nuevas tendencias adictivas entre jóvenes

Las drogas y su consumo conforman un fenómeno fundamental de carácter social en la actualidad que influye principalmente en los jóvenes. Debido a la aumentada disposición de las drogas en sus respectivos entornos, los jóvenes deben aprender a convivir con dichas sustancias, decidiendo sobre el consumo o abstinencia de las mismas (Becoña, 2000). Además, se considera la existencia de diversos elementos sociales, biológicos y psicológicos, no solo en el joven, sino también en el entorno familiar, institución educativa y grupo de iguales, que influyen al factor del consumo de drogas (Silvia, 2012).

Por un lado, uno de los mayores factores de riesgo se asocia a la actitud positiva que poseen los jóvenes sobre las drogas psicoactivas, es decir, la popular opinión de que dichas sustancias no suponen riesgo alguno y que, en su lugar, producen diversión (Gil, 2008). Por otro lado, la variable que afecta mayoritariamente a la decisión de consumir dichas drogas es la de percepción de riesgo o entendimiento de los aspectos negativos para la salud de las mismas (Becoña, 2007).

Las estadísticas sugieren que por lo general, la concepción de riesgo que supone el consumo de sustancias psicoactivas y sus respectivas frecuencias es mayor entre mujeres que hombres (Armstrong, et al. 2014). En cambio, con respecto al consumo de los tranquilizantes o somníferos la población de mujeres es mayor (Herruzo, 2016). Además, en cuanto a la edad, a pesar de que existe una evaluación parecida del riesgo que supone el consumo habitual de drogas como la heroína, éxtasis, cocaína o tabaco; el consumo de cánnabis y de alcohol se asocia con un menor riesgo, aumentando así la tolerancia, y a su vez, el consumo por los individuos de entre 15 y 34 años (Herruzo, 2016).

Un estudio realizado a 1597 estudiantes de secundaria del Principado de Asturias, reveló que un 8% de los estudiantes evaluados había probado drogas de diseño en algún momento, el 7% había consumido dichas drogas en el último año, y por otro lado, el 4,7% había consumido en el último mes (Fernández, et al. 2014). La producción y consumo de drogas sufre una constante evolución. Los productores de dichas sustancias, crean nuevas sustancias para satisfacer la demanda de las mismas, siendo usados químicos, fármacos, e incluso nuevas fórmulas para su creación (Burillo, et al. 2011).

Drogas Emergentes y “Smart Drugs”

El término de ´´droga emergente´´ se refiere a aquellas drogas tanto naturales como sintéticas que han sido introducidas en el comercio del consumo en los últimos 5 años. Dentro de este concepto se encuentran ciertas plantas y sus respectivas derivaciones, fármacos de uso humano e incluso veterinario, medicamentos retirados del uso clínico por sus efectos secundarios de carácter negativo, y drogas sintéticas creadas recientemente (Burillo, et al. 2011).

La manera de comercializar estas drogas emergentes puede ser a través de varias vías, tanto a través de tiendas de carácter físico «smart o grow shops», como mediante tiendas de carácter online o virtual «smart shops on-line», las cuales han experimentado un gran aumento con respecto a años anteriores según señala el Informe Anual del Observatorio Europea de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT) (Burillo, et al. 2011).

La escasa información hábil sobre las «smart shops on-line», obtenida mediante un estudio realizado en Reino Unido, se resume en la inmoral venta de drogas a través de internet, en el cual no se publican los ingredientes de elaboración de las mimas, ni tampoco se avisa acerca de los efetos secundarios, contraindicaciones de consumo, o interacciones negativas con otras sustancias o fármacos (Schmidt, et al. 2010).

Por lo tanto, las smart drugs es el concepto por el cual se conoce a dichas drogas cuya venta se perpetua a través de internet, y cuya traducción se conoce como ´´drogas inteligentes´´. Las tres categorías esenciales de las smart drugs se basan en las piperacinas, catinonas y/o cannabinoides sintéticos.

Policonsumo (o combinación de sustancias)

El policonsumo es el término que se refiere a la combinación de sustancias psicoactivas, lo cual está aumentando notablemente entre los jóvenes de España. De hecho, se pueden distinguir tres tipos de policonsumo; el Patrón A el cual engloba la mezcla de alcohol y tabaco; el Patrón B cuya mezcla es el cannabis y alcohol y/o tabaco; y por último, el Patrón C referente a mezclar el cannnabis con alcohol y tabaco y, por lo menos, otra droga ilegal (Olga, et al. 2015).

Pharming (uso recreativo de medicamentos de prescripción)

En la actualidad, tanto las drogas emergentes como el consumo inadecuado de fármacos se han convertido en un problema de carácter sanitario mundialmente. En Europa, con el concepto “pharming” se concibe al uso incorrecto de un fármaco de forma diferente a su respectiva prescripción o de forma no autorizada por los sanitarios pertinentes. Algunas de los fármacos más utilizados inadecuadamente son los gabapentinoides; antipsicóticos como la quetiapina; antidepresivos como la venlafaxina y bupropión; analgésicos como los opioides; antihistamínicos como clorfeniramina, anticolinérgicos como el dimenhidrinato; y jarabes para la tos o resfriados, en concreto los que poseen prometazina, codeína y/o dextrometorfano entre sus componentes principales (Stefania, et al. 2020).

Chemsex y agresiones sexuales

El chemical sex o coloquialmente conocido como ´´chemsex´´, es un concepto utilizado para definir el consumo de sustancias psicoactivas de manera intencional con el propósito de mantener relaciones sexuales (Helen, et al. 2017). Las sustancias usadas más frecuentemente en estas situaciones son mefendrona, γ-hidroxibutirato/ γ-butirolactona (GHB/ GBL), y/o metanfetamina. Además, la utilización de estas sustancias tiene el fin de aumentar la estimulación y duración del acto sexual (McCall, et al. 2015).

Por otro lado, la utilización de drogas psicoactivas con la finalidad de perpetuar agresiones sexuales ha tomado protagonismo en la actualidad, a las cuales se las denomina Drogas Facilitadoras del Asalto Sexual (DFAS) y son el cannabis, cocaína, anfetaminas, metanfetaminas, ácido oxíbico, MDMA, alcohol, benzodiacepinas, estramonio, ketamina, burundanga, y Popper, entre otros (Manuel, et al. 2015).

Conclusiones y recomendaciones

Es de vital importancia conocer las nuevas formas y conceptos del consumo de drogas para poder identificarlas en todos los ámbitos y, de esta forma, realizar prevenciones del consumo cuando sea necesario. De igual manera, si se localizase algún caso de consumo en su entorno, es imprescindible recurrir a los servicios de sanidad psicológica lo antes posible.

Bibliografía

  • Armstrong, K. A., Watling, H., Watson, A. y Davey, J. (2014). Profile of women detected drink driving via Roadside Breath Testing (RBT) in Queensland, Australia, between 2000 and 2011. Accident Analysis and Prevention, 67, 67-74.
  • Becoña, I., Elisardo, M.I. (2000). Los Adolescentes y el Consumo de Drogas. Papeles del psicólogo, núm. 77; p.25-32.
  • Becoña, E. (2007). Resiliencia y consumo de drogas: una revisión. Adicciones, 19, 89- 101.
  • Burillo-Putze, G., Climent, B., Echarte, J. L., Munné, P., Miró, Ó., Puiguriguer, J., & Dargan, P.. (2011). Drogas emergentes (I): las «smart drugs». Anales del Sistema Sanitario de Navarra, 34(2), 263-274.
  • Fernández, L.J., Álvarez, F.E., Secades, V.R., Jiménez, G.J., Cañada, M.A., Donate, S.I., Fernández, H.J., Vallejo, S.G. (2014). Consumo de Drogas de Síntesis en Estudiantes de Secundaria del Principado de Asturias (España). Colegio Oficial de Psicólogos del Principado de Asturias.
  • Gil, J. (2008). Consumo de alcohol entre estudiantes de enseñanzas secundarias. Factores de riesgo y factores de protección. Revista de Educación, 346, 291-313.
  • Herruzo, C., Lucena, V., Ruiz-Olivares, R., Raya, A., Pino, M.J. (2016). Diferencias en función de sexo en la percepción del riesgo asociado al consumo de drogas en jóvenes. Acción Psicológica, 13(1), 79-90.
  • Helen, D.S., Beatriz, R.S., Jesús, B.L., Rocío, M.P. (2017). Chemsex: Un fenómeno emergente. Adicciones, vol. 29, núm. 3, pp.207-209.
  • Manuel, I.F., Antonio, R.B. (2015). Drogas Facilitadoras de Asalto Sexual y Sumisión Química. Salud y drogas, vol. 15, núm.2, pp.137-150.
  • McCall, H., Adams, N., Mason, D. y Willis, J. (2015). What is chemsex and why does it matter?. British Medical Journal, 351.
  • Olga, H.S., Sílvia, F.M., María, E.G. (2015). Policonsumo de Drogas y su Relación con el Contexto Familiar y Social en Jóvenes Universitarios. Adicciones vol.27, núm.3.
  • Silvia, L.L., Palomo, José, R.A. (2012). Factores de Riesgo y de Protección en el Consumo de Drogas y la Conducta Antisocial en Adolescentes y Jóvenes Españoles. International Journal of Psychological Research, vol. 5, núm.1; pp.25-33.
  • Stefania, C., Fabrizio, S. (2020). What about ´´Pharming´´ ? Issues Regarding the Misuse of Prescription and Over-the-Counter Drugs. Psychopharmacology, Drug Misuse and Novel Psychoactive Substances Research Unit, School of life and Medical Sciences.
  • Schmidt, M.M., Sharma, A., Schifano, F., Feinmann, C. (2010). «Legal highs» on the net-Evaluation of UK-based Websites, products and product information. Forensic Sci Int, pp.92-97.

Artículo elaborado por Alicia Gañán Elías, alumna de la Universidad Europea de Madrid, participante en el Programa de Prácticas Universitarias de la Fundación Psicología Sin Fronteras.

Creada por Stephen Porges en 1992, la Teoría Polivagal pone en primer plano el papel desempeñado por el sistema nervioso autónomo (SNA) – y especialmente por el nervio vago- en la regulación de nuestro comportamiento y la influencia en nuestro bienestar. Esta teoría describe cómo nuestro sistema nervioso responde ante distintas situaciones y estresores, tanto de nuestro día a día, como a experiencias más significativas o traumáticas. 

Así pues, la teoría destaca que el SNA puede producir tres estados psicofisiológicos principales, es decir, tres estados que están caracterizados por respuestas fisiológicas y psicológicas determinadas, y que serían la base neurofisiológica de nuestros sentimientos y emociones. Dichos estados pueden cambiar de forma adaptativa en función de lo seguros que nos sintamos en cada momento. 

  1. El primero es la respuesta de “lucha o huida”, que es activada en momentos percibidos como amenazantes o peligrosos y que prepara al cuerpo bien para luchar, bien para huir de la amenaza. En este estado, por ejemplo, se aumenta la tasa cardiaca y pulmonar, se segrega adrenalina y se inhibe la acción digestiva, entre otros. 
  2. El segundo es la respuesta de “bloqueo” o estado “dorsovagal”, activada en momentos de angustia, agobio e impotencia. En esta teoría este estado se conoce como “inmovilización”, y se caracteriza porque nuestro cuerpo se paraliza, pudiendo sentirnos desorientados o desconectados de nuestro entorno.
  3. Por último, puede responder con un estado de “conexión social”, o “ventrovagal”, ante situaciones donde nos sentimos seguros y conectados a los demás, y por tanto, relajados y abiertos a la interacción social. 

Aunque los tres estados están controlados por diferentes partes de nuestro sistema nervioso, todos ellos están gestionados directamente por el nervio vago, el cual va desde la base del cerebro hasta el intestino, conectando el cerebro con el cuerpo y siendo central en la regulación de nuestro ritmo cardíaco, respiración, digestión y estado emocional. Además, estos tres estados no siempre son independientes, sino que pueden interactuar para formar estados mixtos, tratándose más bien de un espectro de reacciones conductuales que van desde la quietud hasta las acciones movilizadas tanto en contextos seguros como amenazantes

Cabe destacar que este “sistema de vigilancia” que tiene el SNA, conocido como “neurocepción”, explora el entorno en busca de señales de seguridad y peligro de forma inconsciente. En función de las señales que va detectando, el sistema nervioso va modificando su estado para afrontar la situación y favorecer la supervivencia. Si nuestra neurocepción no es adaptativa, detectaría señales de inseguridad cuando en realidad estamos a salvo, o viceversa. Esta neurocepción “defectuosa” puede deberse a una historia de traumas; según esta teoría, las experiencias traumáticas podrían causar que las personas se queden estancadas en un estado de inmovilización o movilización, por ejemplo, desarrollando un estado crónico de hipervigilancia (en busca de peligros incluso en situaciones seguras) o de disociación (desconectados de nuestro cuerpo y entorno).  Estos estados de desregulación crónica del sistema nervioso son característicos de algunos problemas de salud mental como la ansiedad, la depresión o el dolor crónico, e incluso de afectaciones físicas, como la hipertensión y las enfermedades autoinmunes. 

Un estado saludable del sistema nervioso se caracteriza, más que por estar siempre en un estado de calma, por ser flexible y resiliente a los cambios. Afortunadamente, en nuestro día a día, podemos llevar a cabo ejercicios que den tono al nervio vago y en último lugar, ayuden a regular nuestro sistema nervioso: 

  • Practicar la respiración lenta y profunda, activa el nervio vago y el sistema nervioso parasimpático, lo que favorece la relajación.
  • Practicar actividad física, como caminar, la danza o el yoga.
  • Interacción social positiva con otras personas. Aquí es importante el concepto de “co-regulación”, que hace referencia a que inconscientemente mandamos señales de seguridad o peligro (a través de nuestras expresiones faciales, entonaciones, etc.), por la cual se fomenta, o desalienta, la distancia psicológica entre personas. En términos más simples, rodearnos de personas que transmitan seguridad y positividad, puede ayudarnos a regular nuestro propio sistema nervioso. 
  • Buscar ayuda profesional. Hoy en día hay profesionales y terapias desarrolladas para el tratamiento del trauma y la regulación del sistema nervioso. 

En conclusión, aplicando la Teoría Polivagal a nuestra vida personal y a otras áreas, podemos comprender cómo la seguridad, la co-regulación y la conexión son primordiales para el correcto desarrollo desde la infancia, así como claves para nuestro bienestar en la edad adulta.

 

Artículo elaborado por Silvia Prada Herrero, alumna de 4º grado de Psicología en la UNED, participante del programa de prácticas de Psicología sin Fronteras.

¿Qué es?

El secuestro emocional o también conocido como el “secuestro de la amígdala” es un fenómeno descubierto por Daniel Goleman en 1995, psicólogo experto en inteligencia emocional. Es un término usado para describir como nuestra parte más racional es “secuestrada” por las áreas del cerebro más primitivas, haciendo que perdamos el control de nuestras emociones y acciones frente a una situación de estrés. Dicho desencadenante es desmesurado para la persona que lo percibe y puede ser ocasionado por múltiples factores, desde acciones más cotidianas, como cargas laborales hasta una catástrofe natural, como un tsunami. Es un mecanismo de defensa del cuerpo adaptativo y esencial, el problema comienza cuando es activado en una situación errónea, como es en este caso, debido a una distorsión cognitiva llevando a cabo una acción completamente desadaptativa.

¿Dónde y por qué se origina?

En una pequeña parte de nuestro cerebro en forma de “almendra” llamada, amígdala. Se encuentra en la zona más primitiva y en la cual se encuentran las emociones más básicas del ser humano, como el miedo o la ira. Ésta forma parte del sistema límbico, encargado de dirigir las emociones y el comportamiento. Está compuesto por: el hipocampo, los cuerpos mamilares, el bulbo olfativo, el septum, el giro cingulado, el tálamo, la hipófisis, el hipotálamo y la amígdala.

Representación gráfica del sistema límbico

Este descubrimiento fue gracias al trabajo previo sobre los mecanismos cerebrales de las emociones por Joseph LeDoux, investigador y profesor en la Universidad de Neurología de Nueva York. Aquí entran en acción dos partes muy importantes: la del tálamo, área del cerebro que procesa la información que llega de los sentidos y la transmite a otras áreas cerebrales y la de la amígdala, área que se encarga de gestionar las emociones y del instinto de supervivencia. Esto revelaría una conexión sensorial desde el tálamo hasta la amígdala, es decir, una información emocional precognitiva, anterior a la razón.

La emoción es más potente que la razón” – LeDoux

Es importante mencionar que según el estado de ánimo de la persona se captará la información de manera más positiva o negativa, afectando en la toma de decisiones. Además, este sistema se relaciona con una de las partes más importantes de nuestro cerebro racional, la corteza frontal. La cual se encarga de almacenar en nuestro cerebro decisiones lógicas, interpretar y generar información relevante para elaborar juicios.

Simpático y parasimpático

También está relacionado con una de las partes más fundamentales del ser humano, el sistema nervioso, que consiste en una red extensa y compleja de nervios que conectan nuestro cerebro con cada una de las partes de nuestro cuerpo. Su función principal es la de coordinar y dirigir nuestras acciones, creando una respuesta adaptativa a nuestro entorno. Se encuentra subdividido en dos partes principales: simpático y parasimpático.

¿Por qué está relacionado con el fenómeno del secuestro emocional? Se debe a que la parte simpática se encarga de ponernos en situación de alerta, provocado por un elemento estresante. De aquí se derivarían los efectos fisiológicos, como el aumento de la frecuencia cardíaca, el malestar digestivo, los sudores, la ansiedad, los temblores, etc. Una vez pasado el tiempo tras la explosión emocional se alcanza la calma, entrando en acción el sistema nervioso parasimpático, encargado de dirigir nuestro cuerpo a un estado de tranquilidad, devolviendo a todos los órganos su estado original.

¿Cómo sé si he vivido un secuestro emocional?

A nivel cognitivo podría decirse que es una sensación abrumadora, incómoda, pensamientos irracionales, reacciones automáticas fuera de lugar. En cuanto al estado fisiológico podrían destacarse las taquicardias, ansiedad, temblores, sudores. Las personas que han vivido este fenómeno lo denominan como “un descontrol emocional”, “acciones impulsivas de las cuales luego se arrepienten”, “caos”, “auténtico pánico”, “perder el control”, “paralizado”. También puede describirse como una sensación de “resaca emocional”, debido a la alta segregación de hormonas como la adrenalina y el cortisol en nuestro riego sanguíneo. Además, es interesante destacar que las personas con TEPT, ansiedad generalizada o trastornos de pánico son más susceptibles a padecer estos secuestros emocionales ya que su amígdala está más hiperactiva tras los sucesos traumáticos, padeciendo un estado de alerta continuo, según un estudio de la Universidad Estatal de San Diego.

“Nos dejamos llevar por nuestras emociones más básicas provocando una respuesta ilógica” – Daniel Goleman

¿Qué hacer en estos casos?

Tras haber vivido este fenómeno, sentiremos una sensación gradual descendente desde el caos hacia la tranquilidad. Dicha sensación puede demorarse dependiendo de la persona, yendo desde pocos minutos hasta las cuatro horas aproximadamente. Se recomiendan ejercicios de relajación, como el mindfulness. Es muy importante volver a conectar con nosotros mismos, autorregulándonos, dándonos tiempo para pensar. Para abordar este suceso es importante contar con ayuda psicológica, de esta manera se podrá tratar y recuperar el control de nuestra vida. Podrían llevarse a cabo otras técnicas como la respiración profunda y la imaginación de una situación agradable con la cual poder conectar. Podemos pasear, hablar con una persona cercana sobre lo que te ha sucedido. En definitiva, es importante pedir ayuda, hay solución.

 

Artículo elaborado por Vanessa Crespo Mamani, alumna de 4º grado de Psicología en la UNED, participante del programa de prácticas de Psicología sin Fronteras.

Desde la Fundación Psicología Sin Fronteras queremos manifestar, una vez más, nuestra firme defensa de la profesión y sus principios de ejecución desde el rigor y la objetividad así como nuestro firme compromiso con técnicas y prácticas que están validadas.

En el ejercicio de nuestra profesión, nos estamos encontrando con compañeros psicólogos y compañeras psicólogas que aplican prácticas que en la actualidad no se encuentran basadas en la evidencia científica y pueden ser perjudiciales para la salud psicológica de la persona.

Puesto que estamos trabajando en interacción con las personas, para garantizar que nuestros servicios de psicología sean seguros y efectivos, en la medida de lo posible, nos basamos en la aplicación de la psicología basada en métodos que son considerados válidos y fiables por la comunidad científica. Es decir, como profesionales responsables, nos hacemos cargo de que nuestras prácticas no vayan en perjuicio de las personas, que ponen su confianza en nosotros y nosotras para ayudarles a contribuir a la mejora de su salud mental.

No todo vale en la aplicación de la psicología.

Ni vale, ni puede valer. Y determinadas prácticas pueden generar serios problemas de salud. Nuestra profesión es una cosa tan seria que merece ser tenida en consideración y lo primero que tenemos que hacer los y las profesionales para ello es no utilizar técnicas que no estén comprobadas y validadas o planteamientos que, a partir de algo cierto, elucubren y pretendan manejar elementos no contrastados.

Que el cuerpo y la mente o las emociones son elementos que están conectados es algo mostrable y demostrable, sin duda. Y hay evidencias múltiples de ello como las que menciona y desarrolla, por ejemplo, la psicología psicosomática. Que para curar enfermedades del cuerpo hay que curar traumas o conflictos emocionales es llevar a un extremo no demostrado lo que parte de una premisa verdadera. Este el punto de no retorno en el que traspasamos una apreciación y una aportación cierta, la conexión entre cuerpo y mente o emoción, por otra que es una inventiva peligrosa para la salud. Y que se refiere a que para sanar el cuerpo hay que sanar la mente, las emociones y los conflictos emocionales que están en el origen de la enfermedad, tal y como postula, entre otras, la conocida como “Bioneuroemoción” de Enric Corbera.

Este tipo de afirmaciones, y otras que pueden postular otro tipo de prácticas, quedan muy lejos de lo que ha sido corroborado a través de la investigación, ya que se basan en premisas que no han sido comprobadas. No hay ninguna explicación que indique en la actualidad el origen de nuestras enfermedades, por lo que dar por hecho que hay un origen concreto y reducido a nuestras emociones es una afirmación de elevado riesgo como para considerarla como una opción de cara a tratar nuestra salud, más aún teniendo en cuenta que en la actualidad hay métodos que sí gozan de validez.

Apreciaciones que van contra nuestro código ético como muestran las diferentes sanciones propuestas a este y otros predicadores de esta supuesta disciplina “revolucionaria”; apreciaciones que pueden dañar la salud y que no son más que un engaño que puede ser muy perjudicial.

Al igual que en el caso de la bioneuroemoción, sucede en otros métodos que se proponen, entre ellas las también las constelaciones familiares, donde se afirma que las emociones y conductas que afectan a las personas repercuten sobre sus descendientes futuros. Es decir, que el malestar actual de un persona viene determinado por las vivencias de sus familiares antepasados. Esto puede conllevar que en la práctica, en las sesiones, se fomente la validación de ciertos pensamientos distorsionados e interpretaciones erróneas o sesgadas, distando de la solución del verdadero problema de la persona, lo que puede tener consecuencias muy graves para la salud de la persona, así como afectar incluso a sus familiares.

Infografía cómo nos pueden manipular las sectas mediante las emociones

 

Un trabajo serio y profesional.

Llevamos años trabajando con asociaciones vinculadas al trabajo activo con familiares afectadas por sectas y pseudociencias y en este marco recientemente lanzamos iniciativas como la Oficina Virtual de Asistencia a las Víctimas y Profesionales y mantenemos nuestro compromiso para desmarcarnos y denunciar cualquier uso de la psicología que se haga fuera de los parámetros del código deontológico o que lleven la especulación a postular elementos falsos. Porque, además, se hace con ánimo de lucro y desde propuestas de “estafa piramidal” en la que uno se introduce progresivamente en cursos iniciales a otros de profundización con una estructura claramente coercitiva y sectaria.

Estas situaciones son especialmente graves si vienen o provienen de profesionales de las ciencias de la salud en general, de psicólogos y psicólogas en particular y son aún mas denunciables si alguna institución o entidad las respalda, por lo que vaya nuestra contundente expresión como Fundación contra ellas haciendo un llamamiento a la seriedad y el desarrollo de intervenciones serias y no comprometedoras.

Ojalá nadie siga manchando el nombre de la psicología lucrándose con el concepto de sin fronteras, porque la psicología sin fronteras no es en absoluto esto.

Lo denunciamos públicamente y lo denunciaremos en un claro compromiso desde la Fundación por una profesión que intervenga desde la seriedad y profesionalidad.

Desde que empezamos a tener uso de razón, estamos recibiendo mensajes desde diferentes frentes sobre el amor. Da igual cuál sea la fuente, por lo general, se encargan de vendernos una serie de falsas verdades sobre el amor, que nada más lejos que ajustarse a la realidad, se aproxima a una parodia purpúrea de lo que nos encontramos cuando nos enfrentamos a las flechas de Cupido.

Quizá, en algún momento de tu vida, frases como “el amor puede con todo” o “el amor es para siempre” han resonado en tu cabeza como si de una voz en off se tratase. Estas frases, junto con otras como “si estamos enamorados, tenemos que desear estar siempre juntos” o “si me atrae otra persona, el amor se ha acabado”, conforman lo que se denomina “Mitos del amor romántico” (Marroqui, 2017). Pero, ¿qué son esos mitos? Son un conjunto de creencias erróneas acerca de las relaciones sexo-afectivas que actúan como la fórmula ideal para que aparezca la frustración, la insatisfacción y el fracaso; e incluso en algunas ocasiones, la toxicidad (Esclapez, 2022).

Como decía el amor, la mayoría de las veces, sí que tiene fecha de caducidad y no siempre es necesario que existan conflictos en la relación para que esta llegue a su fin. Si estás leyendo esto, a lo mejor estás en algún momento delicado de tu relación o has dejado de idealizar a tu pareja y estás buscando información de arroje algo de luz sobre el camino de baldosas amarillas a través del que huir del hechizo de Cupido.

Poner punto y final a una relación no suele ser una tarea sencilla, por lo que la mayoría de las veces, el punto final se queda en punto y aparte, y seguido, punto y coma, coma y vuelta a empezar. A continuación, encontrarás una serie de tips con los que afrontar tu ruptura de la forma más funcional posible, consiguiendo que esta experiencia sea un poco más llevadera.

1. No tomes decisiones precipitadas.

Es frecuente que estos pensamientos aparezcan junto con estados emocionales negativos intensos. Lo mejor será darte un tiempo para reposar el malestar y reflexionar de forma objetiva sobre ello cuando la agitación pase.

2. Elige el lugar adecuado.

Preferiblemente espacios en los que ambas partes se sientan cómodas para mantener la conversación.

3. Evita canales indirectos.

No recurras a terceras personas o envíes mensajes por miedo a tener una conversación con tu futura ex-pareja. Puede resultar tentador y liberador, pero es muy poco responsable a nivel afectivo (Esclapez, 2022).

4. La asertividad será tu mejor compañera.

Ten claras cuáles son tus necesidades y ponlas sobre la mesa sin sobrepasar las de la persona que tienes enfrente.

5. Evita los “y si…”.

Hablando de responsabilidad afectiva, es muy injusto para la otra persona dejar abierta la posibilidad de que se vuelva a dar otra oportunidad en un futuro. Esto podría entorpecer su duelo, enquistando el proceso.

6. Mantente firme en tu decisión.

¿Has oído hablar del contacto cero? Será tu mejor aliado una vez que hayas tomado la decisión y te hayas comunicado. Esto último es importante porque si no, estaríamos hablando de ghosting (Esclapez, 2022). Cuando decidimos establecer contacto cero, estamos poniendo un punto y final a la relación y al contacto, tanto físico como virtual, con esa persona. La idea es que cuanto menos información nos llegue sobre la persona en cuestión, el sufrimiento asociado a la ruptura cada vez será menor.

Es recomendable hacer algún ritual para hacer más notable el momento en el que se pone fin a la relación, por ejemplo, guardar todos los recuerdos en una caja y apartarla en un lugar poco visible. Otros consejos pasan por eliminar su contacto de las redes sociales o bloquearlo, cortar el contacto telefónico, no contactar con sus allegados, evitar hablar de su persona, evitar sitios en los que, con total seguridad, podáis coincidir, etc. (Esclapez, 2022).

Por último, es importante que tengas en cuenta que estos artículos no pueden utilizarse como sustituto a la terapia. La ayuda profesional es la mejor pauta para afrontar una ruptura y superar el duelo.

REFERENCIAS

Marroquí, M. (2017) Eso no es amor. Destino
Esclapez, M. (2022) Me quiero, te quiero. Una guía para desarrollar relaciones de pareja sanas (y mejorar las que ya tienes). Bruguera
Esclapez, M. (2023) Tú eres tu lugar seguro. Bruguera

Artículo elaborado por Noelia, alumna de la Universidad Europea de Madrid, participante en el Programa de Prácticas Universitarias de la Fundación Psicología Sin Fronteras. 

San Valentín real o ideal

La Real Academia Española (RAE) define el amor como “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”.  Ilturralde de Ardavín (1994) explica el amor como aquella experiencia pura, honesta, inteligente que busca el bien del otro. Otra definición de amor es el conjunto de procesos mentales (motivaciones, pensamientos y emociones), reacciones hormonales, comportamientos y declaraciones que se manifiestan en las relaciones interpersonales (Yela, 2001). Sin embargo, definir el amor es un asunto complejo, existen tantas definiciones de amor como autores hablan de ello y casi tantos tipos de amor como tipo de personas y relaciones entre ellas (Sangrador, 1993).

A lo largo de la historia el amor ha sido un tema de gran interés y desconocimiento para el ser humano. Por ejemplo, Gottman en 1993, estudió las interacciones en parejas de diversas orientaciones sexuales para el desarrollo de un modelo matemático que fue capaz de predecir la estabilidad de una relación con 80-90% de precisión. El modelo cuantificaba la relación de la pareja a través del registro de comportamientos positivos (expresar gratitud, aprecio, interés, etc) y comportamientos negativos (expresar crítica, desprecio, actitudes desfavorables, etc) para calcular la duración de la pareja (Gottman, 1993). De este modo, se han elaborado diversas teorías y modelos explicativos con respecto a lo que abarca el amor y cómo nos relacionamos con él, como lo son también las teorías de apego o modelos de aprendizaje. Uno de los modelos más aceptados es el de la Teoría Triangular de Sternberg (Figura 1). Este modelo contempla el amor como un producto de tres dimensiones: la Intimidad, definida como el vínculo afectivo caracterizado por el apoyo emocional y comportamental mutuo, la pasión, definida como los deseos derivados de la activación sexual y la necesidad de contacto físico, y el compromiso, definido como el interés por conservar la relación a pesar de las dificultades que se presenten (Sternberg, 1986). Pocos años más tarde, Sternberg en 1988 desglosa la pasión en dos tipos: la pasión erótica (fisiológica) como la excitación sexual y por otro lado la pasión romántica (psicológica) como producto de sentimientos románticos que impulsan a conectar afectivamente con los demás.

Figura 1

Teoría Triangular de Sternberg.

teoría triangular de Stenberg

Nota. Imagen extraída de Psicología y Mente, 2024.

Yela 1996, teorizó sobre la posible evolución filogenética y culturas a lo largo de tiempo, situando a la pasión erótica como la más antigua y relacionado con los impulsos sexuales más básicos, después evolutivamente aparecería la necesidad de establecer y mantener vínculos fuertes (compromiso) y después surge la intimidad siendo la más compleja y dependiente de factores psicológicos y culturales. Por último y hasta la fecha exclusiva del ser humano, aparece la pasión romántica que fue consolidada socioculturalmente (Yela, 1996).

De los primeros mitos de amor son el de Andrógino, el cual explica que los seres humanos fueron castigados con la separación dual por lo que están de este modo condenados a encontrar su pareja (Pascual Fernández, 2016). Otro mito de la cultura literaria es el amor cortés caracterizado por la necesidad innata del ser humano de vivir un amor apasionado e ideal (Karandashev, 2015).  De este modo, durante las últimas décadas la literatura científica ha podido determinar una marcada presencia de siete mitos sobre el amor romántico (Bisquet-Bover et al., 2019) los cuales son:

  • La media naranja: idea de que cada individuo tiene su mitad.
  • La pasión eterna: la intensidad infrenable de las primeras fases del enamoramiento debe de mantenerse durante el tiempo.
  • La omnipotencia del amor: el amor como algo que solucionará todos los problemas de pareja.
  • El emparejamiento: Hace referencia que el estado de pareja es lo normal, siendo la soltería o la no monogamia lo extraño.
  • Ensalzamiento de los celos: los celos como una muestra de amor.
  • La exclusividad: hace referencia a la imposibilidad de enamorarse simultáneamente de más de una persona, excluyendo a la diversidad no monógama.
  • Matrimonio: como la máxima unión de la pareja, siendo el matrimonio como a lo que debe de conducir necesariamente el amor.

Numerosos estudios, a través de la Escala de Mitos hacia el Amor, reafirman que los adolescentes asumen las creencias y mitos preestablecidos sobre el amor y las relaciones románticas (Rodríguez-Castro et al., 2014). Estas ideas ficticias son promovidas por “dating shows” como por ejemplo el reality popular de La Isla de Las Tentaciones (Rebollo-Bueno, 2022). Programas como estos presentan un impacto social relevante no solo por lo que promueve sino por el público que atrae, predominantemente de jóvenes (Rebollo-Bueno, 2022). Además, está comprobado que la popularización de estos mitos y concepciones erróneas son un factor clave de riesgo de la violencia de género (Bisquet-Bover et al., 2019). De este modo, no hay que olvidar las personas nos desarrollamos en un marco contextual y cultura específica que influencia en la forma que tenemos de asumir, interpretar y sentir la variedad de fenómenos sociales (Hofstede et al., 2003). Se podría decir que, desde pequeños, aprendemos por las normas sociales si cómo, cuándo de quién y de qué no es capaz de enamorarse (Sangrador, 1993). De este modo, el amor y las relaciones románticas podrían ser percibidas tal y como las proyecta el contexto, siendo el modelo romántico un constructo social creado por la visión occidental (Verdú Delgado, 2014). Spinoza percibía el amor como un estado mental acompañado de la idea que hacemos de estar enamorados (Melamed, 2019) Entonces se plantea un debate a modo de cierre, ¿Nos enamoramos de la persona o de la idea que tenemos de ella?

 

REFERENCIAS

Armando, J. (2016). La teoría triangular del amor de Sternberg [Imagen]. Psicología y Mente. https://pymstatic.com/4955/conversions/triangulo-del-amor-de-sternberg-wide_webp.webp

Bisquet-Bover, M., Giménez-García, C., Gil-Juliá, B., Martínez-Gómez, N., & Gil-Llario, M. D. (2019). Mitos del amor romántico y autoestima en adolescentes. INFAD. Revista de Psicología, 1(4), 507-518. https://doi.org/10.17060/ijodaep.2019.n1.v5.1633

Gottman, J. M. (1993). A theory of marital dissolution and stability. Journal of Family Psychology, 7(1), 57–75. https://doi.org/10.1037/0893-3200.7.1.57

Hofstede, G., Garibaldi de Hilal, A. V., Malvezzi, S., Tanure, B., & Vinken, H. (2010). Comparing regional cultures within a country: Lessons from Brazil. Journal of Cross-Cultural Psychology, 41(3), 336-352.  https://doi.org/10.1177/0022022109359696

Ituarte de Ardavín, A. (1994). Adolescencia y Personalidad. México: Trillas.

Karandashev, V. (2015). A Cultural Perspective on Romantic Love. Online Readings in Psychology and Culture, 5(4),2-21. https://doi.org/10.9707/2307-0919.1135

 Melamed, Y. (2019). The enigma of Spinoza’s amor Dei intellectualis. Routledge, pp. 222-238 

Pascual Fernández, A. (2016). Sobre el mito del amor romántico. Amores cinematográficos y educación. Dedica: Revista de educación en Humanidades, 10, 63-78. http://hdl.handle.net/10481/41940

RAE (11 de febrero de 2024). Amor. Real Academia Española (RAE). https://dle.rae.es/amor

Rebollo-Bueno, S. (2023). Ideología y mitos del amor romántico en los dating shows. Estudio de audiencia de La isla de las tentaciones. Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 29 (3), 677-688. https://doi.org/10.5209/esmp.84540

Rodríguez-Castro, Y., Lameiras-Fernández, M., Carrera-Fernández, M. V., & Vallejo-Medina, P. (2013). La fiabilidad y validez de la escala de mitos hacia el amor: las creencias de los y las adolescentes. Revista de psicología social, 28(2), 157-168. https://doi.org/10.1174/021347413806196708

Sangrador, J. L. (1993). Consideraciones psicosociales sobre el amor romántico. Psicothema, 5(Suplemento), 181–196. Recuperado a partir de: https://reunido.uniovi.es/index.php/PST/article/view/7188

Sternberg, R.J. (1986). A Triangular Theory of Love. Psychological Review, 93, 2, 119-135. https://psycnet.apa.org/doi/10.1037/0033-295X.93.2.119

Sternberg, R.J. (1988). El Triángulo del Amor: Intimidad, Pasión y Compromiso. Barcelona: Paidós. 1989.

Verdú Delgado, A. D. (2014). El amor en la sociedad de consumo. Gazeta de Antropología, 30 (1) http://dx.doi.org/10.30827/Digibug.31068

Yela, C. (1996). Componentes básicos del amor: algunas matizaciones al modelo de Sternberg. Revista de Psicología Social, 11(2), 185-201. https://doi.org/10.1174/02134749660569341

Yela García, C. (2001). El amor desde la psicología social ni tan libres, ni tan racionales. Madrid: Pirámide.

Artículo elaborado por Salvador Trascasa Manzanedo, alumno de la Universidad Europea de Madrid, participante en el Programa de Prácticas Universitarias de la Fundación Psicología Sin Fronteras.

Duelo perinatal

Cuáles son algunas características de este duelo tan singular, y habitualmente silenciado, y qué necesitan las madres que pasan por una situación de este tipo son algunas de las cuestiones que se trataron en este coloquio con la psicóloga perinatal Vanessa Miranda.

Esta es la segunda tertulia sobre buenas prácticas organizada por el área de Feminismos y Género en 2022. Si anteriormente tuvimos oportunidad de hablar sobre los modelos tóxicos de sexualidad en la adolescencia, esta vez la reflexión se ha centrado en un tema silenciado, tal vez, como se apunta en el propio encuentro porque se cruza con dos tabúes: la mujer y la muerte.

Vanessa Miranda, psicóloga perinatal, doula y asesora de lactancia (@espaciomaternarte en Instagram), con amplia experiencia en el acompañamiento de maternidades, familias y duelos, charla con la coordinadora del área de Feminismos y Género, Paula Roldán, y el resto de asistentes sobre el duelo perinatal y ofrecen entre todas algunas claves para poder acompañarlo desde la perspectiva clínica, como amigas, como pareja, como familia.

Accede a la grabación de la tertulia siguiendo este enlace.

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El pasado 14 de febrero, el área de Feminismos y Género de la Fundación Psicología Sin Fronteras inició su actividad organizando una tertulia online en la que se presentaron los resultados de la investigación “La presencia de modelos tóxicos de sexualidad en la adolescencia”. Si no pudiste estar, ahora compartimos contigo el enlace al video de este encuentro.

Si deseas ver la tertulia “La presencia de modelos tóxicos de sexualidad en la adolescencia”, pincha aquí.

La tertulia estuvo moderada por la trabajadora social y especialista en violencia de género y atención desde la escucha, Esmeralda Bollada, y contó con la participación de la psicóloga y coordinadora del área de Feminismos y Género, Paula Roldán y del antropólogo y consultor independiente, David Kaplún.

Durante el encuentro, las personas asistentes tuvieron la posibilidad de participar y ofrecer su punto de vista sobre masculinidad, sexualidad y adolescencia, cuestiones que preocupan tanto a madres y padres como a profesionales de la intervención social y de la educación.

Violencia de Género Intervención terapéutica

Uno de los temas más controvertidos en lo referente a la Violencia de Género (VG) es tratar de averiguar por qué una mujer maltratada permanece en convivencia con su agresor.

Para lograr entenderlo vamos a hacer un recorrido por diferentes teorías.

Una de las teorías más antiguas es la postulada por Rhodes y Baranoff McKenzie la cual hace alusión a la condición masoquista de la mujer, en la que la violencia ejercería el papel de un mediador en el equilibrio, tanto de la relación de pareja, como de las necesidades individuales de sus miembros. Snell, Rosenwall, y Robey, señalan que los periodos de conducta violenta «liberaban» al hombre de su angustia por su inoperancia como tal, al tiempo que permitían a la mujer obtener una satisfacción masoquista; esta última «ayudaba» a la mujer a manejar «su culpa» derivada de su propia «hostilidad expresada en su conducta controladora y castradora». Para La Violette y Barnett, la imposibilidad de controlar la agresión generará en la víctima una afectación motivacional y pasividad y por consiguiente numerosas dificultades para solucionar problemas. La confrontación con la situación genera un trauma emocional a la víctima, lo que conlleva emociones como: frustración, tristeza y una sensación de indefensión ante cualquier situación, lo que nos lleva a mencionar el modelo de Walker, indefensión aprendida, el cual postula que cuando una mujer está sometida a la violencia incontrolable o eventos tremendamente aversivos, su respuesta de reacción queda bloqueada, ya que cualquier conducta que emita será castigada. Otra de las teorías que cobran sentido es la de dependencia emocional. Bajo el paraguas de “amor romántico” la víctima comienza a sentir una fusión con su pareja hasta que acaba siendo un anexo de él, se convierte en algo imprescindible para ella, da igual el trato que le dé, ella seguirá junto a él, aunque le agreda, según señala Walter Riso.

Según Jenkins, las teorías feministas respecto a las emociones y las relaciones sociales revelan asociaciones simbólicas de la emoción con lo irracional, incontrolable, peligroso, natural y femenino. Según la autora, la escasa atención que se presta a las emociones y los sentimientos proviene o tiene su origen en la ideología de la sociedad occidental y patriarcal, a menudo imbuida en el dualismo mente-cuerpo, donde prima la valoración cognitiva frente a la emocional.

La violencia contra las mujeres es una expresión del poder y dominio de los hombres sobre las mujeres, fruto de la estructura social patriarcal que asigna roles de desigual valor a hombres y mujeres, y que se traducen en determinados estereotipos de masculinidad y feminidad, con sus correspondientes mandatos de género, para cumplir adecuadamente lo que la sociedad patriarcal espera de unos y otras Dio Bleichmar, Levinton

Más allá de las diferentes perspectivas teóricas que tratan de explicar y abordar por qué se produce y mantiene el maltrato, vemos que es una conducta aprendida e intencionada con un objetivo claro, controlar la relación, gestionar la ira, etc. En este contexto de desigualdad, es fácil dominar la situación, aunque genere daño y sufrimiento.

Así mismo, la intervención en mujeres que han vivido situaciones de VG no resulta un proceso sencillo, en este sentido es importante mencionar qué deberíamos explorar en una víctima de VG para no caer en intervenciones indiferenciadas. Conviene tener en cuenta la particularidad de cada mujer, la fase del proceso que está atravesando, su grado de conciencia del problema y otros factores que le han conducido a esa situación.

Es por esto, que es interesante hacerse la pregunta respecto a: ¿Qué importancia tiene una intervención terapéutica desde una perspectiva humanista?

Cuando una mujer que ha sufrido/está sufriendo VG, acude o solicita ayuda; es común que muestren dificultades en expresar lo que les pasa, o pueden hacerlo de forma disociada, caótica o incongruente, lo que puede hacer dudar de la veracidad de su relato. Pueden expresar una amplia gama de sentimientos de gran intensidad: “Las mujeres traumatizadas se pueden encontrar aprisionadas entre los extremos de la amnesia y de revivir el trauma, entre mareas de sentimiento intenso y abrumador y áridos estados en los que no tienen ningún sentimiento, entre la acción irritable e impulsiva y una completa inhibición de la acción” Herman, J.

Es por esto por lo que desde una perspectiva humanista hemos querido centrar la intervención focalizándonos en las emociones de la persona afectada, de esta manera podemos ayudar a la aceptación de lo ocurrido y a la gestión emocional de los eventos vividos. En este sentido, las emociones que en mayor medida tienden a vivenciar las mujeres bajo una situación de VG son: miedo, culpa y vergüenza.

  • Miedo: El miedo es una emoción básica, es una señal informativa de que un peligro nos acecha. Nos ayuda a relacionarnos con el ambiente. Sin miedo no podríamos sobrevivir.
  • Culpa: desde un punto de vista psicológico; se entiende por culpa a una acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado. Desde la intervención humanista se entiende que dicho sentimiento aparece por dos motivos: cuando se altera su código de valores y como resultado de aquellos resentimientos no expresados hacia aquellas figuras que son consideradas como significativas para ella.
  • Vergüenza: implica la idea de defecto o inferioridad y una sensación de amor no correspondido y no digno de respeto, donde se asume que debe haber algo malo en mí, pero no se sabe bien qué es. A menudo este sentimiento viene acompañado de episodios donde la mujer se autoinculpa.

Una de las funciones del sentimiento de culpa, es la de regular los comportamientos perjudiciales para la convivencia en sociedad. Podemos en este sentido entender la culpa como una emoción de control. Existe un código moral, propio de cada cultura y religión, que marca los comportamientos inaceptables y los “mandatos” (mandamientos) que deben cumplirse. Las transgresiones de dichos mandatos son los llamados pecados (no desobedecerás, no desearás el mal al prójimo, etc.). El sentimiento de culpa está ahí para notificarnos que algo anda mal en nosotros, en nuestra conciencia. La frase “me duele la conciencia” vendría a ser algo así como: me siento culpable, ya que muchas veces la culpa aparte de sentirla se piensa dentro de nosotros, a través de nuestros juicios.

El sentimiento que se relaciona con la culpa es la vergüenza. En la culpa la preocupación está puesta en el otro, al que se identifica como dañado, mientras que en la vergüenza la preocupación está puesta en uno mismo, en cómo me percibe el otro. Nos juzgamos negativamente, nos rechazamos, nos sentimos culpables y nos castigamos.

En una situación donde se produce maltrato, el sentimiento de culpa nace de un no entendimiento del sistema, al no saber atender eso que está sucediendo fuera la única manera que tiene la mujer maltratada para poder mantener el amor hacia la pareja y el equilibrio en el sistema, llevan a que ella se haga culpable de la situación que se genera y de este modo, preservar el amor.

Sentirse culpable significa sentirse mal respecto a algo sobre lo que ya no podemos intervenir y respecto a nosotros mismos como personas.

Para finalizar, a través de la revisión de los testimonios de mujeres que han sufrido VG, una gran mayoría coinciden en que las ataduras emocionales son increíblemente poderosas. Las emociones en sí, no inhiben el proceso terapéutico, pero sí la incapacidad de las personas para manejar las emociones y usarlas bien.

La intervención terapéutica, al menos al principio, debería resultar reconfortante y tiene que permitirle a la persona liberarse en primer lugar del miedo y de la culpabilidad. Más adelante, cuando el sufrimiento disminuya y la mujer esté más restablecida, se podrá intentar comprender por qué entró en ese tipo de relación destructiva, y por qué no pudo defenderse.

De igual relevancia, en la intervención en mujeres que sufren/han sufrido VG es importante la integración de las dimensiones sensoriales, afectivas, intelectual, social, y espiritual, para permitir una experiencia global donde la vivencia corporal pueda traducirse a palabras y la palabra pueda ser vivenciada corporalmente, teniendo especial cuidado a que todo ello se pueda trabajar en un espacio de seguridad y cuidado por y para ellas.

Por último, hay que señalar que mujeres que han vivido bajo una situación de VG y mujeres que han salido de una situación de malos tratos por parte de sus parejas, dicen que no les gusta que nos referíamos a ellas como víctimas, que prefieren ser consideradas supervivientes.

Marta Narro Rodríguez, Psicóloga colegiada M-34798

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Rhodes, N.; Baranoff McKenzie, E., «Why do battered women stay? Three decades of research», Aggresion and Violent Behavior, 1998, 3, 4, pp. 391-406
  • Snell, J.E.; Rosenwald, R.J.; Robey, A., «The wife-beater’s wife: A study of family interaction». Arch Gen Psychiatry, 1964, 11, pp. 107-113
  • LaViolette, A.; Barnett O., It could happen to anyone. Why battered women stay,2nd ed., Thousand Oaks, California, Sage Publications, 2000. Jenkins, J. H., “The psychocultural study of emotion and mental disorder”, en: Bock, P.K., eds, Handbook of psychological anthropology, Westport, Connecticut, Greenwood Press, 1994.
  • Dio Bleichmar, E. (1991). La depresión en la mujer. Madrid: Temas de Hoy.
  • Herman, J. (2004). Trauma y recuperación. Madrid: Espasa Hoy.
qué es el duelo psicológico

¿Qué es duelo?

El duelo se define como un proceso psicológico y emocional que se inicia tras una pérdida y dependerá de la importancia de ésta. El duelo habitualmente se asocia con la muerte de un ser querido, pero en realidad las personas a lo largo de nuestra vida sufrimos separaciones o pérdidas de algo o alguien que es importante para nosotros, se da por ejemplo con la pérdida del trabajo por despido o jubilación, de un objeto valioso o por una enfermedad o pérdida de capacidades de uno mismo u otros, entre otras.

Al igual que no todas las personas somos iguales, tampoco lo son todos los procesos de duelo, aun así, existen unas características comunes en el proceso.  Esta manifestación del duelo se puede agrupar de la siguiente forma:

  • Dimensión física. Se trata de las formas fisiológicas que aparecen en el duelo, como dolor o molestias en el estómago, opresión en el pecho o la garganta, palpitaciones, tensión muscular, disnea, cambios del sueño, entre otras.
  • Dimensión emocional. En este punto se apuntan los cambios de estado de ánimo como tristeza, ira, culpa, miedo, ansiedad, venganza o incluso alivio.

Las emociones no son buenas ni malas, son adaptativas y nos ayudan a adaptarnos al entorno. Es normal que en un proceso de duelo aparezcan varias emociones dependiendo del contexto, por ejemplo: Si unos padres han perdido a su hijo en un accidente de moto, pueden sentir tristeza por la pérdida, culpa en el caso de que ellos le hubiesen regalado esa moto como premio a final de curso o ira y venganza si el accidente ha sido provocado por un conductor que dio positivo en el test de drogas.

Todas las emociones son válidas y no debemos sentir culpa o vergüenza de ellas, es importante expresarlas, gestionarlas y en caso de no poder hacerlo buscar ayuda profesional.

  • Dimensión cognitiva. Se trata de aquellas manifestaciones como dificultad para concentrarse, rumiación de ideas, falta de interés.
  • Dimensión conductual. Esta dimensión se refiere a los cambios del comportamiento respecto a la situación previa. Aislamiento, hiperactividad, aumento o inicio de consumo de tabaco, alcohol u otras drogas, realizar conductas de riesgo, autolesiones.
  • Dimensión social. La persona puede aislarse socialmente, tener enfrentamientos con familiares o amigos, culpar a otros de olvidar al difunto demasiado pronto.
  • Dimensión espiritual. Este apartado hace referencia a la parte más mística de una pérdida, preguntas sobre la vida y la muerte, replantearse valores, creencias o formas de vida anteriores.

 

Fases del duelo

Distintos autores han hecho sus propias teorías acerca el duelo y las fases que se dan durante el mismo. No todas las personas somos iguales, por lo que el proceso de duelo tampoco es igual en todos. Las fases del duelo no tienen unos límites rígidos establecidos y se pasa de una a otra de una forma clara, es decir las fases fluctúan unas con otras. De la misma forma no todas las personas pasaran por todas las fases necesariamente.

La teoría más extendida es la de Elisabeth Kübler Ross y a continuación se describen las fases:

Fase Negación

Fase Ira

Fase Negociación

Fase Depresión

Fase Aceptación

Negar la realidad de la pérdida y lo que sucede de forma explícita o implícita. Sentimientos de rabia, venganza, resentimiento.

Búsqueda de culpables

Sensación de control, que se puede manejar la pérdida.

“Hacer tratos” con entes divinas

Culpa y responsabilidad de lo ocurrido.

(No tiene relación con una depresión patológica)

Sensación de tristeza y vacío, conexión con la realidad.

Se acepta la pérdida.

El dolor se va reduciendo.

Vuelta a experimentar sentimientos agradables poco a poco.

 

¿Cuándo pedir ayuda?

En primer lugar, es importante diferenciar entre lo que es un duelo normal y un duelo complicado. Hay ocasiones en las que la persona durante la primera fase tiene cierto embotamiento y sensación de irrealidad, lo cual es normal, en el caso de que esta situación se mantenga en el tiempo y la persona siga sin mostrar ninguna expresión emocional no se iniciaría el proceso de duelo. Parece que la causa de un duelo complicado es el bloqueo del dolor.

El manual DSM-5 recoge este segundo tipo Trastorno de duelo complejo persistente, señalando que el duelo debe ser persistente durante al menos 12 meses y ser desproporcionado en función de su cultura o religión. Para poder catalogarse como tal, además de cumplir una serie de criterios como, por ejemplo: importante dificultad para aceptar la muerte, incredulidad o anestesia emocional, autoinculparse de la muerte de la persona, evitación de recuerdos de forma excesiva, deseos de morir, soledad o desapego de otros, disminución de la identidad propia o dificultad para mantener interés por otras actividades o personas. Este malestar además debe afectar de forma significativa en la vida social, laboral u otras áreas.

Se puede buscar ayuda profesional en cualquier momento del duelo siempre que la persona lo crea conveniente, pero hay situaciones en las que recurrir a la atención psicológica es necesaria. El objetivo en una intervención debe ser mejorar la calidad de vida de la persona con duelo.

Cristina García Heras, abril 2020

 

BIBLIOGRAFÍA

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