abastecimiento de comida. Del temor a quedarnos sin comida o papel higiénico suficiente pasamos al temor a ser contagiados por alguien cercano a nosotros.

Basta con toser en público para ver las caras de repulsión y comprobar que todo el mundo da un paso lejos de nosotros. El miedo a veces se refleja en forma de ira, llegando a discusiones acaloradas en trenes, o incluso aterrizajes forzosos de aviones, únicamente por toser o estornudar en una época en la que estas acciones ofenden y aterran.

En conclusión, aparte de conocer las medidas de seguridad tanto físicas como psicológicas para defendernos ante esta amenaza, es importante confiar siempre en medios oficiales y ser objetivos. Nos encontramos en una época en la que tenemos los mejores índices de seguridad, aunque esto no se vea reflejado en la sensación de seguridad de las personas. Este miedo es inducido, planificado y estructurado, y es importante percatarse de su intencionalidad para ver que en realidad está beneficiando a unos cuantos mientras el resto se siente desesperanzados. Por tanto, debemos responder al temor con solidaridad, unidad y una adecuada respuesta colectiva.

Paula López Cortés, Marzo 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Colegio Oficial de Psicólogos (2020). Recomendaciones dirigidas a la población para un afrontamiento eficaz ante el malestar psicológico generado por el brote de Coronavirus-COVID 19.
  • Compras masivas por el pánico al coronavirus: ¿Por qué el papel higiénico es el producto más demandado? (11 de marzo del 2020). 20 minutos. Recuperado de www.20minutos.es
  • Fouce Fernández, J. G. (26 de febrero del 2020). La era del medioceno. El Obrero. Defensor de los trabajadores. OPINIÓN. Recuperado de https://elobrero.es/opinion/43374-la-era-del-miedoceno.html
  • Molina Cruz, M. (2020). ¡Hola! Soy el Coronavirus. Mindheart. Recuperado de http://www.mindheart.co/
  • Rolfe, B. (10 de marzo de 2020). Pasajeros del tren pelean por una tos “repugnante” movidos por el miedo al coronavirus. Yahoo! Noticias. Recuperado de https://es.noticias.yahoo.com/
  • Tizón, J. L. (2011). El poder el miedo ¿Dónde guardamos nuestros temores cotidianos? Morata, Madrid.
  • Un avión aterriza de emergencia tras el estornudo de un pasajero. (11 de marzo de 2020). Noticias de Navarra. Recuperado de https://amp.noticiasdenavarra.com/
Primeras relaciones en la infancia y la adolescencia

En la infancia temprana entablamos nuestras primeras relaciones y estas son fundamentales tanto para el establecimiento de relaciones futuras, como para lograr los retos y las tareas de cada momento vital.

Desde la psicología se da gran importancia a la calidad del vínculo con las relaciones primarias (padres, tutores, o personas que cumplan con la función de cuidar), ya que ayudan a sentar las bases para que la vida psicológica y emocional se desarrollen con normalidad. Aun cuando se establecerán varios vínculos en el transcurso de la vida, las primeras relaciones son cruciales. Este vínculo primario se refiere a la relación que tiene lugar entre un bebé y sus cuidadores, y cuya calidad contribuye, en gran parte, a que ese nuevo ser tenga seguridad física y emocional. Sobre esta idea se podría decir que un adecuado desarrollo se apoya en la presencia de estas“figuras de apego”. Cuando las figuras cuidadoras cumplen con la tarea de calmar la angustia o la ansiedad que puede llegar a experimentar un bebé en momentos de estrés o exceso de estímulos, podríamos hablar de que cumplen una función de “apego seguro”. Es importante nombrar que hay otros tipos de apego menos positivos que no cumplirían esta función reguladora, generando rechazo, enojo, exceso de vinculación o bien, ambigüedad en la relación.

Es así como el apego seguro juega un papel esencial para tener relaciones de calidez, confianza y seguridad, facilitando la expresión y regulación emocional, además de ayudar a tejer bajos niveles de tristeza, rabia y miedo en etapas posteriores.

En la adolescencia la relación con las figuras cuidadoras no es menos importante y aunque el adolescente buscará otras relaciones de apoyo en sus amigos o pareja, en esta etapa de transición la familia sigue siendo el eje primario por ser el círculo donde el joven ha estado inmerso desde la infancia. Esta transición, que está marcada por cambios tanto biológicos (por ejemplo, hormonales) como psicológicos, debe tener como resolución, en términos más o menos normales, que el adolescente vaya formando su propia identidad y vaya consiguiendo su autonomía personal. Por esta razón, el funcionamiento más o menos normal de la familia, sobre una capacidad adecuada de resolución de conflictos y la cohesión entre sus miembros, aportará un mayor bienestar en la vivencia de la adolescencia.

El afecto, la supervisión, el establecimiento de límites, el que los hijos confíen aspectos de su vida privada a los padres y el humor existente en la relación, han sido considerados como impulsores del desarrollo positivo en los adolescentes. De ahí que las relaciones asertivas entre padres e hijos faciliten el aprendizaje de comportamientos positivos como la empatía, ayudando, a su vez, a la inhibición de comportamientos como la agresividad.

Por el contrario, el conflicto entre los padres o la falta de cercanía de estos con los hijos parece estar relacionado con un peor desarrollo psicológico y emocional. En este sentido, cabe hacer distinción entre este tipo de supervisión y el control autoritario, ya que, al parecer, este puede contribuir al desarrollo de actitudes de pasividad, conformismo y a la falta de adquisición de habilidades de comunicación tan necesaria en los adolescentes, lo que en ocasiones puede llevar a hacer uso de la agresión física o verbal para relacionarse con los demás. De manera similar y en situaciones más graves, como por ejemplo el maltrato sufrido en la infancia, guarda relación con un mayor riesgo de ejercer violencia de género en caso de ser hombre y de ser víctima de la misma en caso de ser mujer.

Finalmente, se destaca como una de las funciones más importantes de los padres (o de las personas que desempeñen este rol) el control parental positivo, el cual supone en buena medida que esa supervisión y establecimiento de límites ayuden a consolidar una autonomía en proceso de desarrollo.  Si bien es cierto que la labor de la educación cuenta de entrada con una brecha generacional que complica la relación entre padres e hijos adolescentes, es un reto enfocar a los jóvenes hacia vinculaciones más sanas e igualitarias en su presente y su futuro.

Natalia Zuloaga, febrero 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Del Barrio, V., Ramírez- Uclés I., Romero C., Carrasco, M.A. (2014). Adaptación del Child-parq/control: versiones para el padre y la madre en población infantil y adolescente española. Acción psicológica. Vol. 11, n.o 2, 27-46.
  • Delgado Gallego, I., Oliva Delgado, A., Sánchez-Queija, I. (2011). Apego a los iguales durante la adolescencia y la adultez emergente. Anales de Psicología. vol. 27, nº 1 (enero), 155-163
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  • Oliva Delgado, A. (2011). Apego en la adolescencia. Acción psicológica. Vol. 8, Nº 2, 55-65.
mitos del amor romántico

El amor puede definirse entendiéndolo desde el punto de vista fisiológico, como las reacciones cerebrales y corporales que surgen cuando se siente una atracción por alguien. Si lo estudiamos desde una posición más amplia, el amor puede ser visto desde una perspectiva conductual, las cosas que se hacen por amor; sentimental, como sentimiento surgido de una emoción innata; y como una actitud, predisposición positiva hacia otra persona.

El amor cuenta con una base adaptativa, que sirve para unir a los individuos y refuerza el vínculo gregario que como especie necesitamos.

Todo este constructo multidisciplinar del amor se encuentra integrado en el pensamiento mediante un sistema de aprendizaje. De esta forma, los ideales románticos se van gestando durante la niñez y adolescencia y se transfiere no solo a las relaciones futuras, sino en un abanico de pensamientos y creencias sobre lo que es el amor. Y a raíz de esto se puede cuestionar la identidad de la naturaleza de este.

Podríamos decir que para cada uno puede significar algo diferente, ya que la expresión de los sentimientos es subjetiva, pero en nuestra cultura los mitos asociados a este concepto de amor son amplios y bien extendidos, compartidos por la gran mayoría de la población en todas sus edades.

Relacionado con esto, el ideal romántico compartido se expresa a través de una serie de axiomas, verdades que creemos sin cuestionarnos y modulan nuestra forma de pensar y actuar.

Y es precisamente este amor que sentimos y expresamos el comúnmente llamado amor romántico.

Este concepto y lo que lleva asociado es cultural y nació durante la Grecia clásica. Platón ya definía varios tipos de amor, cada uno relacionado con una conducta y unos valores diferentes: Eros (amor pasional), Afrodita (amor afrodisiaco) y Ágape (afecto).

La etapa medieval y siglo XVIII contribuyen a la formación del concepto romántico que hoy conocemos. Durante estos periodos históricos se producen las formas de amor cortés y el romanticismo, los cuales estaban basados en la distinción de roles de género. Durante estos periodos la conducta de cortejo masculina estaba orientada hacia el rol activo, era él el responsable de conquistar a su amada y, por tanto, ella debía dejarse conquistar.

Aquí, pueden empezar a atisbarse pequeños trazos de lo que hoy en día conocemos como la diferenciación de roles femeninos y masculinos, ya que la síntesis del amor romántico se basa en conductas distintas de hombres y mujeres, como si cada uno tuviera su propio repertorio de actuaciones y comportamientos, su guion en relación con lo que se espera de ellos por su género.

Entendiendo qué podemos definir como amor y qué lleva asociado aquel que conocemos como romántico, los mitos siempre han acompañado a la historia de humanidad, ya que han dado sentido aparte de la realidad humana. Por tanto, aunque en un principio esto sirviera a las personas para pensar sobre objetos o situaciones alejados de ellos y darles un significado imaginativo, actualmente los mitos pueden suponer un lastre y cuestionarlos es parte fundamental de la apertura a nuevas ideas.

Como se mencionaba anteriormente, el amor está sujeto a una serie de verdades que no se cuestionan (mitos) y que orientan a las personas a la hora de experimentarlo. Los más importantes se plasman en la siguiente tabla:

GRUPO 1: “El amor todo lo puede”

GRUPO 3: “El amor es lo más importante y requiere entrega total”

1.     Falacia de cambio por amor

2.     Mito de la omnipotencia del amor

3.     Normalización del conflicto

4.     Creencia en que los polos opuestos se atraen

5.     Mito de la compatibilidad del amor y el maltrato

6.     Creencia de que el amor ‘verdadero’ lo perdona y a guanta todo

12. Falacia del emparejamiento y conversión del amor de pareja en el centro y la referencia de la existencia

13. Atribución de la capacidad de dar felicidad

14. Falacia de la entrega total

15. Creencia de entender el amor como despersonalización

16. creencia en que si se ama debe renunciarse a la intimidad

GRUPO 2: “El amor verdadero predestinado”

GRUPO 4: “El amor es posesión y exclusividad’”

7.     Mito de la media naranja

8.     Mito de la complementariedad

9.     Razonamiento emocional

10.  Creencia en que solo hay un amor ‘verdadero’ en la vida

11.  Mito de perdurabilidad, pasión eterna

17. Mito del matrimonio

18. Mito de los celos

19. Mito de la fidelidad y la exclusividad

A pesar de que estos mitos suponen la forma de entender y expresar el amor en nuestra cultura, y en algunos casos ser entendidos como relación directa del cariño expresado en la pareja, tienen una vertiente negativa que puede generar numerosos problemas en las personas. A continuación, se pasa a describir cada grupo.

El primer grupo hace referencia a la concepción de que el amor todo lo puede y engloba diferentes pensamientos sobre la omnipotencia de este. Además, sustenta la base de que por amor puede realizarse cualquier acto y que todo puede justificarse si se hace por amor. La problemática principal de este grupo se plasma en todas las creencias acerca de la posibilidad de cambiar a alguien indistintamente de los esfuerzos que esto ocasione, pensando que podemos conocer al otro mejor que él mismo y que sabemos sin lugar a dudas qué es lo mejor para esa persona. Además, la idea de que si es amor se debe aguantar y perdonar cualquier acto puede ocasionar en las personas sentimientos negativos y de no renuncia hacia la persona amada, ya que no es importante como sea el trato, sino la creencia todopoderosa del amor.

El segundo grupo habla sobre el amor verdadero y predestinado. Aquí el más conocido es el mito de la media naranja, aquel que por destino está asociado a una persona, y que será solo ese amor el encargado de hacerle feliz y conocer la verdadera naturaleza de este. El mito tiene un gran recorrido histórico, ya que fue en la Grecia clásica donde se originó. A través del mito del andrógino, propuesto por Platón en su libro, el banquete, pueden explicarse por qué consideramos tan importante la sensación de encontrarnos con nuestra mitad, como si fuéramos seres incompletos necesitados de otro individuo para obtener la felicidad y la auténtica realización personal. Evidentemente, la problemática que radica de este supuesto se puede observar a nivel individual en la búsqueda compulsiva de una pareja que nos complemente y a no sentir felicidad con las personas de nuestro alrededor pensando que habrá alguien mejor destinado a nosotros.

El tercer grupo aglutina todos aquellos mitos relacionados con la importancia del amor y la entrega total hacia este. La variedad de creencias que genera este grupo y la problemática principal para las personas radica en convertir al amor en el esquema central del sujeto y atribuirle capacidades más allá de lo realmente posible.

El último grupo de mitos tiene que ver con la posesión y exclusividad atribuida al amor y las relaciones sentimentales. El peligro de estos mitos, y en concreto el de los celos, se plasma en el control sobre las personas, cosa que origina problemas en todos los miembros de la pareja y contribuye a oxidar la misma de forma notable. Pensar que una forma de demostrar el cariño es la relacionada con la preocupación excesiva y control es errónea y puede cambiarse hacia formas más adaptativas y positivas de la expresión romántica (decir te quiero, preguntar cómo ha ido el día, expresar el apoyo a la pareja…)

En conclusión, los mitos nos ayudan a experimentar formas distintas de realidad, pero no podemos omitir su poder persuasivo sobre determinados constructos sociales, conocerlos y pensar sobre ellos nos hará más libres sobre nuestras decisiones. El amor romántico por su parte es cultural y aprendido, es el que conocemos y el que está presente en la mayoría de las etapas de nuestra de vida, a pesar de ello este no tiene por qué ser rígido ni invalidar otras formas diferentes de amar tanto para relacionarse como para convivir.

Flor María Pérez Paredes, febrero 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

Galarza, M. L. E., & Távora, A. (2008). El amor romántico y la subordinación social de las mujeres: revisiones y propuestas. Anuario de psicología, 39(1), 59-73.

Ferrer, V. A., Bosch, E., & Navarro, C. (2010). Los mitos románticos en España. Boletín de psicología, 99, 7-31.

Pascual Fernández, A. (2016). Sobre el mito del amor romántico. Amores cinematográficos y educación

Pérez, V. A. F., Fiol, E. B., Guzmán, C. N., Palmer, M. C. R., & Buades, E. G. (2008). El concepto de amor en España. Psicothema, 20(4), 589-595.

Pérez, V. F., & Fiol, E. B. (2013). Del amor romántico a la violencia de género. Para una coeducación emocional en la agenda educativa. Profesorado. Revista de Currículum y Formación de Profesorado, 17(1), 105-122.

Platón, & Hernández, M. M. (2007). Banquete. RBA Libros.

Sangrador, J. L. (1993). Consideraciones psicosociales sobre el amor romántico. Psicothema, 5(Sup), 181-196.

 

 

 

Anteriormente, se habló en este blog de la adolescencia y la sexualidad, ahora queremos profundizar en el papel que tienen los equipos sanitarios en la educación afectivo-sexual de los adolescentes.

En el caso de los equipos de profesionales sanitarios (médicos, enfermeras, psicólogos) tienen en sus intervenciones como objetivo la promoción de la salud. En el caso de la sexualidad debemos tener en cuenta que esta promoción deberá englobar lo que se considera como salud sexual y la salud reproductiva.

Salud Sexual

“Integración de los aspectos somáticos, emocionales e intelectuales del ser sexual que enriquece la personalidad, la comunicación y el amor”

OMS, 1994

Salud Reproductiva

“Estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedad a dolencia, en todos los aspectos vinculados con el sistema reproductivo y sus funciones o procesos”

OMS, 1994.

Todos los niñxs, y adolescentes tienen derecho a recibir una información y educación sexual, que no solo contenga conocimientos sobre reproducción y genitalidad, sino también actitudes, habilidades y valores necesarios para disfrutar de su sexualidad, tanto física como emocionalmente, individualmente y en sus relaciones con otrxs, y que les haga capaces de tomar decisiones informadas sobre su vida sexual.

¿A qué barreras se enfrentan los profesionales sanitarios en los centros médicos?

Desinformación

Los adolescentes no consideran el sistema de salud como un recurso accesible.

Falsas creencias

Pensamientos irreales o incluso mágicos con respecto a la sexualidad. En algunos casos también ciertas ideas relacionadas con el ser invulnerable: “eso a mi no me va a pasar”.

Barreras para la educación sexual

En muchas ocasiones es complicado el acceso a la información adecuada.

Falta de reconocimiento o aceptación de la sexualidad.

Así como el hablar de si están teniendo o tendrán pronto relaciones sexuales.

¿Qué se debe buscar desde las consultas en el ámbito sanitario?

  • Abordar el descubrir e incorporar en forma consciente las potencialidades de nuestro cuerpo como fuente de afecto, comunicación y placer.
  • Potenciar oportunidades para el desarrollo pleno de la adolescencia.
  • Promover una educación no sexista/no discriminatoria.
  • Impulsar la autonomía y el proyecto de vida.

Si desde los equipos sanitarios se consigue llegar a cumplir todos esos objetivos, se ayudará a los menores a adquirir una adecuada información disipando muchos de los mitos que existen en torno a la sexualidad y sus prácticas. Estos desarrollarán habilidades necesarias para su desarrollo en el día a día como son: pensamiento crítico, negociación y comunicación, confianza, empatía y capacidad para hacer preguntas y buscar ayuda.

Además, se deberá tener como objetivo que a través de toda esta educación afectivo-sexual se desarrolle adecuada autoestima, ausencia de prejuicios, respeto a los demás, actitud positiva en lo referente a su salud sexual y reproductiva.

En la actualidad contamos con muchos programas e información con una perspectiva de riesgo, en algunos casos olvidando promocionar el desarrollo de habilidades que busquen el crecimiento de la identidad y autonomía.

¿Qué se debe promocionar?

–       Autoconocimiento. –       Relaciones interpersonales.
–       Empatía. –       Toma de decisiones.
–       Comunicación asertiva. Límites. –       Refuerzo proyecto vital saludable.
–       Solución de problemas y conflictos. –       Manejo de emociones y sentimientos.
–       Pensamiento creativo. –       Manejo de tensiones y estrés.
–       Pensamiento crítico. –       Resiliencia.

¿Cuáles son las posibles dudas que puedan plantear los adolescentes en una consulta sanitaria?

Pueden acudir a la consulta en un centro sanitario con dudas respecto a sus sentimientos, al afrontamiento de determinadas situaciones o pensamientos, con respecto a relaciones sexuales, incluso con respecto a: ¿cómo funciona el cuerpo?

¿Cómo abordar esas dudas?

  • Motivar a explicar con sus propias palabras.
  • Fomentar que verbalicen sensaciones, y emociones.
  • Clarificar palabras técnicas.
  • Comprobar que lo han entendido.
  • Invitar a preguntar si no está claro.
  • Reforzar confidencialidad.
  • Motivar a la búsqueda de apoyo social

¿Qué se debe buscar desde la consulta de los Centros Sanitarios?

  • Integrar la educación sexual en la práctica clínica habitual.
  • Promover en las familias el tratar con sus hijxs los temas relacionados con la sexualidad sin eludir respuestas y en términos apropiados al nivel de desarrollo.
  • Proporcionar una educación afectivo sexual integral que respete la confidencialidad y reconozca los valores y creencias del adolescente y su familia.
  • Suministrar acompañamiento confidencial y sin prejuicios.

¿Cuál debe ser el rol del profesional?

Los profesionales sanitarios que acompañan en su práctica a los adolescentes deben asegurar la confidencialidad de la atención con respecto a su sexualidad. Así como mostrar el interés y la motivación adecuada para poder realizar el abordaje de los problemas de salud relativos a la sexualidad en esta etapa evolutiva. Todos los aspectos mencionados se verán reforzador por la muestra de una actitud empática y una buena relación profesional-paciente.

Los profesionales sanitarios deben ser quienes brinden la información y el apoyo a los menores, teniendo todo lo anteriormente mencionado en cuenta y llegando a través de la comunicación, y promocionando esta última. Se debe validar la importancia que la sexualidad tiene para los adolescentes y procurar fomentar los momentos adecuados para su correcto abordaje.

Los centros sanitarios forman parte de la educación afectivo sexual de los adolescentes y de sus familias por lo que debemos trabajar para que la comprensión de la relevancia de la información llegue a los profesionales, adolescentes y familias. Creando espacios adecuados para poder tratar los temas relacionados con la sexualidad en los lugares donde siempre habrá profesionales dispuestos a acoger a los menores y sus familias para poder acompañar en el descubrimiento y conocimiento de su sexualidad.

 

“Dónde haya un adolescente pujando por crecer, debe haber un adulto que ofrezca sostén para su empuje”.

Winnicott

 

Elena Valero Herranz. Enero, 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

Câmara, S. G., Sarriera, J. C., & Carlotto, M. S. (2007). Predictores de conductas sexuales de riesgo entre adolescentes. Interamerican Journal of Psychology, 41(2), 161-166.

García Imia, I., Ávila Gálvez, E., Lorenzo González, A., & Lara Carmona, M. (2002). Conocimientos de los adolescentes sobre aspectos de la sexualidad. Revista Cubana de Pediatría, 74(4), 0-0.

Valli, Bustos. R., (2005). Adolescencia y salud: polimodal. Editorial Santillana.

Weiss M., Greco, M., (1995). Educación sexual: charlando sobre nuestra sexualidad en la escuela de hoy. Editorial Troquel

 

 

ruptura de pareja

Para entender una ruptura amorosa debemos conocer qué significa y qué supone para las personas que mantienen una relación de pareja.

La pareja puede percibirse como un tercero, los miembros de esta comparten vivencias, proyectos, emociones. Así, sus integrantes forman un tercer ente, el cual se nutre de sus conductas, aprendizajes, deseos y va evolucionando conjuntamente con los miembros que la forman.

Por tanto, la pareja es una estructura semipermeable separada del grupo social al que pertenecen sus miembros, esto se traduce en que esta consta de su propia capa que excluye a todos los demás y por eso puede crear su propia identidad como tercero. De ahí viene la importancia de realizar actividades solo con la pareja o llegar a conocer gestos y expresiones de esta sin necesidad de una comunicación verbal.

De esta forma, teniendo en cuenta lo descrito, la pareja se transforma en un nicho donde las personas llegan a desarrollar parte de su intimidad, e identidad, incluyendo la sexualidad, los proyectos a largo plazo, donde buscan y encuentran el apoyo recíproco, etc. Por consiguiente, en las parejas se dan relaciones simétricas de igualdad, objetivos y deseos, a menudo comunes y suelen ser de libre elección, pudiendo elegir a la persona que va a ostentar el cargo de pareja.

No hay una única manera de ser pareja, ya que cada cual vive esta experiencia de una forma única y diferenciada a la de los demás. Los límites de donde empieza y acaba son difusos, consecuentemente podemos hablar de parejas, ya que cada una puede aportar algo al concepto global que todos compartimos.

A pesar de considerarse un constructo difícil de definir y haber tantas parejas como personas que las forman, podemos hablar de tres conceptos que se relacionan con las personas que comparten una vinculación romántica: intimidad, deseo y compromiso. Y son estos tres conceptos y lo que implican cuando se desarrollan durante un tiempo los que suponen un cambio abrupto en las personas que pasan por una ruptura de pareja, ya que puede suponer una perdida del vínculo de apego y de parte de las estructuras que definían a esos sujetos (objetivos comunes, proyectos, amigos, aficiones…).

Aunque la pareja es una fuente de seguridad y apego, no está exenta de amenazas que pueden suponer su perdida, tales como: celos, falta de metas conjuntas, problemas en la comunicación, desajustes en el compromiso o problemas eróticos. Todas estas dificultades pueden desembocar en una ruptura de pareja, la cual deja sentimientos de tristeza, ansiedad, inseguridad, culpa, falta de autoestima, dependencia emocional, etc.

Cabe destacar que una ruptura amorosa puede relacionarse de forma clara con un proceso de duelo, ya que este implica los sentimientos negativos tras una perdida relevante para la persona. Así, este se describe mediante la experimentación de síntomas depresivos o ansiosos.

Perder una pareja puede suponer en algunos casos una de las experiencias más dolorosas en la vida de las personas, de acuerdo con esto es bastante frecuente que se experimenten sentimientos asociados a la tristeza, falta de sueño, y de concentración, y en algunos casos recurrir al alcohol y a las drogas, además de pensamientos o intentos autolíticos.

Consejos para superar una ruptura

 

Dentro de las pautas para superar una ruptura, podemos encontrar las siguientes:

  • Debido a toda la carga emocional que experimentamos durante esta etapa de ruptura, algo muy beneficioso es ventilación emocional, la expresión de todas las emociones que contenemos dentro, sabiendo que poco a poco irán reduciendo su nivel de malestar y haciéndose cada vez menos descontroladas.
  • Unido a esto, contar con un grupo de amistades o familiares con los que poder hablar nos será sumamente beneficioso, tanto para la gestión emocional, como para la realización de actividades agradables con ellos. Quizá en un primer momento no nos apetezca reunirnos con nuestro grupo social, pero llevar a cabo el primer paso hará que los siguientes sean mucho más sencillos, así que es importante asistir a las reuniones o planes que vayan surgiendo.
  • Por otro lado, realizar actividades nuevas gratificantes o simplemente recuperarlas puede suponer una disminución de los sentimientos desagradables. De esta forma tómate tu tiempo para pensar y analizar qué puede hacerte feliz o qué te gustaría probar o aprender y llévalo a cabo.
  • Este momento es uno muy adecuado para pensar en ti, mimarte y tomar parte del tiempo libre para preocuparte por ti mismo y realizar actividades centradas en ti y en tu bienestar personal.
  • Proponerte metas a medio y largo plazo, elaborar proyectos profesionales o personales, elaborar planes de futuro… te mantendrá concentrado e interesado en nuevas habilidades o formación, la cual supondrá un importante beneficio para tu autonomía y autoestima, esto es muy importante, ya que puede verse mermada después de una ruptura de pareja. Así, construir de nuevo nuestro autoconcepto será una de las metas más importantes, realizando actividades que nos llenen y consiguiendo los logros que poco a poco vayamos planteándonos, siempre teniendo en cuenta realizar acciones realistas y alcanzables en periodos más o menos cortos de tiempo.

En algunos casos, las estrategias orientadas a la evitación pueden ser beneficiosas, ya que evadir un problema, el cual no tiene una solución controlada por uno mismo, puede ayudar al bienestar psicológico. Por esta razón, conductas como evitar llamar o coger el teléfono a tu expareja, evitar el contacto con ella durante los periodos más cercanos a la ruptura y evitar rememorar mediante fotos, objetos… a esta pueden servir para superar antes los sentimientos de ansiedad y tristeza.

Concluyendo, son muy importantes las conductas y acciones llevadas a cabo durante este momento, sobre todo las centradas en uno mismo, aquellas que nos proporcionan felicidad y seguridad en nosotros; pero es igual de importante el pensamiento respecto a este fenómeno, entendiendo que nadie es posesión de nadie y que tenemos libre elección, tanto para la búsqueda de una pareja como para terminar con esa relación; que hay situaciones permanentes y otras que no lo son y que en muchos casos no tenemos el control de las mismas, sino que se mueven a la vez que otras variables, las cuales son imposibles de predecir.

Flor María Pérez Paredes. Enero 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

Barajas Marquez, M.W., Cruz del Castillo, C., Fuentes, J., (2017) Caracterización de una ruptura de pareja en universitarios y diferencias en la evaluación cognoscitiva del evento. Journal of behavior. Health and Social Issues 9, 99-104

García, F. E., & Ilabaca Martínez, D. (2013). Ruptura de pareja, afrontamiento y bienestar psicológico en adultos jóvenes. Ajayu Órgano de Difusión Científica del Departamento de Psicología UCBSP, 11(2), 42-60.

Márquez, M. W. B., Forteza, C. F. G., del Castillo, C. C., & García, R. R. (2012). El significado psicológico de una ruptura de pareja significativa en jóvenes universitarios. Psicología iberoamericana, 20(2), 26-32.

 

 

el lenguaje de la violencia de género

Definimos violencia de género como todo tipo de agresión física, sexual, verbal o psicológica hacia una persona por el mero hecho de ser mujer u hombre. Actualmente, se hace mayor referencia a la violencia de género como la violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres estén o hayan estado en una relación sentimental. Según una recogida de datos de “EL PAÍS”, se estima que han muerto 1.026 mujeres desde el 2003 a manos de sus parejas o exparejas en España.

Cuando se narran hechos como estos solemos darle mayor importancia a la violencia física, ya que es la que provoca los daños más visibles e incluso, en muchos casos, la muerte. Pero… ¿Existe otro tipo de violencia aparte de la que se profesa físicamente? ¿Es posible que la sociedad ejerza violencia de género sobre las mujeres, de forma continua e imperceptible?

Con ello hacemos referencia a insultos, faltas de respeto, miradas y gestos de desprecio, ignorar a la persona, apartarla del ámbito social, familiar, etc. Pero no solo los agresores directos ejercen violencia de género sobre las mujeres, la sociedad en sí la crea e incide en ella continuamente. Hablamos en este caso de violencia simbólica o cultural, la cual encontramos presente en diversos ámbitos como el arte, la religión, medios de comunicación e incluso el lenguaje.

 

Y es en esta última “arma”, en la que haremos, en esta ocasión, mayor hincapié, pues es tan sutil como dañina. La lengua es la forma predominante que utilizamos los humanos para comunicarnos, con ella no solo transmitimos el mensaje, influimos también en la manera de sentir y en la mentalidad de los receptores. En la lengua y literatura española hallamos varios métodos por los cuales se violenta a la mujer:

  • Utilizando los genéricos en masculino. La RAE no admite hacer referencia al término femenino “ellas” cuando existe al menos un varón en el grupo, pero sí es posible a la inversa y expresa a su vez que es más adecuado decir “ellos” que “ellos y ellas”, en caso de haber un par de mujeres en un grupo de hombres, por economizar.

“Ese dejar de existir en la lengua aboca a las mujeres a la nada, las rebaja y las humilla”. (Calero, Fernández. 2019).

  • En las diversas asimetrías léxicas, ejemplo de ello son los oficios. A la hora de denominar ciertos trabajos encontramos que hay palabras que designan a los hombres, pero no a las mujeres y muchos de ellos, hacen referencia a puestos “importantes” o de altos cargos, como, por ejemplo: (la) gerente y no la gerenta, (la) médico y no la médica, jefe (puesto de importancia), jefa (utilizado mayormente de forma peyorativa). Incluso encontramos sustantivos con ambas formas gramaticales, pero con diferente significado: secretario (cargo importante), secretaria (subordinada de alguien). De esta manera, las niñas no pueden sentirse identificadas y de una forma inconsciente asientan que los médicos, gerentes, puestos de mayor relevancia… recaen en hombres, privándolas de esta manera de recursos motivacionales que sus compañeros masculinos adquieren por múltiples vías.
  • La RAE, por otra parte, vigoriza tales asimetrías, dotando a los sustantivos y adjetivos femeninos de términos “insultantes” y fortaleciendo las virtudes de los hombres. Al buscar el significado de hombre, observamos que la mayoría de los significados son exaltantes y prominentes, hombres de deber, de honor y fortaleza, si, por el contrario, nos fijamos en el significado de mujer, predomina el término prostituta en numerosas definiciones. Ocurre de forma similar cuando indagamos en sustantivos como perro/a, zorro/a, donde el significado en masculino hace referencia al animal o a la astucia, y, en cambio, al tratarse del término en femenino, en ambas situaciones son referenciados como insulto hacia las mujeres. Provocando a su vez en ellas baja autoestima, frustración, falta de referentes, etc.

Si indagamos con esmero encontraremos que la lengua y literatura española infravalora a las mujeres, alzando del mismo modo a los hombres, otorgándoles el poder y el deber de permanecer por encima. En nuestra mano está no favorecer dichas conductas lingüísticas que repercuten tan negativamente. Tal y como expone Anna María Fernández, “el lenguaje no es sexista ni androcentrista: quienes lo compartimos y utilizamos somos los responsables de darles esas características”.

Raquel Almodóvar Ruiz, noviembre 2019

Bibliografía:

  • Calero, Fernández, Mª A. (2019) De cómo la lengua violenta a las mujeres. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Castaño, Estébanez, I. (2019) Paradigma de las violencias de género e interseccionalidad. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Cronología de víctimas mortales de violencia de género de 2019. Madrid (2019). Página web: https://elpais.com/sociedad/2019/02/06/actualidad/1549439631_636546.html
  • Fernández, A,M. (2012). La violencia en el lenguaje o el lenguaje que violenta. México: Ítaca Uam.
  • Peris, Vidal, M. (2015) La importancia de la terminología en la Conceptualización de la Violencia de Género. Oñati Socio-legal Series.
  • Varela, N. (2013). Violencia simbólica. Página web: http://nuriavarela.com/violencia-simbolica/